martes, 31 de mayo de 2011

CAPITULO 92: A CLOCKWORK ORANGE - LA NARANJA MECANICA (1971)





Pocas cintas han sido tan discutidas, repudiadas y censuradas como “La Naranja Mecánica” del genial Stanley Kubrick, sin duda uno de los mejores directores de cine que este mundo ha dado. Creador absoluto de todas sus obras, quizás con la excepción de “Espartaco” de 1960, donde, y tras sustituir a Anthony Mann en la dirección, sus enfrentamientos creativos con Kirk Douglas, que además de estrella principal era el productor ejecutivo, le llevaron a perder el control autoral del film; su megalomanía y afán de perfeccionismo, así como su constante búsqueda de nuevas técnicas para la realización de sus films (los ejemplos más claros serían “2001: Odisea del Espacio” de 1968 y “El Resplandor” de 1980, en la primera revolucionando el panorama de la ciencia-ficción, en la segunda siendo uno de los primeros en utilizar, la hoy ya habitual steady cam) y la exploración de todo tipo de géneros (peplum, ciencia-ficción, comedia, terror, cine bélico…) hicieron que Kubrick muriera con sólo doce cintas en su haber, pero eso sí, de una perfección y riqueza innegables, sirviendo muchos de inspiración genérica a muchos otros cineastas (Steven Spielberg, Ridley Scott, Michael Haneke, etc.).

El escritor británico Anthony Burgess público en 1962 “La Naranja Mecánica”, un libro brutal, escrito en un inglés corrompido por el nadsat, haciendo referencia a la jerga que usan los jóvenes en la época en que se desarrolla la historia (indeterminada, puesto que la novela es atemporal, sin embargo tiene un claro enfoque futurista, por lo que se podría hablar de “La Naranja Mecánica” cómo un film-novela de ciencia-ficción), una mezcla de jerga urbana británica con palabras rusificadas del inglés (débochca - muchacha, clopar – golpear, joroschó – bueno, videar - mirar…), que hacen que la novela, no el film, sea bastante compleja de entender sin ayuda del (mini)diccionario adjunto al final del libro. Burgess escribió la novela altamente condicionado por dos experiencias brutales vividas poco antes de ponerse a escribir: la primera, que le sirvió de base de la novela, fue el brutal ataque al que se vio sometida su esposa por cuatro desertores de la marina norteamericana, donde en su intención de robarla le acabaron dando una paliza obligándola a perder el hijo del que estaba embarazada; la segunda, que le obligó a escribir sin descanso, fue el tumor cerebral que le diagnosticaron en Malasia, donde le dijeron que le quedaban pocos meses de vida. Poco después, se descubrió que todo era una conspiración del gobierno de Malasia para expulsar a Burgess del país, puesto que este había publicado la conocida Malayan Trilogy, una obra que atentaba contra las instituciones del país.

El origen del nombre de la novela “La Naranja Mecánica”, en palabras del propio Burgess es: «Y no lo creo porque, por definición, el ser humano está dotado de libre albedrío, y puede elegir entre el bien y el mal. Si sólo puede actuar bien o sólo puede actuar mal, no será más que una naranja mecánica, lo que quiere decir que en apariencia será un hermoso organismo con color y zumo, pero de hecho no será más que un juguete mecánico al que Dios o el Diablo (o el Todopoderoso estado, ya que está sustituyéndolo a los dos) le darán cuerda». Aunque sin ser tan filosófico, también explicó: «En 1945 al regresar del ejército, oí a un viejo cockney de ochenta años en un pub londinense decir que alguien era ‘tan loco como una naranja mecánica’… El Stephen Dedadlus de Joyce Ulises se refiere al mundo como una ‘naranja oblata’; el hombre es un microcosmos o un mundo pequeño; éste tiene un crecimiento tan orgánico como una fruta, dotada de color, fragancia y dulzura; al entrometerse en él, al condicionarlo, éste gira hacia una acción mecánica».





Una vez realizada la cinta, la cual Kubrick guionizó sin contar con la ayuda de Burgess, al contrario de lo hecho con “2001: Odisea del Espacio” y “Lolita” de 1962, donde contó con la colaboración de Arthur C.Clarke y Vladimir Nabokov, respectivamente, Burgess varió su posición de, primero, alabar el film aunque imperando que «… en términos filosóficos y teológicos La naranja mecánica de Kubrick es un fruto de mi árbol», para luego, rechazarla e, incluso, condenarla. Algo normal si pensamos que Burgess, cómo otros muchos escritores, músicos, realizadores y pintores, vivió condicionado por el que al fin fue su éxito más rotundo.

La principal queja que tenía Burgess es que Kubrick había adaptado la versión americana de la novela, a la que le falta un capítulo final (el 21), en el que Alex, por fin acaba rechazando la ultraviolencia por puro aburrimiento, planteándose el tener una familia y llevar una vida tranquila. Desde luego esto cambiaría el significado completo de la cinta, planteando lo que parecía imposible, una rendición voluntaria de Alex frente a su afán destructivo para convertirlo en todo lo contrario, la construcción familiar. Curiosamente la novela, antes que Kubrick, la quiso adaptar cómo una ópera-rock (!!!) Mick Jagger, que interpretaría a Alex, y el resto de los Stones a sus drugos, pero Burgess, gracias a Dios, se negó en redondo. Kubrick, que siempre ha afirmado que no conocía la versión británica de la novela (pese a que por esa época ya vivía en Inglaterra), se planteó la realización del film tras fracasar, por cuestiones económicas, el intento de llevar la vida de Napoleón al cine, con Jack Nicholson como protagonista. Finalmente tal biopic fue llevado al cine cómo “Waterloo” en 1971 por Serguei Bondarchuck con Rod Steiger como Napoleón. Kubrick eligió al joven Malcolm McDowell para que interpretara a Alex DeLarge, aprovechando la fama de bad boy de McDowell que acababa de realizar un film tan polémico como “If…” (1968. Lindsay Anderson). Tras la soberbia interpretación de McDowell, al igual que con otros actores de Kubrick como Keir Dullea o Ryan O’Neal, el actor desapareció del panorama cinematográfico de calidad, dedicándose a protagonizar films de ínfimo interés.

“La Naranja Mecánica” está estructurada en tres partes; la primera, en la que Alex y sus drugos se dedican al puro empleo de la ultraviolencia, donde en un corto espacio de tiempo, apalean a un viejo mendigo borracho, tienen una pelea con una banda rival capitaneada por Billy Boy y, en una secuencia brutal y fantástica a la vez, irrumpen en la casa del escritor F. Alexander (Patrick Magee) y su esposa (Adrienne Corri), donde, mientras Alex canta la popular Singin’ in the rain apalea al escritor y viola a la mujer delante de sus ojos. En la novela, que no existía tal canción, que fue fruto de la improvisación de Kubrick y McDowell (en Kubrick hablar de improvisación interpretativa es casi una locura, debido a su total control de los instantes), Alex se fija en lo que estaba escribiendo Alexander y vio que era una novela de nombre “La Naranja Mecánica”. Kubrick controla una puesta en escena impecable, de carácter surrealista, es en este momento cuando la obra deja de pertenecer a Burgess para ser de Kubrick. Tanto la indumentaria de los nadsat (adolescentes) vestidos de blanco con los calzoncillos por fuera y sombrero negro en la cabeza, cómo la increíble escenografía, ese impresionante bar lácteo Korova, plagado de figuras sexuales, la casa de espíritu modernista de F. Alexander o el uso de las sombras en la escena que apalean al mendigo. La descripción del mundo familiar, una vez se ha mostrado que la juventud está corrompida por los más bajos instintos, sin el mínimo aprecio por la vida de los demás, está compuesta por unos padres pasivos, viviendo en casas horteras, donde la madre lleva horribles pelucas de colores chillones (de hecho todas las mujeres las llevan, cómo luego se puede ver en una de las cintas del método Ludovico), donde el hijo hace lo que le viene en gana. La pasión de Alex por la música clásica, centrada en el film, en una pasión cuasi esquizofrénica por Ludwig Van Bethoven, da pie a Kubrick para plagar el film de obras de Bethoven, Rossini, Purcell y otros autores clásicos, componiendo así una banda sonora estupenda para el film.






Tras una escena en la que Alex seduce y conquista a dos jóvenes, a las que Kubrick sube la edad para evitar posibles censuras (en el libro tenían doce años, claro que Alex tenía quince) como ya hiciera en “Lolita”, en una escena que, de todas maneras, tuvo que ser recortada para evitar la clasificación de X en Estados Unidos; los drugos de Alex, cansados de su totalitarismo y viendo que no se puede razonar con él (cuando lo hacen Alex les da una paliza), le traicionan y en el asalto a la casa de la “mujer de los gatos” (Miriam Karlin), tras que Alex mate a la mujer con una estatua fálica (en otra brillante aportación de Kubrick a la historia), le traicionan golpeándole con un bote de cristal lleno de leche en la cara, siendo apresado después por la policía.

La segunda parte de la cinta trata de la detención, encarcelamiento y excarcelamiento de Alex, después de que este se sometiera voluntariamente el método Ludovico, creado por el Dr. Brodsky (Carl Duering) a instancias del ministro del interior (Anthony Sharp). Dicho método consiste en inyectarle drogas al paciente que le hagan sentir mal cuando este se enfrente a sentimientos violentos. Para ello le proyectan películas, acordes con la época, sobre ultraviolencia, que a Alex al principio le gustan y luego le provocan desasosiego y malestar. El fallo del método está en que la banda sonora de una de las películas, en las que aparecen escenas del exterminio nazi, por lo que queda claro que el film es futurista, están acompañados por la novena sinfonía Bethoven lo que provoca que Alex, además de rechazar la ultraviolencia, ahora también rechazará la música. La violencia expuesta en el film, criticada por un amplio sección de la sociedad de la época, pese a que “La Naranja Mecánica” sea un claro ejemplo de crítica a la violencia, serviría de inspiración a otros films tan brutales cómo “Henry, Retrato de un Asesino” (1986, de John McNaughton), Funny Games (1997, de Michael Haneke) y “Sucedió cerca de su casa” (1992, de Rémy Belvaux).

La paradoja y la ironía vendrán en la última parte del film, donde los aspectos de culpabilidad católica de Kubrick y Burgess quedan claramente expuestos (algo así cómo “el que la hace la paga”, claramente reflejado en otros films de Kubrick cómo en “Lolita” o “Ojos bien Cerrados” de 1999. Alex, una vez libre y sintiéndose incapaz de hacer el mal, es expulsado de su casa, apaleado por unos mendigos entre los que se encuentra el que Alex y sus drugos golpearon al principio del film y, finalmente, para más inri, sus viejos drugos ahora convertidos en policías (un truco del estado para acabar con los jóvenes problemáticos es convertirlos en policías para que combatan entre ellos), le dan una soberana paliza dejándole medio muerto. La paradoja no podría ser mayor, cuando Alex es malo todo lo sale a la perfección, cuando, sin embargo, es bueno, todos se aprovechan de él, machacándole (literalmente). Finalmente, Alex, malherido llega a la casa del escritor Alexander, sin reconocerla, y, calcando el movimiento lateral de la primera escena en la que se enfoca primero al escritor y luego a su mujer, ahora a un joven gimnasta musculoso (?) (David Prowse, el futuro Darth Vader de “Star Wars” de 1977), puesto que su mujer murió tras la violación. Alexander, que quedó paralítico tras la paliza, se ha convertido en un instigador del gobierno y pretende convertir a Alex en una víctima del mismo. Para ello cuenta con ayuda de otros conspiradores, y una vez ha reconocido a Alex, le provocan un intento de suicidio al hacerle escuchar la novena sinfonía de Bethoven. La ironía final, es que tras la hospitalización de Alex, que consigue recuperarse volviendo a ser el de antes, es además encumbrado cómo un héroe, mientras que Alexander es encarcelado por intento de asesinato. Como bien dice Alex antes de los títulos de crédito sobre fondo rojo y la música de Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the rain, 1952. Gene Kelly y Stanley Donen), «Sí, yo ya estaba curado».





La cinta ha sido criticada por su violencia excesiva y la falta de aparente humanidad, por grupos moralistas y religiosos, pregonando que sirve como un pésimo ejemplo de ideal de comportamiento para la actual juventud ávida de referentes en que basarse. En Hispanoamérica la cinta fue estrenada en 1977, calificada para mayores de 21 años, y fue recibida con una mezcla de críticas, por un lado, alabando la visión futurista de Kubrick, y por otro lado la violencia frontal y extrema exhibida calificándose por algunos grupos conservadores como un mal ejemplo de comportamiento social para las jóvenes generaciones. En el Reino Unido, la violencia sexual de la cinta fue considerada extrema. Más adelante, se dijo que había inspirado imitaciones. La prensa culpó la influencia de la cinta en un ataque a un indigente y de una violación en la cual los atacantes cantaron Singin' in the Rain (Cantando bajo la Lluvia). Kubrick pidió a la Warner Bros. retirar la cinta del Reino Unido, pues en un momento dado se encontró bajo mucha presión llegando incluso a recibir amenazas de muerte.
La Naranja Mecánica” fue Nominada a 4 Premios Oscar de la Academia (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guion Adaptado y Mejor Montaje), perdiendo contra “Contacto en Francia” en la categoría principal; además fue nominada a 3 Globos de Oro (Mejor Película Drama, Mejor Director y Mejor Actor Drama) y 7 Premios BAFTA (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guion Adaptado, Mejor Música Original, Mejor Fotografía, Mejor Montaje y Mejor Dirección Artística), también revitalizó las ventas de la Novena Sinfonía de Beethoven. También causó controversia y no fue permitida su exhibición en el Reino Unido. Para el tiempo de su re-estreno en el 2000, ya había ganado una reputación de película de culto. Muchos críticos y aficionados la consideran como una de las mejores películas jamás hechas.

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