viernes, 3 de junio de 2011

CAPITULO 95: THE MALTESE FALCON - EL HALCON MALTES (1941)





El detective privado Sam Spade (Humphrey Bogart) estaba sentado en su oficina, mirando la ciudad de San Francisco por la ventana, cuando irrumpió una misteriosa dama, la señorita Ruth Wonderly (Mary Astor). La elegante mujer quería investigar el paradero de su hermana, quien supuestamente había huido de casa con un vividor de origen británico. El socio de Sam (Jerome Cowan) se ofrece para buscar al hombre y seguirá discretamente a la mujer, pero es asesinado. Sam confronta a la clienta, la señorita Ruth Wonderly confiesa que realmente ella es Brigid O’Shaugnessy (Mary Astor) y resulta que el asunto de la desaparición de su hermana era mentira: el hombre que buscaba era su socio y puede tener en su poder una valiosa estatua de un halcón, incrustada con piedras preciosas de un valor inmenso, que se supone que era el tributo que los Caballeros de Malta pagaron por la isla al rey Carlos V. Ella no es la única tras el Halcón Maltés, ya que un grupo de maleantes internacionales está también tratando de conseguir la estatua, dispuestos a engañar, robar o matar, para apropiarse del tesoro. Un hombre llamado Kasper Gutman (Sydney Greenstreet), el engañoso Joel Cairo (Peter Lorre), Wilmer (Elisha Cook Jr.) y la seductora señora O’Shaughnessy quieren aprovecharse del genio y el ingenio de Sam Spade para sus propios intereses, pero al detective le preocupa más salir ileso de las peligrosas situaciones y sacar el mayor provecho para sí mismo.

Cuando uno se encuentra ante un guión donde las frases memorables son tantas que apenas si puede uno recordarlas todas o elegir una para abrir una entrada como ésta, y cuando ese guión presenta una historia cuya trama le mantiene a uno en vilo hasta el final, y el ritmo funciona como un reloj suizo y los personajes interaccionan entre sí de tal modo que uno llega a pensar que lo real se encuentra en la pantalla y no en lo que sentimos y tocamos, sin duda se puede afirmar que se encuentra no sólo ante uno de los mejores trabajos del género sino que difícilmente podía salir algo indigno de un trabajo así. Si a eso añadimos el talento de uno de los mejores directores norteamericanos de la historia y de un reparto difícilmente superable, no cabe duda que estemos hablando de uno de los mayores clásicos de la historia del cine. Nos adentramos  en la búsqueda de una rara y preciosa estatuilla que fue en su día un regalo para el emperador Carlos V: El Halcón Maltés.

"Aquí hay algo que sólo existe por el cine, algo que sería nulo en la novela, en el teatro, en cualquier otra parte, pero que en la pantalla resulta inmensamente bello". Lo que escribió Jean Luc Godard, en sus tiempos como crítico, refiriéndose al cine de Nicholas Ray, puede servir para introducirnos en esta maravilla del séptimo arte, procedente del mundo de la literatura. El género policíaco, que nació con Poe y Collins, se consolidaría con el desarrollo de dos corrientes: por una parte, con el crimen aparentemente perfecto y el análisis deductivo -caracterizado por Simenon y Agatha Cristie, y por el género negro, la corriente estadounidense, en la que reina la violencia, la marginación y la crítica social. En esta línea encontramos como primer autor destacado a Dashiell Hammet, quien crearía historias perfiladas en un mundo urbano en donde la corrupción y la autoridad de los gánsters se traducirían en la creación de la figura de un detective, aunque responde a la violencia con violencia. Sam Spade, el personaje de “El Halcón Maltés”, es el paradigma, nada del superhombre, sino que Hammet crea a un detective próximo al hombre de la calle. De ahí, su idea por acercarnos al contexto de la época, a la crítica de una sociedad y a la denuncia implícita del poder del dinero.






Durante la época dorada de Hollywood, la Meca del cine estaba dividida principalmente por los tres grandes estudios, que impusieron una serie de normas comunes como por ejemplo la exigencia de la más alta calidad de sus producciones, ya sea tanto en vestuarios como puesta de escena. Este lujo aparecía en las cintas de la MGM, todas ellas deslumbrantes, optimistas y que servían de entretenimiento y evasión. Mientras que esta proclamaba las virtudes de la vida americana, la Paramount gracias a los ostentosos platós diseñados por Theodore Sparkuhl, prefería los temas relacionados con la supuesta decadencia de Europa. En acusado contraste con ambos estudios, la Warner Bros se caracterizaba por una iluminación plana y escasa, platós austeros y una tendencia a cortar los fotogramas individuales de cada toma para darles un impulso adicional, frente al llamado montaje de Hollywood consistente en un montaje funcional y limitado a transiciones, a través de los fundidos. La Warner Bros empleaba el estilo duro y realista que haría posible sus películas sobre gánsters, policías, vidas carcelarias, etc.

Ante una obra de este calibre siempre resulta difícil escribir sin tener la sensación de que todo lo que se diga va a quedarse corto. Ni siquiera nadie que ame el cine pueda hablar de “El Halcón Maltés” sin dejarse llevar aunque sea un poco. En fin, por comenzar por algún sitio, parece que el film es el mejor remake de la historia del cine. Y es que si a veces parece que Jimi Hendrix haya compuesto "Hey Joe", resulta también a veces difícil recordar que la novela de Dashiell Hammett ya había sido llevada al cine en 1931. Ricardo Cortez había sido el primer Sam Spade, y teníamos a todo un Dwight Frye haciendo de matón al servicio de El Gordo (¡qué lástima que no repitiera el papel a las órdenes de Huston!). Tanto John Huston como varios guionistas participaron en la escritura del guión, y el director trabajó dos días en el storyboard, aunque parece ser que fueron bastante fieles a la novela. Hasta entonces Huston había debutado haciendo pequeños papeles aunque pronto se había reconvertido en guionista. Como es bien sabido, estamos hablando de uno de los mejores debuts cinematográficos de la historia, ya que éste fue el primer film de Huston como director.







Y es que Huston ayudó a sentar las bases del film noir norteamericano, y creó una imagen imperecedera del detective de sombrero y gabardina. Sin lugar esa figura ya existía en las novelas negras del propio Hammett y otros autores del género como Raymond Chandler, pero al menos en cuanto a cine se refiere ahí tenemos al intérprete definitivo de ese tipo de personajes, Humphrey Bogart, marcando a fuego en la historia del cine una imagen que todavía influye actualmente en cineastas, escritores, dibujantes de comic, etc. Desde luego parece que Bogart le debió mucho a los errores del actor George Raft en su transición de villano de las cintas al héroe y tipo duro que hizo de él una superestrella. Raft ya había rechazado el papel que más tarde interpretaría Bogart en “El Último Refugio” de 1941, donde el amigo bebedor del actor John Huston participó escribiendo el guión. Tras otro film más la mecha estaba preparada, y sólo hacía falta una chispa para lanzar la carrera de Bogart más allá de las estrellas. Y puesto que el contrato de Raft estipulaba que no estaba obligado a actuar en remake alguno, y el pobre George consideraba que “El Halcón Maltés” iba a ser otro film más de serie B, rechazó interpretar a Sam Spade. Y, en fin, como suele decirse, el resto es historia.

Y es que no hay duda de que Humphrey Bogart había nacido para interpretar ese papel. La historia y el papel estaban ahí, tan sólo hacia un poco de talento para hacer de Sam Spade una figura legendaria, y Bogart sabía lo que se hacía. Un detective duro y perspicaz, idealista a su manera, cariñoso y cruel con las mujeres a un tiempo, un extraño romántico misógino, sabedor de cuando hablar y cuando golpear, fumador y bebedor, y todo hecho siempre con mucho estilo... parece que hasta Harry el Sucio no se vio una revolución similar en un personaje policíaco del lado de la ley.





El perturbador y también magnífico actor Peter Lorre estuvo a la altura de Bogart interpretando a ese pequeño aunque peligroso hombrecillo que no gusta de ser tocado, y cuya apariencia es tan elegante como retorcidos sus métodos. Pocas cosas hay más amenazadoras en una pantalla que un villano de pañuelo y bastón. Es justo pues darle su justa parte de gloria. Además, uno de los mejores momentos del film es el primer encuentro entre Spade y Cairo. Como lo es también la entrevista de Spade con Kasper "Fat Man" Gutman, quién no cesa de proferir una suerte de extraños refranes alabando la actitud vital de Spade, hombre al que le gusta hablar y le gusta ir al grano y es además del todo imprevisible. El personaje de Gutman es uno de los grandes personajes rollizos que ha dado el cine. Fue interpretado por el británico Sydney Greenstreet, un actor que se había pasado la vida en los escenarios y que debutaba en “El Halcón Maltés” pasado de años. El detective Tom Polhaus es Ward Bond, un habitual a lo largo de varios años de las películas de John Ford. También es de gusto, más que secretaria, mujer para todo de Sam Spade, la inteligente y llena de recursos Effie Perine, interpretada por Lee Patrick. Por cierto, el tipo moribundo que entrega el halcón a Spade es el propio padre de Huston haciendo un breve cameo.

“El Halcón Maltes” es una cinta sencilla, pero con una multitud de detalles que la convierten en un hito del séptimo arte. No sólo por sus cínicos e inteligentes diálogos, o el carácter de sus personajes, sino por dar origen a dos carreras fundamentales y coincidentes, en muchos momentos, que marcaron todo un episodio en la historia del cine. La fatalidad, omnipresente en el director y una de las claves de este género caracterizado por el Código Hays marca la inflexión de la cinta en su epílogo, o que se refleja en una de las escenas finales, cuando intentan -con avaricia- abrir el paquete que guarda el halcón, con el personaje de Sidney Greenstreet sudando, enloquecido, rasgando la figura, porque creían que debajo del esmalte aparecerían el oro, las joyas, aunque sólo había plomo. Es una cinta que puede recordar bastante a la filmografía de John Huston, sobre todo por el ambiente de fatalidad en que se mueven sus obras y por el deseo, siempre frustrado, por la búsqueda de dinero, alguna joya, oro.




Bogart recuerda también a la risa gutural de Sidney Greenstreet, la del gordo, Kasper Gutman, de “El Halcón Maltés”, que inicia esa expedición por hallar un tesoro en forma de halcón, "del material del que están hechos los sueños", de corte shakesperiano, que incita a pensar en la avaricia, en la ambición que despide el halcón en sí. O en otras cintas suyas, como “El Tesoro de Sierra Madre” de 1948, en donde, la búsqueda de oro, se confunden entre asaltos de bandidos y ataques de indios, con el ingrediente que nunca falta en Huston, la fatalidad; o en su versión del clásico de Hermann Melville, “Moby Dick”, con un grandioso Gregory Peck.
En realidad, Huston siempre mostró una especial predilección por las historias en las que la dignidad personal era la única justificación vital que les quedaba a sus perdedores y desencantados protagonistas. La literatura, como el cine, ha presentado su preferencia por los derrotados.  De ahí, la famosa frase, "el material con el que se forjan los sueños", una aportación de Bogart, una licencia que se permitió el actor para dar profundidad al final de la cinta, aunque para ella tuviera que apoderarse de una cita de Shakespeare, de su obra La tempestad. Frase dentro de las míticas citas con las que se concluían algunos títulos inolvidables, como la de “Casablanca”: (esto es el principio de una gran amistad) o la de “Lo que el viento o se llevó”: (A Dios pongo por testigo). En definitiva “El Halcón Maltes”, llevada en su mayoría por extensos y elaborados diálogos, de los que se podrían citar incontables frases memorables, sin lugar a dudas es una cinta hecha de la materia con la que se hacen los sueños. Una joya magistral e imperecedera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario