sábado, 7 de mayo de 2011

CAPITULO 68: PATTON (1970)






Franklin J. Schaffner es uno de esos directores que a lo largo de su carrera realizaron muy pocas cintas, pero dejaron una huella indeleble en el séptimo arte. De la lista de sus catorce films hay dos que enseguida llaman la atención. Una es “El Planeta de los Simios” de 1968 la otra es “Patton”.
Ambas tienen en común el haber creado iconos cinematográficos fácilmente identificables por la sociedad. En la primera tenemos a Charlton Heston arrodillado frente a la Estatua de la libertad en uno de los mejores alegatos antibelicistas que se han mostrado en una pantalla. En la segunda tenemos esos 6 minutos de impactante discurso inicial de George C. Scott con la bandera norteamericana al fondo.

La cinta, pese a ser estrenada en pleno apogeo de la guerra de Vietnam, tuvo una buena acogida por parte del público y de la crítica, siendo nominada a 9 Premios Oscar de la Academia  y alzándose con 7 estatuillas (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor Protagonista, Mejor Guion Original, Mejor Montaje, Mejor Dirección Artística y Mejor Sonido). Lo más curioso es que fue vista simultáneamente como burda propaganda belicista y como panfleto pacifista. Los primeros recalcaban la frases que recita Patton: -All real Americans love the sting of battle... That's why Americans have never lost, and will never lose a war... because the very thought of losing is hateful to Americans -, o mostrándolo como si fuera el último de los héroes románticos (en una escena se dice de él es una especie de Don Quijote). Los segundos incidían en que Patton era presentado, no como un héroe, sino como una especie de psicópata egocéntrico con ínfulas de poeta que sólo era feliz en la guerra y que creía en la reencarnación.

Veinticinco años después de su estreno la controversia sobre cinta renació, pero esta vez de la mano del director Oliver Stone. Al parecer, “Patton” era la cinta favorita de Nixon y quiso utilizar algunas imágenes en su película biográfica sobre dicho presidente. Según Stone, “Patton” era una incitación directa al genocidio y la consideraba una de las dos cintas más influyentes sobre la historia norteamericana porque inspiró a Nixon el bombardeo sobre Camboya y Laos. Lo malo del alegato de Stone es que en su opinión la segunda cinta más influyente pero en sentido positivo, era su “J.F.K” (lo que demuestra que la modestia es una virtud de la que carece Stone). El caso es que al final Stone se quedó sin “Patton” porque el propio George C. Scott se negó a permitir el uso de cualquier escena de la cinta.
El guión de “Patton” era inicialmente de Francis Ford Coppola, pero posteriormente se tuvo que añadir a Edmund H. North. Al parecer Coppola estaba creando un personaje demasiado grandioso y North tuvo que devolverle a la tierra. Para realizar su trabajo, ambos se basaron en la biografía del General Patton escrita por Ladislas Farago y en las memorias del general Omar Bradley, que incluso llegó a ser asesor técnico de la producción. La historia base, aunque auténtica, es arquetípica: héroe que consigue una proeza, cae en desgracia, vuelve a levantarse realizando una proeza mayor y vuelve a caer en desgracia.

La cinta tiene el mérito de intentar penetrar en la psicología del polémico personaje y no quedarse tan solo en un muestrario de sus hazañas. Hay secuencias en las que vemos a un Patton intimista y abstraído por sus poemas y su forma de ver la vida, auto considerándose como un anacronismo en un mundo demasiado avanzado. Como un antiguo guerrero-poeta medieval cuya armadura y montura es un tanque en lugar de un caballo.



Desde el punto de vista histórico la cinta nos va a mostrar las principales luces y casi todas las sombras del más famoso general norteamericano de la Segunda Guerra Mundial. Al comienzo vemos como Patton toma el mando del desmoralizado ejército norteamericano en África del Norte tras su derrota en el paso de Kasserine. Su segundo al mando es Omar Bradley (un soberbio Karl Malden). Patton comienza a demostrar sus rarezas pero también sus dotes de mando y así conduce a los norteamericanos a la victoria en la batalla de El Guettar. Probablemente es la secuencia bélica más espectacular de toda la cinta. En ella vemos un asalto frontal de los tanques e infantería alemana contra las posiciones estadounidenses, algo bastante aproximado a lo que ocurrió inicialmente. Lo que no se nos muestra es la segunda parte, cuando Patton contraatacó, y su rendimiento no fue precisamente bueno. Pero lo cierto es que los norteamericanos habían ganado su primera batalla contra los alemanes.

Seguidamente, Patton participará en la invasión en Sicilia y allí es cuando llegamos a la culminación de su enfrentamiento con Montgomery (interpretado por Michael Bates). Patton no duda en usar las fuerzas al mando de Bradley para entretener a los alemanes en una costosísima lucha por el interior mientras el va tomando ciudades a los alemanes. Es aquí donde se le ordena que no tome Palermo, pero él la toma y entonces pregunta ¿Se la devuelvo a los alemanes? Lo cierto es que esa frase la dijo, pero en la ofensiva de las Árdenas y refiriéndose a una villa, no a una ciudad. Y es justo en ese momento de gloria cuando comete el peor error de su vida. Golpea a un soldado que ha sido ingresado por “fatiga de combate”.
Eisenhower obligó a Patton a disculparse ante todo su ejército y luego le relevó del mando. Los alemanes no se podían creer un general victorioso pudiera ser apartado del mando por la nadería de pegar a un soldado y por el escándalo montado por la prensa y la opinión pública. Eso es lógico si tenemos en cuenta que tipo de opinión pública hay en las dictaduras. Pero Patton todavía resultaba útil aunque no dirigiese tropas. Fue una de las piezas clave en la “Operación Fortitude” diseñada para engañar a los alemanes sobre el verdadero objetivo de los aliados para la invasión de Francia.

Pero tras el estancamiento sucedido en Normandía, se tuvo que recurrir de nuevo a sus habilidades. De todas formas está claro que Patton tuvo que rogar mucho para conseguir nuevamente un puesto de combate y eso se ve muy bien en la secuencia en la que Scott y Malden mantienen una conversación en el puesto de mando. Patton ahora es el subordinado de Bradley y éste le dice que si por él fuera no le habría devuelto un mando de combate. Yo lucho porque me han entrenado para ello, tu lo haces porque te gusta-, le dice Bradley a Patton. Pero por intercesión de Ike le da el mando del Tercer Ejército y consigue realizar con éxito la “Operación Cobra”. En la cinta vemos que sólo la falta de gasolina impide a Patton invadir Alemania y derrotar él solito al Tercer Reich, lo cual es exagerado.



El gran momento de gloria de Patton es su intervención durante la Batalla de las Árdenas. Al parecer previó la contraofensiva invernal de los alemanes y comenzó a preparar su famosa cabalgada para realizar su ataque de flanco sobre las fuerzas alemanas. Es precisamente con un mapa que muestra dicha maniobra con lo que se simboliza el final de la Segunda Guerra Mundial. Dicho mapa arde en llamas durante el desmantelamiento de las instalaciones del alto mando alemán tras la caída de Berlín. El capitán alemán encargado de analizar a Patton dice de él que es un guerrero nato y profetiza que la paz acabará con él, mientras lanza una fotografía suya al fuego.

Y precisamente es en la siguiente escena en la que vemos a un majestuoso Patton montando a caballo cuando contemplamos su caída definitiva. Sin rodeos, Patton compara la pertenencia al partido nazi con la de los partidos demócrata y republicano en los USA. Y para rematar pronostica el enfrentamiento con la URSS y que lo mejor que pueden hacer es aliarse a los alemanes y luchar contra los comunistas. Algo muy semejante a los que defendían algunos altos mandos alemanes que favorecían el armisticio con los aliados.
Tenemos que tener en cuenta que Scott no recogió su Premio Oscar porque en su opinión aquello era un mercado de carne y no quería formar parte de él. Scott consiguió que la gente identificara a Patton con su interpretación. Lo más curioso es que la voz del autentico Patton era bastante aguda, mientras que la de Scott era mucho más grave. En cuanto al famoso discurso, es un conjunto de diferentes frases y citas auténticas de Patton. En la primera versión incluso se decían muchas más obscenidades. Scott le hizo prometer a Schaffner que lo pondría justo después del intermedio pues en su opinión era lo mejor de la cinta y por lo tanto su interpretación podría verse devaluada si lo ponía al principio. Schaffner le engañó. Así vemos que es la única cinta de la 20th Century Fox que comienza sin el logo de la compañía en el primer fotograma.

En el aspecto cinematográfico hay que destacar la banda sonora de Jerry Goldmisth y que fue filmada en las técnicas más avanzadas de visión panorámica en aquel momento. Una parte sustancial de la cinta fue rodada en España, principalmente en Almería (África y Sicilia), el palacio de La Granja de Segovia (discurso de disculpa de Patton), Navacerrada y la Sierra de Urbasa en Navarra (las Árdenas). Y como extras a una gran parte del Ejército Español. Los Heinkel 111 que se ven son los mismos CASA 2.111 que se utilizaron en la producción “La Batalla de Inglaterra” de 1969. En cuanto a tanques, en el bando yanqui lo que se ve son M24 Chaffess. Y en el bando alemán una pequeña ironía, pues son M48 Pattons. No debemos olvidar que la cinta es de los años 70 y en esa época no había técnicas digitales. Así que las escenas bélicas son muy buenas para la época, pero ahora se las nota bastante obsoletas.



Curiosamente la película no hace mención ninguna a que fue el primer general en tener tanquistas negros bajo su mando. De hecho, el pidió expresamente que el Batallón “Panteras Negras” le fuera asignado. En su discurso de bienvenida a la unidad les dijo - En mi ejército quiero lo mejor... No me importa el color de piel mientras maten a esos Krauts hijos de perra... Nuestra raza nos observa, no les defrauden y ¡Maldita sea no me defrauden a mí!- Todo un ejemplo de igualitarismo. Tampoco se hace referencia alguna a la liberación de los campos de exterminio por parte de sus tropas.

Tampoco se muestra el lado más oscuro de la biografía de Patton. En marzo de 1945, Patton organizó secretamente a la Task Force Baum. Su misión era penetrar 80 km en territorio enemigo y liberar un campamento de prisioneros donde se encontraba el yerno de Patton. La misión fue un completo fracaso. De los 300 hombres y 57 vehículos que formaron dicho grupo de asalto sólo 35 regresaron a las líneas aliadas. Otros 32 fueron muertos y el resto hechos prisioneros. Todos los vehículos se perdieron.
Volviendo a la polémica de si es una obra pro-belicista o anti-belicista. Quizás la respuesta está en uno de los diálogos de la misma cint. En una escena, uno de los soldados comenta a otro - There he goes. "Old Blood and Guts".  A lo que el compañero contesta - Yeah, our blood and his guts.






El mayor mérito de “Patton” es el de retratar a la perfección la fascinante personalidad combativa, megalómana y obsesiva del general, reflejando tanto sus virtudes militares (audacia e inteligencia táctica), como sus defectos personales (soberbia y falta de tacto). La interpretación (mítica) que George C. Scott hace de Patton es absolutamente magistral, consiguiendo, más que un personaje, una reencarnación física y espiritual del general norteamericano. Otro aspecto a su favor es el del rigor histórico, pues el argumento es muy fiel a la historia real, y sabe condensar muy bien los principales hechos militares de contienda desde la llegada de Patton a África, mostrando como hizo reaccionar a sus tropas tras el desastre de Kasserine, la guerra de egos mantenida con el general británico Montgomery, y las posteriores desavenencias con sus superiores tras el famoso incidente de la bofetada, hasta su rehabilitación para la campaña de Normandía. En todo caso, sus grandes virtudes hacen que nos encontremos ante una de las joyas del género bélico. Sin duda, “Patton” es uno de estos títulos imprescindibles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario