domingo, 29 de mayo de 2011

CAPITULO 90: SAVING PRIVATE RYAN - RESCATANDO AL SOLDADO RYAN (1998)




Una cinta bélica ideal es aquella en la cual un francotirador dispara a los espectadores desde detrás de la pantalla, pues sólo así tendrían una percepción clara de lo que es el miedo a morir en combate. Según esta afirmación, “Rescatando al Soldado Ryan” contiene, en dos largas secuencias muy puntuales lo más parecido a la guerra que se ha visto hasta ahora en una pantalla de cine.

Pocas veces se ha mostrado con tanto verismo el horror y la crueldad del combate como en la recreación cinematográfica que realiza Steven Spielberg del desembarco de las tropas aliadas en Francia, concretamente en Omaha Beach (Saint-Laurent-sur-Mer), batalla considerada clave en la resolución final de la Segunda Guerra Mundial, con la que se abre el film, o en la no menos terrorífica secuencia final, en la que los protagonistas tratan de defender un puente ente el avance incontenible de las tropas alemanas. En ambas secuencias Spielberg recurre al tono documental, obviando toda referencia al patriotismo y heroicidad de los soldados aliados, muy al contrario, lo que se nos muestra es un dantesco torbellino de vómitos, cráneos destrozados, vísceras reventadas, carne chamuscada y, sobre todo, miedo y confusión de unos soldados atrapados en una auténtica carnicería, donde el valor y la ética son irremediablemente sustituidos por los recurrentes “sálvese quien pueda”, “matar o morir” y “no hacer prisioneros”.

Su tratamiento visual, que es uno de los más acabados de su carrera. Pocas veces la guerra ha sido tan sucia, verdadera, real. El diseñador de producción Tom Sanders y el director de fotografía Janusz Kaminski, se unieron para ofrecer al espectador unos ambientes y una imagen impresionantes. Con los colores desaturados y una puesta en escena casi documental (con frecuente cámara al hombro y poca o ninguna steady-cam), nos introducimos en una Europa derruida, esquilmada, y vivimos en nuestra piel ese viaje a la Francia ocupada, de inigualable fuerza plástica.

En el desembarco con un uso de la cámara asombroso, con un diseño de sonido espectacular, desembarcamos nosotros espectadores, literalmente, en las playas de Normandía. Algunos se sorprendieron de la crudeza de las imágenes. Él y Kaminski filman el combate con la discutida pero ciertamente efectiva técnica de cerrar la cortinilla del diafragma para dejar pasar menos luz al fotograma y así obtener ese efecto estroboscópico que aumenta el grano pero también convierte la imagen en algo tan nítido y tan físico. Pero todo esto no habría valido de nada si Spielberg no hubiera recuperado esa pasión por filmar traducida en una fuerza narrativa deslumbrante.












Al desembarco de Normandía se opone, en la conclusión, la dramática defensa del puente. Pero, entre medias, varias secuencias certifican que esta cinta es un bélico apasionante: la muerte del médico, filmada en off (con la mirilla del francotirador como única herramienta para acceder a su visionado), o el largo bloque urbano y lluvioso inspirado, como no podía ser de otra manera, en Kubrick’s  y su “Nacido para Matar”, en el que Spielberg supera con creces a su “maestro”. Todo lo que Kubrick’s ensayaba en los tiempos rítmicos y en los espacios visuales de su bélico urbano, Spielberg lo lleva mucho más allá, armando una secuencia mucho más fluida y densa, más intensa y verdadera.

Porque una de las grandes virtudes de esta cinta es su sencillez, su linealidad. El duelo entre francotiradores, el tiroteo salvaje contra los nazis al derrumbarse un muro, pero también el error a la hora de identificar a Ryan, el tobillo dolorido del personaje de Giamatti, la apuesta sobre la procedencia y la profesión del capitán John Miller, la terrible muerte de Wade, el evento con la niña francesa. El guión ofrece lo mejor de posibilidades a Spielberg, y no las desaprovecha. Muchos espectadores no se creían que tal misión pudiera tener lugar, pero la carta que lee el jefe del estado mayor es verídica, y la historia está inspirada en tres hermanos que murieron en la Segunda Guerra Mundial.

El gran grupo de personajes está muy elaborado, interpretado sin fisuras no sólo por un gran Tom Hanks (inolvidables sus lágrimas a la muerte de Wade), sino por unos grandes Tom Sizemore, Edward Burns, Barry Pepper, Giovanni Ribisi, Vin Diesel, Adam Goldberg y Jeremy Davies. Cada uno de ellos sabe que su personaje es un regalo y se entrega a fondo. Son personajes dibujados con tiralíneas, perfectamente diferenciados entre sí gracias a trazos breves pero certeros. Y en cuanto a Matt Damon, está notable como James Ryan, ese personaje que, al igual que Debbie en ‘Más Corazón que odio’, una vez encontrado no quiere volver. Son estos actores, y la perfecta puesta en escena de Steven Spielberg, la que llevan a esta cinta al terreno de lo formidable, los que consiguen que nos importe la historia y se nos quede grabada en la retina.


















Es destacable precisar que este gran film recaudó en taquilla, solamente en Estados Unidos, 216 millones de dólares. A 13 años de su estreno, aún es considerada por muchos como la mejor película bélico-dramática que se ha hecho, gracias a la magia de Steven Spielberg quien durante toda su vida había soñado con realizar un proyecto como éste. Cabe destacar que después de este film, Spielberg se interesó en el desembarco de Normandía y coprodujo junto con Tom Hanks, dos miniseries televisivas “Band of Brothers”, estrenada en el 2001 y “The Pacific”, estrenada en el 2010.

“Rescatando al Soldado Ryan” ganó 5 premios Oscar de la Academia (Mejor Director, Mejor Fotografía, Mejor Montaje, Mejor Sonido y Mejor Montaje de Sonido) y fue nominada para otros 6, incluyendo Mejor Película, Mejor Actor Protagonista (Tom Hanks) y Mejor Guion Original. Por otro lado ganó 2 Globos de Oro (Mejor Película-Drama y Mejor Director) y fue nominada a 10 Premios BAFTA de la Academia Británica incluyendo Mejor Película y Mejor Director, del cual solo ganó 2 premios (Mejor Sonido y Mejor Efectos Visuales).

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