sábado, 11 de junio de 2011

CAPITULO 103: TWELVE O'CLOCK HIGH - ALMAS EN LA HOGUERA (1949)





La acción no sitúa en una base aérea de la 8ª Fuerza Aérea de EEUU en Inglaterra. La escuadrilla de bombarderos 918ª es una unidad que lleva varias semanas combatiendo y a la que las fuertes bajas han minado la moral de combate. Para sustituir al agotado comandante de la 918ª, el Coronel Davenport, se nombra al general Frank Savage (Gregory Peck), quien decide aplicar una férrea disciplina para restaurar la moral de la tropa. Aunque inicialmente ello le acarrea la enemistad de sus hombres, estos irán cambiando gradualmente su actitud a medida que, gracias a Savage reducen las pérdidas y aumentan sus éxitos en las misiones de bombardeo. Pero las tensiones del mando terminarán por afectar igualmente a Savage, quien no se librará de sufrir sus consecuencias.
Todo empieza con un señor que está de compras en Londres y encuentra una jarra de cerveza de esas que representan una cabeza, en este caso una especie de Robin Hood enmascarado. La compra extasiado y lo siguiente que vemos es que coge el tren y se va a la campiña inglesa. Tras un paseo en bicicleta llega a un prado con vacas en el que se introduce. Entonces cambia el tiempo musical y la cámara nos ofrece una panorámica de una pista de aterrizaje abandonada. Empezamos a escuchar voces lejanas cantando típicas canciones de taberna mientras vemos los edificios totalmente descuidados. La cámara vuelve a tomar un plano del señor del principio pero ahora la hierba a su alrededor comienza a agitarse por el viento mientras oímos el ruido de potentes hélices. La siguiente escena es un bombardero B-17 intentando aterrizar en dicha pista.
Así empieza “Almas en la hoguera”. Una cinta sobre el tema de los bombardeos estratégicos sobre Alemania. Como la cinta “Ataque Secreto” de 1952, está estrenada al poco tiempo de terminar la IIGM. A los cuatro años para ser exactos. Y sinceramente hasta el estreno de “Menphis Belle” fue la mejor cinta sobre dicha temática. De hecho la cinta tuvo bastante éxito y el tema era lo suficientemente atractivo como para que en los años 60 se realizara una serie para la televisión. Este film es bastante fiel a lo que era la vida normal para las escuadrillas de B-17 norteamericanos que bombardearon Alemania. Y enfatizo lo de normal porque casi no se ven escenas de combate. Sólo al final y, como se indica al principio de la cinta, corresponden a escenas de combate real filmadas bien por los norteamericanos o por los alemanes.
Otra cosa que sorprende de esta cinta es que no hay ningún romance y las únicas féminas que salen son las chicas de servicios auxiliares que reparten café a los pilotos y la enfermera del hospital. Hay que tener en cuenta que insertar romances en las cintas bélicas era y es algo bastante típico, aunque dichos romances sean superfluos y no aporten nada a la trama principal. Por única vez, un título traducido, como es “Almas en la Hoguera” resulta mucho más apropiado para captar la esencia de la historia que el título original. La cinta, en vez de describir los combates aéreos, centra su atención en la lucha interna de los pilotos sometidos a la tensión del combate y la angustia extrema que supone arriesgar la vida a cada momento. Las almas de esos aviadores están siendo consumidas en la hoguera de la guerra hasta el punto de atormentar sus espíritus. En ese aspecto, el desarrollo del guión es sobresaliente, presentando a la perfección los distintos puntos de vista del mando y los combatientes. El otro eje argumental de la cinta es la cuestión del liderazgo, confrontando las dos maneras posibles de ganarse a los hombres: compresión o dura disciplina. El coronel Davenport pierde su capacidad de mando por implicarse emocionalmente con sus hombres, mientras que el general Savage será el encargado de aplicar la disciplina e inculcarles a sus hombres el “esprit de corps”, el orgullo de cuerpo, aunque finalmente no podrá evitar caer en la misma implicación emocional que destruyó al anterior jefe de escuadrilla.





Quizá el término clásico no cuadre apropiadamente con esta cinta por la sencilla razón de que todo lo que nos cuenta es atemporal, a pesar de que la historia está situada en medio de la Segunda Guerra Mundial. El sufrimiento es la llave que abre el alma de los hombres y, precisamente, ésta es una cinta que nos habla sobre el sufrimiento, de almas en carne viva quemadas en la hoguera provocada por las bombas. La moral puede llegar a ser uno de los mayores enemigos del soldado que procura regalar esfuerzo a aquellos a quienes, en teoría, libera. Según testimonios de auténticos miembros del 306 Grupo de Bombarderos, la cinta lleva dentro de sí una buena porción de terror, de tensión, de realidad y de recuerdos verdaderos convenientemente modificados con propósitos dramáticos, pero aún así se acerca bastante a todo lo que sintieron aquellos hombres que llevaban la muerte en la panza de sus aviones.
Y es que en los hombres que combaten sin ver realmente al enemigo, se construyen auténticas barbaridades imaginadas que se acercan bastante a la realidad y entonces todo se derrumba. El edificio que estaba allí. Las personas que estaban cerca. El piloto que decidió lanzar...La moral derruida es el escombro de la personalidad y los hombres comienzan a ser inútiles para el combate, comienzan a no poder saltar los escrúpulos hechos de sangre y fuego, comienzan a huir dentro de sí mismos como única salida a la pérdida de razón.
Gregory Peck interpreta a un general (Frank Savage) que toma el mando de un escuadrón de bombarderos B-17 después de haber criticado el comportamiento de su anterior comandante, a pesar de que éste es su amigo. Para el anterior comandante, lo más importante son sus hombres no la misión. Frank Savage opina lo contrario. Un mando debe de mantenerse aislado de sus hombres y pensar en completar la misión, porque de lo contrario alguien tendrá que volver para completarla, lo cual causará más bajas a la larga.
Después de tomar el mando y soltar unas cuantas reprimendas, incluido el hijo de un general y al oficial responsable de la base (el civil del principio que compró la jarra), se propone levantar la moral del escuadrón e insuflarle un auténtico esprit de corps. Evidentemente lo consigue. Poco a poco el escuadrón pasa de bombardear objetivos en Francia a Alemania. Eso se observa en el techo de la cantina donde las misiones aparecen escritas con el humo de los mecheros. Las bajas son cada vez menores y la moral cada vez más alta. Por cierto, la jarra de Robin Hood es la señal para indicar que mañana hay bombardeo.
Finalmente llega la gran misión que todos esperan. Se trata de bombardear la fábrica de rodamientos de Schweinfurt. Todo está preparado pero justo antes de montarse en el avión, Savage se desmorona. Sus nervios no pueden más, porque ha tratado de mantenerse alejado de sus hombres pero no ha podido. El resto de la misión lo pasa en la base sentado en un sillón, mirando al infinito. Pero él está allí, en los cielos, con sus hombres. Solo cuando se oye el ruido de los motores de los B-17 regresando y se da el parte de bajas (no han regresado 2) es cuando Savage se relaja y se va a dormir agotado. La misión ha sido un éxito.




Quizá “Almas en la Hoguera” fue una cinta tan verdadera que pasó demasiado pronto a ser consumida por las brasas del recuerdo. Nadie quería ver una historia sobre hombres destruidos en vida por mucho que estuvieran en el lado de los vencedores. Sin embargo, hay dos interpretaciones dentro de ella que merecen la pena destacar: Una es la de Gregory Peck, inmenso y con un difícil papel al que hacer frente: el del jefe que tiene que servir de sostén a todo el armazón de un equipo que no puede tener grietas y comienza a fisurarse porque todo hombre tiene un límite. La otra es la de Dean Jagger, ganador del Oscar al mejor protagonismo de reparto por este rol, que está impresionante como ese reservista que, de manera muy sutil, nos hace ver con claridad cómo está ya de vuelta en su viaje de moral, ruina y muerte y que ya no hay estación en la que persuadir.
En el apartado de la ambientación, la mayor parte de la cinta discurre en decorados de interiores (bases aéreas, cuarteles…etc) solo en las escenas de la incursión sobre Scwheinfurt se muestran escenas de combates, en gran medida sacadas de documentales, y precisamente esa falta de escenas de combate aéreo sea una de las grandes fallas de la cinta, que por momentos se hace excesivamente densa debido a su considerable metraje. En cuanto a las interpretaciones, hay que destacar el grandísimo papel que compone Gregory Peck como general Savage, así como los secundarios, que están todos muy creíbles en sus interpretaciones.




Probablemente, ésta sea una de las mejores cintas de guerra aérea que se han hecho nunca (a ello ayuda decisivamente la inserción de secuencias reales de aviación bélica que, con acierto, incluye el director Henry King, perro viejo de batallas viejas) pero también, mucho más allá de los usos y costumbres del género, nos habla con enorme sabiduría de conflictos internos, de personalidades rotas, de hundimientos y depresiones en el siempre difícil interior de los seres humanos. Dejen que algunos fotogramas escalen por sus laderas y el horror puede que les haga ver algo de sí mismos. En definitiva, “Almas en la Hoguera” es todo un estudio psicológico de ese fenómeno que se denomina fatiga de guerra y una cinta de notable profundidad psicológica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario