miércoles, 11 de mayo de 2011

CAPITULO 72: THE LIFE OF EMILE ZOLA - LA VIDA DE EMILE ZOLA (1937)





“La vida de Émile Zola”, es el segundo biopic ganador del Premio Óscar, y nos cuenta la vida del famoso escritor francés Emile Zola (Paul Muni), desde sus comienzos en la miseria y su amistad con Cezanne, la publicación de “Nana”, el retrato de una prostituta parisina, al que le siguen un éxito tras otro, hasta llegar a una madurez rodeada de lujos con los que parece haber perdido su afán combativo y haberse acomodado. Es entonces cuando recibe la visita de la esposa del oficial francés Alfred Dreyfuss (Joseph Schildkraut), acusado falsamente de espiar para los alemanes. Zola siente que tiene que tomar partido y no quedarse de brazos cruzados.
Para muchos el mejor biopic jamás realizado, género cultivado desde los albores del cine hasta la actualidad que gozó de su mayor auge en la década de los 30 y al que William Dieterle dedicó unas cuantas cintas, de hecho esta obra se encuentra en lo que podríamos denominar una trilogía sobre personajes célebres llevada a cabo por el realizador de origen europeo en la segunda mitad del decenio citado (“La Historia de Louis Pasteur de 1935, y “Juárez” de 1939, completarían el tríptico).
Aunque el hilo conductor y la excusa de este notable film es la vida de Émile Zola, es importante reseñar desde el principio que gran parte del film incide especialmente en su participación en el famoso “Caso Dreyfuss”, que puso en jaque al ejército y a la justicia francesa a principios del siglo XX. La cinta es un canto a la verdad, al tesón, a la perseverancia, a la creencia en la justicia y por encima de todo al honor de Francia y de sus gentes, y no un ataque al ejército ni a las fuerzas armadas del país vecino, porque Zola nunca atacó las instituciones sino la corrupción de algunos militares.



La cinta no descubre nada nuevo en cuanto a la dirección, correcta en todo momento, sin aportar nada respecto a cintas ganadoras de años anteriores -planos bastante fijos, apenas travellings, uso del primer plano-, algunas de ellas mucho más innovadoras en cuanto a sus recursos y su calidad visual. La fotografía tampoco es de destacar, y podemos decir que en términos generales la cinta es correcta en todos sus apartados técnicos sin destacar en ninguno.
Quizás aquí sea la historia y el personaje de Zola lo que quede por encima del resto, y se ve que el director pretende darle al escritor la importancia que se merece. Por ello está claro que la clave del film está sin duda en el guión. Un guión muy cuidado, muy sofisticado, con discursos del propio Zola, que obtuvo un merecido Óscar. Destacar las escenas del juicio y la lectura del impresionante artículo “Yo acuso” en la redacción del periódico.
En el apartado interpretativo Paul Muni está excelente, con una brillantísima interpretación casi de método. Sientes lo que dice, sientes que es el mejor abogado de las causas perdidas, y está esplendoroso en sus discursos. Tampoco no olvidar del actor que da vida a Dreyfuss, Joseph Schildkraut, Óscar a mejor actor secundario, una grandísima interpretación llena de emoción. El resto del reparto simplemente correcto, a destacar Donald Crisp en su papel como abogado defensor, lleno de fuerza, garra y buen hacer.






Enorme éxito de crítica y público, la cinta se acerca a la figura del renombrado intelectual y escritor naturalista francés focalizando la acción en el papel que éste desempeñó en el Caso Dreyfuss; antes el film discurre en su primera parte entre los habituales cauces del género de manera veloz presentando los inicios del escritor y su ascensión a la fama pero es precisamente con la irrupción en el relato del acontecimiento que sacudió a la sociedad francesa de finales del XIX y principios del siglo pasado, cuando la cinta cobra verdadero dinamismo: en la parte dedicada al juicio seguido contra Zola el film exhibe sus momentos álgidos generando la tensión dramática que le falta en su inicio e incluso en su conclusión. No obstante estos altibajos, la cinta resulta amena y sirve para conocer un hecho histórico de gran magnitud que sacudió los cimientos de la III República Francesa aunque presentado con evidentes licencias dramáticas al igual que algunos detalles biográficos de la figura central del film; personaje central que encarna uno de los actores más célebres y reconocidos de los años 30: Paul Muni, sirva esta obra como reconocimiento y como aproximación a su exitosa y relativamente corta carrera-rodó cerca de la treintena de cintas-.Probablemente la actuación de Muni nos pueda parecer teatral pero no hay que olvidar la época en que se filmó la cinta (aquél era el estilo imperante en aquellos años) y podemos constatar el amplio registro del actor que le permite transmitir diferentes aspectos del personaje (arrogancia, narcisismo, etc) destacando de manera notable su inmersión en el personaje, ejecutada con una preparación casi enfermiza, meticulosa y perfeccionista hasta el extremo en la que podría ser una forma de afrontar su profesión anticipadora o pionera del famoso Método que siguieron actores reconocidos de años siguientes. Además con la ayuda de Perc Westmore supo crear un magnífico maquillaje para caracterizar al escritor. Reseñable también es la interpretación galardonada con el Oscar a Mejor Actor de Reparto de Joseph Schildkraut como el Capitán Dreyfuss, el militar judío acusado de espionaje y recluido en la Isla del Diablo; suya es una escena extraordinaria en el momento de su liberación.




Más allá de la ficcionalización de la vida de Zola y/o del hecho histórico que funciona como eje central del relato, “La Vida de Émile Zola” es una producción técnicamente correcta en la que destacan algunas escenas de montaje y otras emotivas (la citada de la excarcelación de Dreyfus, la de la pública humillación de éste o cuando Zola pide prestado a su editor) y se constituye en film entretenido que toca de soslayo (quizás esquive) el tema del antisemitismo y que nos aproxima a sentir curiosidad por uno de los intelectuales más importantes de la segunda mitad del siglo XIX así como también por el acontecimiento que supuso el Asunto Dreyfus, claro exponente de la corruptela del poder.

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