viernes, 24 de junio de 2011

CAPITULO 116: THE EXORCIST - EL EXORCISTA (1973)





Durante unas excavaciones en Irak, unos arqueólogos encuentran un milenario medallón. Mientras, una famosa actriz está preocupada por la salud de su hija de 12 años, que presenta síntomas de estar poseí­da por el demonio. Ante este hecho, decide llamar a un sacerdote, el mismo que desenterró el medallón y con el que cree que tiene relación el caso.
En un barrio tranquilo, en una casa con todas las comodidades modernas, una joven e inocente muchacha se siente mal. Su madre no puede ayudarla. Los médicos le hacen pruebas e intentan tratarla en vano. Desesperada temiendo que la enfermedad rebase lo fí­sico y afecte a lo espiritual su madre llama a un sacerdote. Pero incluso él duda de que el mal haya entrado en su hogar, en el cuerpo de ella. Y cuanto más duda él, más poderoso se vuelve el mal. Sólo hay una causa, y sólo una esperanza de curación, practicar un exorcismo.
La cinta estuvo basada en una novela del escritor William Peter Blatty, que habí­a sido “best-seller”. El director fue William Friedkin, y tuvo la delicadeza de que el mismo Blatty adaptase su obra al cine, logrando no sólo una buena adaptación sino también una renovación sobre los códigos de censura del cine. Friedkin logró al mismo tiempo que una trama atrapante, un importante clima ominoso, que se vio ayudado por la miles de veces imitada (especialmente por el cine italiano de horror) banda sonora de Jack Nietzsche y la inclusión de música de órgano tubular de Mike Oldfield. Los efectos sonoros (ganadores del premio Oscar junto al guión de Blatty), fueron también avanzados. Las escenas atrevidas de la niña Blair (los insultos y la masturbación) fueron interpretadas por Eileen Dietz, su doble (probablemente la idea de que la pequeña Linda hubiera hecho tales escenas motivó algunas ideas equivocadas y condenas sobre la cinta). En tanto que el vozarrón femenino de la niña poseí­da fue entonado por la actriz Mercedes McCambridge, quien luego demandó a Warner Bros. por no haber recibido el crédito correspondiente en los tí­tulos del film. La cinta obtuvo el récord de recaudación en su primera semana, superando a “El Padrino” de 1972 y “Lo que el Viento se Llevó” de 1939. Tras estrenarse la cinta, aumentó espectacularmente el número de jóvenes que decí­an estar poseí­dos. Fue nominada a 10 premios Oscar de la Academia -entre ellos, a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz de Reparto (Linda Blair) y Mejor Guion Original; pero solo consiguió 2 Premios (Mejor Sonido y Mejor Guion Adaptado).






William Friedkin querí­a una cinta realmente especial, tremendamente terrorí­fica. Su interés llegaba a tal punto que la habitación de Regan (con su cama y sus muebles) estaban en realidad en una cámara frigorí­fica de esas que se utilizan para congelado industrial a varios grados bajo cero. Su intención era que el vaho que salí­a de la boca de los actores, fuera real. Y así­ fue. Se dice que a lo largo de la producción y rodaje hubo muchas desgracias “casuales”, fallecieron personas allegadas a los actores, (incluso Jack McGowran, quien interpretaba un personaje, Burke Dennings, falleció dí­as después de filmar su muerte en la cinta), hubo accidentes extraños (uno de los sets de filmación se quemó inexplicablemente, retrasando la filmación unas seis semanas), y entre el equipo técnico hubo un clima de agitación permanente.
Luego del estreno (el 26 de diciembre de 1973), la campaña publicitaria se basó en el tabú religioso y en el terror real (el aviso de que la trama estaba basada en una historia real). Así­, se dijo que hubo personas que en el cine sufrieron ataques de nervios y hasta una mujer que abortó su embarazo. Los dueños de los cines aprovecharon y apostaron ambulancias en las puertas y enfermeros con camillas listos para atender a los primeros desmayados. Incluso los detractores de la cinta le hicieron sin quererlo publicidad. Incluso, la supuesta maldición alcanzó la versión teatral de la cinta, cuando el estreno de la obra en el Comedy Theatre de Londres tuvo que aplazarse por un suceso fatal: la muerte en extrañas circunstancias en la habitación de su hotel de Mary Ure, la actriz principal. El reverendo Bill Graham escribió: “Por primera vez en una cinta “mainstream” -convencional-, las audiencias presenciaron la desacración gráfica de todo lo que era considerado sano e í­ntegro sobre el desdibujado “Sueño Americano”: el hogar, la familia, la iglesia y, más chocantemente, la niñez”. Graham no dudó en acusar al film de “satánico”.
“El Exorcista” es probablemente la cinta de terror más famosa de los años 70 y la que sin duda contribuyó a reformar el panorama del cine de horror. La pregunta sobre si fue realmente original deberí­a ser respondida teniendo en cuenta la poderosa influencia que “El Bebe de Rosemary” (1968, Roman Polanski) ejerció sobre todo el desarrollo del cine del género. Incluyó en una nueva óptica el personaje del Diablo en la Tierra, una óptica más extremista de lo que ninguna cinta anterior habí­a incluido (cristalizada en el tema del pacto satánico y el nacimiento del Hijo del Demonio). Y “El Exorcista” explotó esta presencia llevando también al extremo, pero en el tema de la posesión satánica, y el terror religioso.





Ocuparse del cine de terror religioso nos puede llevar por extraños caminos. Una antologí­a del género no deberí­a obviar films como “Dí­as de Ira” (1943, Carl Theodor Dreyer), en la que un caso de acusación y condena por brujerí­a tení­a perturbadoras consecuencias para el acusador. En “El Exorcista” se hace énfasis en un elemento bien poco divulgado, pero real en el ámbito de la religión católica: los exorcismos, o sea la expulsión de espí­ritus malignos de los cuerpos de los poseí­dos. Probablemente esta sea una de las razones del éxito de público que tuvo “El Exorcista”.
Sin embargo “El Exorcista” no fue solamente un fenómeno publicitario o de astucia promocional. Su historia es tan densa como el vómito que Linda Blair arroja en una escena cumbre. Una sana niña de 12 años llamada Regan MacNeil (Blair) comienza a sufrir extrañas indisposiciones en medio de alteraciones importantes de su conducta, que llevan a su madre (Ellen Burstyn) a consultar a un neurólogo, luego a otro y así­ hasta agotar todas las instancias. Los galenos le recomiendan que, como última salida, esté la de recurrir a un religioso. Al principio, en su condición de atea, la Sra. MacNeil no hace caso al consejo, pero luego del encrudecimiento de la afección de su hija (que llega a atacar a la madre con feroz tenacidad), la pobre mujer recurre al padre Karras (Jason Miller), quien intenta dominar la situación mientras la pequeña se ha transformado en una criatura demoní­aca que grita blasfemias, se masturba con un crucifijo y es presa de horribles convulsiones. Pero Karras es incapaz de liberarla, y decide a su vez, recurrir a otro sacerdote más viejo y con más experiencia, el padre Merrin (Max Von Sydow), quien ha realizado anteriormente otros exorcismos de manera exitosa.
Pero la ceremonia del exorcismo final es terrible, Regan les expele a ambos curas una sarta de maldiciones e insultos, despide un hedor insoportable y llega a levitar por encima de su lecho, provocando un ataque cardí­aco al viejo padre Merrin. Finalmente, exasperado, el padre Karras intenta estrangular a la niña, consiguiendo que el demonio libere el cuerpo de la niña, pero para ingresar en el del propio Karras. Comprendiendo su suerte, Karras, corre hacia la ventana y se arroja hacia el vací­o, cayendo en una escalinata, donde encuentra su muerte. Pero la salud de Regan vuelve y ya no quedan trazas de su anterior comportamiento.




El éxito que generó “El Exorcista” lanzó una larga serie de cintas basadas en exorcismos, incluyendo la versión negra en Abby de 1974, la versión italiana Poder Maléfico de 1974, y la secuela oficial El Exorcista II de 1978. Ninguna de estas alcanzó a superar en tensión a la original. Y es lógico, no se puede cambiar el cine tan rápido, como lo cambió “El Exorcista”. El reestreno de la cinta, constituye un gran suceso para los fans de este film y del cine de terror en general. Este reestreno, conocido con el tí­tulo “The Version You’ve Never Seen” presenta, además de una cuidada reelaboración del sonido, 11 minutos de metraje no incluidos en la original. Las escenas no incluidas en la primera versión ya habí­an adquirido proporciones mitológicas para los fanáticos del film de William Friedkin.
Según contaba la leyenda, William Peter Blatty vio hacia fines de 1973 una versión del film que duraba 140 minutos a la que dio su aprobación. Aparentemente la opinión de Blatty no era muy bien considerada ya que no se lo dejó asistir a las etapas finales de la producción y, para colmo, a la versión final le fueron quitadas varias escenas con respecto a la que habí­a visto el autor del libro. Blatty siempre afirmó que la versión más larga era muy superior a la que efectivamente se vio ya que esta última tení­a varios huecos en la estructura narrativa, rebajando a “El Exorcista” de ser “una cinta realmente magistral” a ser simplemente “un thriller soberbio”. Por su parte Friedkin afirmó que solo habí­a suprimido unos cinco minutos de metraje y que fue porque rompí­an el ritmo del film. Según sus propias palabras, las escenas cortadas aburrí­an hasta a los muertos. Blatty nunca se resignó a quedarse con la versión que no le gustaba, pero nunca contó con el apoyo del director, “Friedkin siempre me dijo que ese metraje se ha perdido y que probablemente ha sido destruido”. Más de un cuarto de siglo debió pasar para que Blatty viera la versión que tanto querí­a, la cual, detalles más o detalles menos, es la que llega a los cines con el tí­tulo: “El Exorcista con escenas nunca antes vistas”.
El exorcista es un film que consigue proponer de manera, muy sencilla, una aproximación verdaderamente trascendente y compleja. Aunque el film presenta ciertos tópicos, o mejor, ciertos amagos de tópicos, a veces irremediables, como es el personificar el mal, en un sujeto sobre el que poder descargar nuestros ataques, en ese sentido, el film de Friedkin conserva algo que pocos films de terror poseen, y es que pese a esa personificación del mal, la lucha sigue siendo interna, trascendente. Sabemos que Regan está poseída por algo, por el mal esencialmente puro, los ataques del padre Merrin (Max Von Sydow) son místicos, intangibles (aunque el agua bendita le cree grietas de sangre a Regan, es pese a todo el precio a pagar por ser occidentales), el aterrador dolor con el que debe convivir el padre Karras, es interno.



Nos encontramos ante la muestra de terror cinematográfico mejor logrado y con los elementos más terroríficos de la historia. La fama de “El Exorcista” no sólo se limita a la historia, el film entero, su producción, la mercadotecnia que utilizaron para promocionarla y todo el aire de misterio y leyendas urbanas que surgieron a su alrededor fueron elementos que hoy la hacen merecedora del título de mejor cinta de horror de todos los tiempos. El film en su conjunto es poroso, en su esencia y transmisión del mal. Sus imágenes, por cercanas y verosímiles, lindantes con el realismo, juegan un papel decisivo en su transmisión de lo malvado, donde lo cotidiano, se torna recipiente de lo extraordinario. Si la cinta la hubiera rodado Kubrick, como quiso la Warner Bros, hubiésemos tenido seguramente otra obra maestra de Stanley, pero no “El Exorcista” que se convirtió en todo un movimiento de culto y un clásico imperecedero. Para poder hablar de terror debemos entender lo que William Friedkin filmó, todo el trasfondo moral que implica, el argumento que toca uno de los temas que más tememos pero del que nadie quiere hablar. Un estandarte del cine de terror, un referente del cine actual. Un fenómeno, un hit, un icono pop. Todo esto y más representan "El Exorcista", el más grande film de terror de la historia del Cine.

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