sábado, 18 de junio de 2011

CAPITULO 110: SUNSET BOULEVARD - EL OCASO DE UNA VIDA (1950)





El año 1950 fue un hito en la historia de Hollywood, ya que coincidieron en él dos de las cintas que se tienen como referente absoluto de la temática que abordaron. “El Ocaso de una Vida”, con su visión del mundo del cine y “La Malvada”, referida al mundo del teatro. Incluso hay coincidencias que podemos marcar más allá de que tengan que ver con el arte de la actuación. En las dos tenemos personajes ambiciosos y jóvenes (William Holden y Anne Baxter, respectivamente), que tratan de sacar provecho de una relación con dos actrices muy temperamentales. Y en los dos casos tanto Gloria Swanson como Bette Davis tenían mucho en juego.
Joe Gillis: ¡Pero usted es Norma Desmond! ¡Usted trabajó en el cine mudo! ¡Fue famosa! ¡Fue una de las grandes!
Norma Desmond: ¡Yo soy grande! ¡Son las películas las que se empequeñecieron!
Éste es un ejemplo del maravilloso diálogo del guión de “El Ocaso de una Vida”. El director Billy Wilder, nacido en Austria, escapó de su país ante el avance nazi en 1933, cuando ya había empezado a dar sus primeros pasos como guionista. Su destino lógico fue Hollywood. Dado su talento, sus primeros guiones para Hollywood fueron más que exitosos. Fue nominado para el Oscar como mejor guionista por Ninotchka de 1939. Recibió dos nominaciones en 1941, por el Argumento Original de “Bola de fuego” y por el Guión de “La Puerta de Oro”. Logró otra nominación por el Guión de “Pacto de sangre”, co-escrito con Raymond Chandler. El reconocimiento múltiple de la Academia finalmente le llegó el año siguiente, cuando se asoció con su coguionista ocasional, Charles Brackett. Ambos escribieron el guión de “Días sin Huella” de 1945), Brackett la produjo y Wilder la dirigió, con Ray Milland como el protagonista alcohólico. Todos, en sus rubros respectivos, se llevaron la preciada estatuilla. Ambos volvieron a ser nominados por su guión para “La Mundana” de 1948.
En su siguiente proyecto, Wilder y Brackett decidieron apuntar la mira al mismísimo Hollywood, al sistema de las estrellas y los estudios. Junto con D. M. Marshman Jr, como tercer guionista, se reunieron para tratar de decidir cuál sería la trama. Surgió la idea de la relación entre una estrella del cine mudo y un hombre más joven, un guionista sin demasiado éxito. El concepto original era que la historia rayara en lo burlesco. En ese momento, pensaban en Mae West como la candidata ideal para desempeñar el papel de la estrella decadente. Después de frustrarse tratando de encontrarle la vuelta al argumento, decidieron darle a toda la historia un giro más dramático, en el cual la actriz terminaba matando al escritor. Para ese entonces las candidatas al papel pasaron a ser principalmente Pola Negri, May Pickford y (a sugerencia de George Cukor) Gloria Swanson. La Swanson fue la feliz elegida, y el papel del escritor fue asignado originalmente a Montgomery Clift, que se lo ganó a Fred MacMurrray, Marlon Brando y Gene Kelly. Sin embargo, pocas semanas antes del comienzo del rodaje, Clift desertó, aduciendo que sus aficionadas no lo aceptarían en una relación con una mujer mayor (cosa que paradójicamente estaba teniendo en la vida real). Lo reemplazó William Holden. Aparentemente en las pruebas iniciales con Holden, no se notaba tanto la diferencia de edad, así que la Swanson insistió en que en vez de “envejecerla” a ella, lo “rejuveneciesen” a él, con un corte de cabello bien juvenil y con algún toque de maquillaje para disimularle la papada.



Se pueden mencionar algunos puntos de contacto entre la vida real de Gloria Swanson y la de su personaje, Norma Desmond. Las dos vieron cómo sus carreras se desvanecían con la llegada del cine sonoro, si bien Swanson hizo varios films sonoros, incluyendo a “Amor que peca” de 1929, que le significó su segunda nominación para el Oscar a la Mejor Actriz. Ya había sido nominada en la primera entrega de los premios por el film mudo “Alma Pecadora” de 1928. Las dos habían trabajado con Cecil B. DeMille. Ambas deseaban recuperar el estrellato. Y, por lo menos Swanson –por un tiempo- lo logró. Sus otros logros habían incluido también ser una de las primeras actrices de Hollywood que filmó una cinta europea y una de las primeras en tener hijos en la cúspide de su carrera (y uno de ellos, se rumoreó durante mucho tiempo, fruto de un romance con su ocasional productor y supuesto amante, Joseph P. Kennedy, patriarca de la dinastía de políticos). También fue la primera estrella de Hollywood, antes que Rita Hayworth o Grace Kelly, en casarse con un representante de la nobleza (Herbert K. Somborn, Marqués de la Falaise de la Coudray).
En “El Ocaso de una Vida” Erich Von Stroheim interpreta al mayordomo, Max Von Mayerling, quien resulta ser el mentor y primer esposo de Norma Desmond, que la dirigió en varias de sus cintas. Precisamente, en una escena se ve a Norma proyectándole a Joe uno de sus preciados films mudos. Las escenas que se ven corresponden a una de sus cintas, “La Reina Patricia” de 1928. Es verdaderamente un misterio que Von Stroheim y Swanson hayan aceptado trabajar juntos. El director de “La Reina Patricia” fue Von Stroheim. Como le sucedió más de una vez en su carrera, al promediar el rodaje los productores (nada más y nada menos que la Swanson y Kennedy) lo despidieron por sus gastos extravagantes. Los otros financistas del film se negaron a aportar más fondos. Con US$ 200.000 de sus propias arcas, Swanson convocó al director Edmund Goulding, pero no se pudo salvar el proyecto. Tanta presión ejerció Swanson para que “La Reina Patricia” no viera la luz que el film quedó enterrado en las bóvedas de Hollywood... por lo menos para el público estadounidense. No obstante, sí se estrenó una versión en la cual con carteles se aclaraban puntos de la acción que quedaban inconclusos por el metraje que nunca se filmó. Pero el lanzamiento fue en Europa, y llegó también a Sudamérica, el 18 de octubre de 1932. Finalmente, en 1985, después de muchos años, y una vez fallecida Gloria Swanson, se estrenó en los Estados Unidos una versión también restaurada y con carteles aclaratorios pero, curiosamente, la historia tenía un final diferente. Lo patético de todo esto es que, según Swanson, fue recién con el dinero que ganó en “El Ocaso de una Vida”, actuando junto a Von Stroheim, el artífice de su mayor fracaso, que pudo finalmente pagar todas las deudas que arrastró desde ese entonces. Obviamente, el correr de más de 20 años y los intereses comerciales pudo limar cualquier aspereza.
La policía llega a una mansión venida a menos de Hollywood, y descubre el cadáver de un hombre flotando en la piscina. El muerto (Joe Gillis – William Holden), en un toque inusual de humor negro en el cine de la época, empieza a narrar las circunstancias que lo llevaron a tan desdichado final. La acción retrocede al momento en que Joe llega por primera vez a la tétrica mansión de Sunset Boulevard, escapando de sus acreedores. Pero descubre que no está abandonada, sino habitada por una mujer y su mayordomo, quienes lo confunden con un agente de pompas fúnebres que debía hacer los arreglos para el entierro de la mascota de la señora: un chimpancé. Cuando la mujer se saca los anteojos, Joe la reconoce como la leyenda del cine mudo, Norma Desmond (Gloria Swanson). Su mayordomo es Max Von Mayerling (Erich Von Stroheim). A su vez, cuando Norma descubre que Joe es un guionista (de segunda), fantasea que él podría reflotar un guión escrito por ella, “Salomé”, que está segura le devolverá la gloria del pasado. Joe no duda en aceptar la oferta de trabajar sobre el guión, sabiendo muy bien que todo es una locura de una mujer descarriada. Pero le miente diciéndole que su guión sólo necesita ser retocado... por él, por supuesto.



El mayordomo se regodea en recodarle el éxito descomunal de la actriz en su apogeo, cuando recibía 17 mil cartas de fans por semana y ganaba fortunas. Norma suele jugar al bridge con sus viejos amigos, Buster Keaton, Anna Q. Nilsson y H. B. Warner (que se interpretan a sí mismos), pero vive estancada en el pasado, proyectando una y otra vez sus viejas películas. Es durante una de esas proyecciones que se encoleriza ante la advenediza llegada del sonido al cine, que destruyó muchas carreras. “En esos días no necesitábamos diálogo. ¡Teníamos caras!” La actriz se enamora de Gillis, quien se convierte en su amante (o al menos así se insinúa) y se torna cada vez más obsesiva, al punto de organizar una fiesta de Año Nuevo en la que él es el único invitado. Joe, indignado, se va y, en otra fiesta, vuelve a encontrarse con Betty Schaefer (Nancy Olson), una lectora de guiones que le rechazó varios pero desea convencerlo de empezar a trabajar juntos en perfeccionar uno de los guiones de Joe que podría ser rehecho dándole un giro diferente. No obstante, Joe debe abandonar la fiesta al enterarse por Max que Norma ha intentado suicidarse. Sintiéndole lástima, Joe decide no abandonarla.
Inesperadamente, Norma recibe una llamada del estudio Paramount. Convencida de que DeMille, su antiguo director, la está convocando para regresar a la pantalla, va al estudio. El director la recibe en miedo de un rodaje. Es recibida cálidamente por algunos de los técnicos más antiguos, pero muy diplomáticamente DeMille se deshace de ella. DeMille piensa que lo ha venido a ver por el guión de “Salomé”, que le ha parecido pésimo. Pero DeMille no tarda en descubrir el motivo del llamado. Max, el mayordomo, confía a Joe su preocupación por Norma, y le confiesa que fue él quien la descubrió de jovencita. Max fue su primer director y se casó con ella. Ahora, relegado al rol de sirviente, ayuda a preservar el mundo de fantasía de Norma, escribiéndole correo de admiradores que ya no tiene y ocultándole que el llamado del estudio era simplemente para alquilarle su automóvil para una filmación. Joe se siente indignado. Presionado por las crecientes sospechas de Norma sobre sus ausencias, Joe rompe su relación con Betty. Furioso, Joe enfrenta a Norma con los crudos hechos que ella se niega a reconocer. Asqueado de todo, trata de abandonar a Norma, pero ella lo sigue y le dispara tres tiros. Su cuerpo termina flotando en la piscina. Norma, en su locura, mata en Joe el desprecio del Hollywood actual hacia lo que fuera su verdadero talento. Mata la mediocridad y la falta de reconocimiento.
Acá retomamos la narración del comienzo. La noticia ha corrido por todo Hollywood. La mansión de Sunset Boulevard se llena de policías y reporteros, incluyendo a la famosa Hedda Hopper. Pero Norma, totalmente desquiciada, está encaramada en su dormitorio. Para evitarle la vergüenza de tener que ser sacada contra su voluntad, en camisa de fuerza, y viendo que está fuera de sus cabales, Max le dice que las cámaras están listas para filmar y el Sr. DeMille la espera. Vestida de Salomé, Gloria empieza a descender las majestuosas escaleras. Las cámaras de los reporteros la enfocan. Max le indica que la “toma” es una en que Salomé está descendiendo la escalinata del palacio y grita “¡Cámara! ¡Acción!” Muy emocionada, Norma detiene el rodaje y dice: “Quiero decirles lo contenta que estoy de haber vuelto al estudio. No saben cuánto los he extrañado. Pero les prometo que no los volveré a abandonar... Porque ésta es mi vida y siempre lo será. No hay nada más... sólo nosotros y las cámaras... y ese público maravilloso en la oscuridad. Muy bien, Sr. DeMille, estoy lista para mi primer plano”... Y en una de las escenas más hipnóticas del cine, se va acercando a la cámara, sus cejas levantadas, los ojos saltones y descarriados, las manos al vuelo, al mejor estilo de una estrella del cine mudo.
Contrariamente a lo que podía esperarse de una estrella de la magnitud de Gloria Swanson, el rodaje de “El Ocaso de una Vida” fue un verdadero placer para todos los involucrados. Según Wilder ha contado, la cinta empezaba y terminaba con el cadáver de Joe “hablando” en la morgue con otros infortunados muertos. En un momento alguien la colocaba una etiqueta con el nombre en el dedo gordo del pie. Pero en las proyecciones de prueba el público se rió tanto que no quedaba bien predispuesto para el tono que la cinta adquiriría con el correr de los minutos. Esa escena fue descartada.
Con su magistral actuación, Gloria Swanson –al igual que Norma Desmond- le probó a todo Hollywood que era una de las grandes, independientemente de su falta de éxito continuado en el cine sonoro. Porque está maravillosa tanto cuando dice sus parlamentos como en sus significativos, expresivos silencios. Y se alza con lo mejor de los dos mundos, ya que si bien contó con el exquisito diálogo del guión, Swanson actúa con el rostro, con esos ojos inolvidables, con los gestos, las manos, las cejas. La escena en que enfurecida ante la insensibilidad del cine actual hacia las estrellas del cine mudo se levanta del sofá y queda recortada contra la luz del proyector es electrizante. Un verdadero tour-de-force.



“El Ocaso de una Vida” fue un éxito de crítica, pero no le generó muchos amigos en Hollywood a Billy Wilder. En el libro “The Celluloid Muse: Hollywood Directors Speak“(Charles Higham y Joel Greenberg, 1969), Wilder recuerda: “La cinta causó una gran conmoción. Nunca vi a tanta gente en una función privada. Se había corrido la versión de que era fuertísima. Al terminar la proyección se observaron reacciones desde la adoración al horror. Barbara Stanwyck, en un gesto típicamente adulador, se arrodilló y besó el vestido de la Srta. Swanson. Pero Louis B. Mayer levantó el puño y dijo: «A Wilder tendríamos que echarlo de Hollywood. ¡Ha mordido la mano que lo alimenta! ¡Ha teñido de desgracia a nuestra industria»”.
El viejo establishment de Hollywood debe haber respirado aliviado cuando dos meses después se estrenó “La Malvada”, ya que encontraron la excusa perfecta para “desviar” el Oscar hacia una cinta sin duda igualmente merecedora. Cuando se dieron a conocer las nominaciones para el premio de la Academia, “El Ocaso de una Vida” recibió 11 nominaciones: a la Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor (Holden), Mejor Actriz (Swanson), Mejor Actor de Reparto (Von Stroheim), Mejor Actriz de Reparto (Olson), Mejor Argumento Original y Guión, Mejor Fotografía (en blanco y negro), Mejor Dirección Artística y Decorados (en blanco y negro), Mejor Partitura (Película Dramática o Comedia) y Mejor Montaje. El recuento final la galardonó con los premios al Guión, Dirección Artística y Decorados y Montahe. Gloria Swanson no volvió a ser nominada y, si bien siempre se mantuvo en el candelero y fue muy querida y respetada en el ambiente, sólo filmó 3 cintas más. Su despedida del cine fue una lamentable concesión al tipo de cine que pareció despreciar durante toda su carrera: “Aeropuerto 1975” de 1974. William Holden disfrutó de una larga carrera, y 3 años más tarde recibió su Oscar consuelo por “Infierno 17” de 1953, dirigido nuevamente por Wilder, pero venciendo injustamente a Montgomery Clift por “De Aquí a la Eternidad, a cuya deserción debió su papel en “El Ocaso de una Vida”.
La carrera de Billy Wilder, que se asoció con un nuevo coguionista, I.A.L. Diamond, tuvo sus logros durante las décadas del 50 y el 60, con “Sabrina” de 1954, “Testigo de cargo” de 1957, “Una Eva y dos Adanes” de 1959, “El Apartamento” de 1960, que le valió dos Oscar más como director y guionista, “Irma la dulce” de 1953 y “Por dinero, casi todo” de 1966. Sus films posteriores no hicieron honor a su talento.
Al igual que “La Malvada”, “El Ocaso de una Vida” fue adaptada como comedia musical. En este caso la versión fue encarada por Andrew Lloyd Webber. Con libro y letras de Don Black y Christopher Hampton y música de Webber, el musical se estrenó en Londres en 1993. Lo protagonizó la versátil Elaine Paige (que fue la primera en interpretar a María Magdalena, Evita y Grizabella de Cats). En los Estados Unidos el estreno se produjo en Los Angeles, con la magistral creación de Glenn Close. Cuando la obra llegó a Broadway en 1995 recibió 8 premios Tony, incluyendo Mejor Musical y Mejor Actriz.
En 1999 “El Ocaso de una Vida” fue colocada por el American Film Institute en el puesto número 12 entre las 100 mejores películas estadounidenses del siglo. Pero tal vez el mejor reconocimiento que haya recibido esta adaptación haya sido la aprobación y admiración expresadas por Billy Wilder. A Glenn Close la reemplazó Betty Buckley y luego la mismísima Elaine Paige. De esta forma, de la mano de Norma Desmond, Broadway dio la bienvenida triunfal a una de las grandes divas del musical, que nunca había incursionado en sus tablas. Nunca se han confirmado los diferentes rumores sobre llevar el musical a la pantalla grande. Se habló de que Barbara Streisand había comprado una opción a los derechos, o de que Glenn Close repetiría su papel.
La letra de una de sus canciones de “El Ocaso de una Vida” (“Con una mirada”) refleja conmovedoramente el espíritu de un film imprescindible y una Norma Desmond inolvidable:
Con una mirada te puedo romper el corazón
Con una mirada puedo desempeñar cualquier papel...
Porque cuando hablo, es con el alma...
Con una mirada hago que se avergüencen las palabras…
Con una mirada encenderé el sendero
Que me regrese a mis días de gloria...
Con una mirada ellos olvidarán el pasado...
Mi público que está en la sala en penumbras
Que sigue esperándome en la oscuridad

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