sábado, 4 de junio de 2011

CAPITULO 96: ALL QUIET ON THE WESTERN FRONT - SIN NOVEDAD EN EL FRENTE (1930)







Una demostración de realismo, reflexión y crueldad, eso es lo que es “Sin Novedad en el Frente”, una cinta muy difícil de ver, que expone los verdaderos sentimientos sobre la guerra, que relata la verdadera batalla personal de los soldados y, principalmente, que muestra el pensamiento de aquellos que mandan las tropas al infierno, mientras que ellos, felices, ven como la gente se muere por un supuesto orgullo nacional.
“Sin Novedad en el Frente” es, tanto literaria como cinematográficamente, una de las obra maestras claves del siglo XX. El famoso libro del alemán Erich Maria Remarque vio la luz el mes de enero de 1929. En sólo ocho meses había vendido en todo el mundo 2'5 millones de ejemplares y había sido traducido a veinticinco lenguas. En abril de 1930, Hollywood realizó la adaptación del libro. Fue todo un acontecimiento. La cinta de Lewis Milestone es pionera en muchos aspectos de lo que hoy entendemos por cine bélico. El propio Spielberg reconoció que la obra de Millestone influyó notablemente en su forma de rodar “Rescatando al Soldado Ryan” de 1998.
Esta es sin duda una de las primeras cintas antibelicistas que se conocen, al menos la que más relevancia y éxito tuvo en su época y una de las que mejor ha sabido sobrellevar el paso del tiempo. Podemos decir que nos encontramos ante una precursora de obras maestras como “La Gran Ilusión” de 1937 o “Patrulla Infernal” de 1957. Volver a verla seria todo un regalo.
La historia se centra en un grupo de 20 estudiantes que un día van a tener la oportunidad de entrar en el ejército y participar activamente de la Primera Guerra Mundial. Ellos aceptan, esperan convertirse en los héroes del país y, sin dudarlo, se dirigen al campo de batalla. La realidad les da un golpe, todo lo que les habían contado sobre la muerte no era ni parecido a lo que allí estaba sucediendo. El pánico, las ganas de vivir, de volver a sus casas, de sentarse a comer en familia, de estudiar y de ver a sus seres queridos, son algunos de los sentimientos que van a ir acabando, lentamente, con la vida de los muchachos.
Este relato no es una confesión ni tampoco una acusación y mucho menos una aventura, ya que la muerte no es ninguna aventura, para quienes se enfrentan a ella cara a cara. Sencillamente trata de hablar de una generación de hombres a quienes a pesar de haber escapado de las bombas, la guerra destruyó”. Con estas palabras comienza la que posiblemente sea una de las mejores cintas antibelicistas de la historia. La cinta, a pesar de tener 80 años, sigue rebosando frescura y su mensaje sigue estando igual de patente que en la fecha en la que se estrenó. Descubrimos un género cinematográfico distinto del cine bélico al que estamos acostumbrados. Es un cine de guerra en toda su crueldad. Es un cine de la guerra real donde los soldados mueren sin saber porqué mueren, de unos jóvenes que se alistan buscando glorias y encuentran hambre y ratas.





La cinta tiene un sentido, una visión muy particular sobre la guerra, que en todo momento se plantea y desarrolla una manera muy original de hacer reflexionar al espectador y hacerlo pensar sobre las decisiones que los llevaron a estar en ese lugar. Son muchos los momentos en los que los personajes se ponen a hablar sobre el porqué de lo que están haciendo y cada uno de éstos son de una profundidad maravillosa. Hay muchas frases que se dicen en la cinta que resumen con determinación el sentido de la cinta, pero sin duda alguna hay tres momentos en los que vale prestar mucha atención y volver a leer o escuchar lo que los personajes están diciendo: luego de la pelea con el cocinero, cuando están comiendo y uno de ellos dice su punto de vista sobre la guerra; la vuelta al hogar y el discurso del protagonista a los adolescentes; y, uno de los momentos más emocionantes, cuando Paul se queda muchas horas en una grieta atrapado con el cadáver de uno de los enemigos. Tres momentos que harán reflexionar y que funcionan gracias al excelente trabajo de dirección, al detallista y justo guión y a la labor actoral de cada uno de los intérpretes que aparecen en escena en dichas situaciones.
Sin Novedad en el Frente” nace fruto de la obsesión perfeccionista del director Lewis Milestone. Reclutó para la figuración a auténticos veteranos alemanes, llegando a recrear tan bien las insalubres trincheras que se tuvo que parar el rodaje durante una inspección sanitaria. Rehuyó a las grandes estrellas. Consiguió montar unas escenas bélicas que aún hoy son apreciablemente realistas. Y, lo más importante, supo mantener el mensaje antibelicista de la novela en la que se basa el film totalmente intacto.
El que haya momentos, sobre todo al comienzo, en que los actores rozan el histrionismo corporal o, sobre todo en los travellings durante las batallas, en que se acelera la frecuencia de la imagen, no es un problema que deba achacársele al director, sino a la época. Situémonos. Apenas habían pasado tres años desde que se estrenó “El Cantor de Jazz”, la primera cinta sonora. La mayoría de actores y técnicos, por lo tanto, procedían del cine mudo y estaban en pleno proceso de adaptación. Comenzó a rodarse sin diálogos con la idea de distribuirse sólo con los efectos de sonido, pero sin música. Poco después de iniciarse la producción, se consideró interesante la opción de incluir diálogos y se contrató a un George Cukor que acababa de llegar de Broadway para que se encargara de conducir la historia mediante ellos, y de ahí que haya un par de monólogos reflexivos bastante teatrales.
Éstos son pequeños inconvenientes que no adquieren demasiada relevancia debido, por un lado, a que se ofrecen suficientes innovaciones artísticas como para compensar -la supresión de la música en busca de una aproximación más realista a las situaciones, la minuciosidad y gran realismo con que se recrean decorados y batallas…; en definitiva, uno de los pasos adelante más serios y firmes en ese período de transición entre cine mudo y sonoro-, y, por otro, a que el guión roza la perfección en su parte narrativa, pues el encadenamiento y distribución de las escenas es inteligentísimo y engancha irremisiblemente al espectador.





El planteo argumental es muy sencillo, pero a la vez es muy difícil de ver por la crueldad y el realismo con lo que todo se va presentando, aquí no se priva de mostrar con detallismo ni temor los sentimientos de los protagonistas, ni de cada una de las personas que van muriendo a sus alrededores. La muerte aquí es gráfica, no es necesaria la sangre para mostrarla, con un simple grito de dolor o una expresión de pánico en los rostros de los personajes basta para mostrarle al espectador el terror que están viviendo. Esto está apoyado técnicamente en las excelentes coreografías, que logran lucir y dar un espíritu caótico en muchas oportunidades; al muy bien logrado uso de la cámara subjetiva y de los distintos encuadres y movimientos imprevistos; y, especialmente, al montaje y a la economía de recursos que va apareciendo mientras los minutos van pasando (una simple línea torcida en el horizonte da la sensación de inseguridad, o esas tomas panorámicas en las que se pueden ver a los edificios destruyéndose mientras los batallones se agachan y esperan que el avión pase para no ser heridos).
Hay otra cuestión muy fuerte, que aparece casi al final y que magnifica muchísimo el sentido de la historia, al mismo tiempo que le aporta calidad al relato y muchos matices argumentales, que es la transformación interna que van desarrollando los soldados. "Ese ya no es mi hogar. Me dicen cobarde cuando les cuento lo que he vivido. Esta es la realidad y nosotros sabemos que es así.", le dice Paul, el protagonista, a Kat, uno de sus compañeros, en cierto momento, expresándose y dando a entender que la guerra lo transformó y que, si bien la misma algún día finalizaría, él no iba a ser el mismo de antes.
El mensaje antibelicista es contundente. La escena más representativa en este aspecto es aquella en la que Katczinsky (Louis Wolheim) opina que la solución de los conflictos debería consistir en disponer a los gobernantes del mundo en un campo para que resolvieran sus diferencias a puñetazos dejando al resto del mundo tranquilo. Este mensaje se refuerza gracias al realismo de la cinta. No era la primera vez se mostraban los horrores de la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial. Pero era la primera vez que se mostraban con tanta crudeza (la secuencia del ataque de la infantería francesa con el plano de las manos en la alambrada es antológica) y denunciando que morir por la patria no es hermoso, es una aberración. Además, no sólo vemos la destrucción física de los seres humanos, también vemos su destrucción psicológica cuando el protagonista descubre que no puede vivir de manera "normal" cuando vuelve de permiso a su casa. Y comprobamos que dicha destrucción se produce tanto en los civiles como en los militares.
Otro tema que trata es la importancia de la camaradería entre los soldados. Tan importante llega a ser, que en un momento dado el protagonista (Lew Aryes) se siente "como en casa" cuando vuelve al frente con sus compañeros y se encuentra desplazado cuando descubre que los soldados de su pelotón son nuevos. La tesis "al final, solo luchas por el hombre de al lado" ha sido recalcada por muchos estudios contemporáneos como “El rostro de la batalla” de Keegan, y en películas más modernas como “La Caída del Halcón Negro” del 2001.
También nos encontramos con un tema recurrente en muchas obras tanto literarias como cinematográficas. El paso de la adolescencia a la madurez por causa de un acontecimiento crucial, en este caso tremendamente traumático. Inicialmente vemos a los chiquillos arengados por su maestro para que se conviertan en héroes. Al fondo de las ventanas de la clase vemos el fastuoso desfile marcial de las tropas marchando al frente entre pétalos de flores. Cuando al cabo de los años el protagonista vuelve a su pueblo, él no se siente como un héroe y tampoco hay desfiles triunfales. Los civiles actúan como generales de salón. El maestro suelta su mismo discurso a otros chiquillos que vuelven a soñar con muertes gloriosas a pesar de que delante de ellos está uno que fue como ellos y que ahora es un hombre adulto pero destruido internamente.




Otra muestra de anticipación es que una cinta norteamericana nos enseña el punto de vista sobre el conflicto desde el lado enemigo. Los protagonistas eran alemanes y tan sólo habían pasado 11 años desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Y vemos que esos soldados alemanes son seres humanos. No se volverá a ver un tratamiento similar de los soldados alemanes en cintas norteamericanas hasta “La Cruz de Hierro” de Sam Peckinpah. Quizás la escena más representativa de la humanidad de los alemanes es aquella en haciendo un paralelismo con el soldado americano de “El gran desfile”, Paul y sus amigos consiguen una cita amorosa con tres francesas. Asimismo aparecen dos personajes muy típicos del cine bélico: el sargento instructor y el sargento "mama ganso". En el primer caso vemos como el cartero del pueblo se transforma en un presumido y despiadado sargento instructor que goza al ordenar cuerpo a tierra en el fango. Su contrapunto es Katczinsky. Es el veterano bondadoso que cuidará de sus cachorros en todo lo que pueda, enseñándoles las reglas básicas de la supervivencia y buscando comida para todos. Es memorable la secuencia en la que, tras escuchar una explosión en la que hasta uno se caga literalmente en los pantalones, les explica a los recién llegados que se protejan hundiéndose en la madre tierra.
Milestone intentó que la exactitud histórica fuera la mejor posible. Está rodada en California (en la escena del ataque al cementerio vuelven a verse los famosos eucaliptos californianos), pero procuró que su equipo se documentase exhaustivamente sobre cómo era el ejército alemán que combatió entre 1914 y 1918. Un botón como muestra. Cuando el protagonista y sus amigos se alistan llevan el casco alemán con punta. Después de un tiempo vemos que ya llevan el famoso casco de acero con protección de la nuca y sin la punta. La forma de conseguir tanta exactitud fue sencilla. Contrato a todo emigrante alemán del área de Los Ángeles que hubiera participado en la Primera Guerra Mundial, y les dio el papel de oficiales y suboficiales del ejército alemán. No sólo eso, hicieron también de instructores para que los extras marchasen y desfilasen como si fueran auténticos soldados alemanes. Y si que lo consiguieron.
Dado el carácter abiertamente antibelicista, la cinta fue prohibida en la Italia fascista y en Alemania en cuanto los nazis llegaron al poder. Pero eso no impidió que muchos alemanes viajaran a Francia para verlas. Incluso se fletaban trenes especiales. Paradójicamente, la cinta parece que consiguió lo contrario de lo que buscaba. Algunos jóvenes se alistaron en la Wehrmacht buscando precisamente esa "maravillosa camaradería". Los regímenes totalitarios no fueron los únicos en prohibirla. Australia no permitió su exhibición hasta 1941.



Las actuaciones son magistrales. Lew Ayres le aporta realismo y mucho sentimiento a Paul; Louis Wolheim le brinda expresión y una identidad paterna a su personaje muy reconfortante y autoritario y John Wray, en un rol muy bien logrado. Todos les dan verosimilitud a sus personajes, y logran profundizar las intensiones del guión. Esta cinta es un catálogo de secuencias memorables: Lew Ayres -magistral actuación la de este gran actor- atrapado en un cráter con un hombre al que ha asesinado, el primer encuentro entre los reclutas y los veteranos, el discurso del protagonista a sus asombrados alumnos o ese impresionante plano final de la mano del soldado alcanzando una mariposa. Increíble en todos los sentidos. Esta cinta antibélica te hará reflexionar sobre lo inútil de las guerras. Todo un clásico.
“Sin Novedad en el Frente” es, en pocas palabras, una de las expresiones cinematográficas más auténticas y realistas de la palabra Guerra. Ganadora de 2 premios Oscar de la Academia (Mejor Película y Mejor Director) y nominada a otros 2 (Mejor Guion y Mejor Fotografía). Una cinta emotiva, para pensar, con algunos toques de comedia muy bien logrados y actuaciones muy acordes a las necesidades de la historia. Muy bien dirigida, con matices muy interesantes y un libreto muy profundo, ésta es una cinta que todo fanático o seguidor del género no debe perderse. Una joya del cine bélico.

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