jueves, 12 de mayo de 2011

CAPITULO 73: CRASH - ALTO IMPACTO (2005)





En esta vida recargada de paradojas y de ironías, la confusión do-mina. Tener información no es igual a conocer. Tener teléfono móvil y correo electrónico no es igual a comunicarse. El achicamiento del mundo gracias a la tecnología no implica necesariamente estar más cerca uno del otro. “Alto Impacto”, la segunda cinta de Paul Haggis, más conocido por su consagratorio rol como guionista de “Golpes del Destino” del 2004, la premiada cinta dirigida por Clint Eastwood—, se detiene en un suceso, un accidente de autos, y explora sus consecuencias directas e indirectas. Los Ángeles, la ciudad en que se lleva a cabo la trama, cosmopolita, caótica, sirve como el ámbito en que los personajes generalmente se desencuentran y, cada tanto, se odian, temen, sufren, lloran, aman. Sienten. Como alguien dice en algún momento, “para poder encontrarse, para poder sentir algo, en Los Ángeles la gente necesita chocarse”.
Graham (Don Cheadle) es un detective que está en la búsqueda de su hermano, sabiendo que es lo único que su madre quiere, ya que ella no acepta la falta de atención de su hijo mayor. Él y su compañera de trabajo y novia, también ven su “vida juntos” afectada, ya que él es afro americano y ella hispana. Rick (Brendan Fraser) es un fiscal famoso que tiene como esposa a Jean (Sandra Bullock), una mujer que dentro de su fachada elegante, esconde un sentimiento negativo y un miedo enorme hacia la gente que no es físicamente parecida a ella. Anthony (Ludacris) es un criminal negro que siente un gran odio por la gente blanca y Peter (Larenz Tate) es su compañero de asaltos, pero es de mente más abierta en el tema racial. Cameron (Terrence Howard) es un director y productor de televisión afro americano y su esposa Christine (Thandie Newton) son detenidos después de una premiación por Ryan (Matt Dillon), un policía de Los Ángeles, que por motivos racistas, humilla a Cameron delante de su esposa, llevándose ella la peor parte. Tom (Ryan Phillippe), el nuevo compañero de patrulla de Ryan, rechaza la actitud de él hacia la gente de color y decide alejarse de su actual compañero. Daniel (Michael Peña) es un humilde trabajador, dedicado a reparar las cerraduras de las puertas y se cruza con Farhad (Shaun Tour), un vendedor extranjero que es constantemente molestado desde el atentado del 11 de setiembre, por ser él de uno de los países del Medio Oriente. Todos estos personajes se ven envueltos y unidos de diferentes maneras, siendo la principal y el tema general de la cinta: el racismo.

“Alto Impacto” se trata de un intenso e hipnótico drama que retrata sin altibajos los conflictos raciales en la ciudad de Los Ángeles, junto con sus consecuencias sociales y culturales. Al igual que otras cintas similares (“Grand Canyon” de 1991, es la que más se le asemeja), “Alto Impacto” ofrece una narrativa fragmentada, siguiendo a varios personajes de muy diversas etnias y niveles sociales, examinando las complejas (y frecuentemente violentas) relaciones que se dan entre ellos. Así tenemos al caucásico fiscal de distrito y su paranoica esposa; a dos jóvenes criminales negros; a un director de televisión y su esposa, de piel más clara que él; a un policía y su compañera latina; y a una familia iraní que desconfía tanto de sus vecinos como sus vecinos de ellos.



Parecería que, en esta tensa mezcla de razas e ideologías, sería fácil distinguir a los villanos y los héroes, pero para crédito del excelente guión de Paul Haggis, los personajes son tan volubles en su moralidad y acciones como cualquier ser humano... no hay buenos ni malos, sólo momentos de odio o tolerancia en sus diarias vidas. Haggis utiliza la exageración para desarrollar una historia centrada en el racismo, la violencia y la intolerancia. Como conjunto, semejante artimaña no funciona, pues todo resulta excesivamente artificioso para el espectador, mas es incontestable que determinados fragmentos del film poseen por sí solos una fuerza y una brillantez que elevan la calidad de la cinta. Por otro lado, es cierto que durante los primeros minutos de “Alto Impacto” observamos a unos personajes que se comportan como meros arquetipos, aunque según avanza la trama nos percatamos de que esas características iníciales quizás escondan algo más complejo, puesto que la existencia de cada individuo está marcada por ciertas eventualidades y sus decisiones pueden variar a causa de ello.

Conviene no saber mucho sobre la cinta antes de verla, pues así se disfrutarán mucho más las sorpresas e inesperados giros que toma la historia. Basta decir que su elegante estructura está perfectamente construida, y si algún defecto tuviera es que ocasionalmente se vuelve pretenciosa y demasiado conveniente, pues abusa ampliamente de coincidencias y sincronías. Pero el efecto dramático es tremendo, y ciertamente se justifica cualquier truco que el realizador aproveche para expresar el fuerte mensaje de la cinta. ¿Cuál es el mensaje? Pues es distinto para cada persona. La tolerancia sería el más fácil de dilucidar, pero la cinta tiene tantos niveles que, sea cual sea la posición y mentalidad del espectador, a seguridad de que obtendrá algo positivo de la experiencia.
La envolvente construcción argumental, junto con unos agudos diálogos, es uno de los aspectos más sólidos de este proyecto. Es innegable que el director construye un sugerente entramado que capta la atención mediante pistas e incógnitas que progresivamente desvela. Realiza un minucioso trabajo de montaje en el que las historias se van reabsorbiendo unas en otras con fluidez. Con estimable capacidad visual, y un estilo sin duda deudor a “Tráfico” (Steven Soderbergh, 2000), combina el ritmo ágil y directo de la cámara en mano, granulado y claroscuros, con toda un gama de tonalidades cromáticas, que cambian según los personajes y ambientes sociales.








Estos elementos están al servicio de las numerosas líneas argumentales que pone en marcha, con el evidente deseo de trazar una panorámica completa de los conflictos de la ciudad. La pretensión de acaparar todos los estratos sociales acaba siendo inabarcable, y no da un respiro al espectador con un incontable número de tragedias y personajes sufrientes. La reiteración de la situación permanente de miedo y violencia es excesiva, incluso en última instancia, resulta autocomplaciente. El guión va perdiendo aliento conforme avanza, y el empuje de los distintos puntos de partida se diluye por unos caminos mucho más convencionales. El conjunto se ve lastrado por el abuso de la música de Mark Isham, que una y otra vez subraya los momentos intensos, y por un innecesario lirismo en su tramo final, que no hace ningún favor a la credibilidad de lo narrado. La previsibilidad en la que se instala es contrarrestada por varias secuencias efectistas y eficientes, algunas realmente vibrantes, como el accidente automovilístico.
Así, de manera que parece inevitable, la cinta se desliza hacia terrenos conocidos, y reformula unas premisas ya estudiadas, crispación, abuso de las armas o incomunicación, en un lugar en el que, como postula, nadie se toca, ni tan siquiera se roza, en el que parece que el único contacto posible puede ser la colisión. Aun así, nunca está de más una nueva mirada sobre la realidad, y deja caer algunas interesantes reflexiones, como la constatación de una segregación racial que, al igual que el título de la cinta, choca en cadena de unos grupos a otros. También tiene la virtud de cubrir a la mayoría de los personajes de una perceptible ambigüedad moral, en la que nadie está libre de culpa. Así, no existen héroes o comportamientos irreprochables, y, según las circunstancias, todos son capaces de acciones encomiables o de las más despreciables.










En definitiva, la trama va y vuelve sobre los recorridos emocionales que sigue cada uno de los protagonistas. “Alto Impacto” es una cinta sobre la gente, sobre los vaivenes anímicos y espirituales de su vivir en la ciudad. En este sentido, más allá de cada historia en particular, los principales focos del film recaen sobre la psicología de los personajes, sus miedos, su paranoia, su sufrimiento, su distanciamiento del otro, su ira, su violencia discriminatoria y su racismo. Si bien cada uno de los protagonistas enfrenta una situación particular, hay algo que trasciende a lo que les sucede y que funciona como nexo en común de todos: el silencio esencial de la mayoría de sus personajes, la sensación de infinita soledad que los invade, el agobio que padecen por sentirse tan desencajados y desconectados con el mundo. Detrás de cada gesto, de cada diálogo, de cada historia, a lo largo de todo el film, pero principalmente en la primera mitad, no se esconde otra cosa que la desolación. Por tratarse de una cinta que retrata el desencuentro y se estructura en función de los entrecruzamientos de distintas historias, el ritmo del relato es vertiginoso. De todas formas, llama la atención que ese desconcierto y el caos de las historias se refleje también en el modo de estructurar la narración y de llevarla adelante.
La segunda mitad del film está marcada por varios pasajes que denotan quiebres en la sensibilidad y la actitud de los personajes. Frente a una primera parte desesperanzada y plagada de personajes furiosos y desconcertados, la segunda mitad surge como más luminosa, deja esbozar un camino de escape a tanto sufrimiento y dolor. Al estilo Anderson en “Magnolia” de 1999, los recursos que utiliza Haggis son una canción o la caída de la nieve (menos delirante que la caída de sapos de aquélla, pero con la misma intención significativa), que sirven de puente para vincular las imágenes de las distintas situaciones que están enfrentando los protagonistas.

El elenco evidentemente ha reconocido la fuerza del libreto, pues tenemos una amplia gama de actores y actrices entregando muy sólidas interpretaciones, desde la interpretación de una Sandra Bullock contenida y creíble (¡auténticamente actuando!), convirtiéndose en una de las sorpresas del elenco junto a un notable Terrence Howard. Algo parecido le sucede a Ryan Phillippe, quien parece dispuesto a que olvidemos sus lamentables papeles en unas cuantas cintas para adolescentes en las que intervino hace ya unos cuantos años. A ello hay que sumarle la presencia de Don Cheadle, Matt Dillon (ambos magníficos), Thandie Newton, William Fichtner o una correcta Jennifer Esposito, siendo la labor de Brendan Fraser bastante más discreta de lo esperado, y que no olvidar al rapero Ludacris, también con una excelente interpretación.



Quizás la cinta esté demasiado centrada en los conflictos raciales específicos que se dan en el caldero multicultural de los Estados Unidos, pero eso no me impide recomendar con mucho entusiasmo “Alto Impacto”, una cinta socialmente relevante, magníficamente producida y, lo más importante, muy entretenida e interesante. Y tal vez con un poco de manipulación como sazonador. Audaz en su planteamiento, pero mucho más acomodaticia en sus resoluciones, la propuesta se acaba revelando pretenciosa. A lo largo del metraje despierta sentimientos encontrados, que oscilan entre la sensación cercana a algo ya visto y sus aciertos. En especial, permite disfrutar de una inteligente estructura que recuerda a un juego de muñecas rusas. La confusión y el caos siguen reinando, la información sigue no siendo comunicación, la tecnología no necesariamente acerca uno a otro, pero el hombre sigue siendo humano. Por más borrosas que sean las huellas, tal vez el amor y el instinto permitan guiar a cada uno hacia el encuentro con la mejor parte de su ser.

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