viernes, 6 de mayo de 2011

CAPITULO 67: BORN ON THE FOURTH OF JULY - NACIDO EL CUATRO DE JULIO (1989)






Si hay un cineasta que ha agitado la conciencia de la sociedad estadounidense en los últimos años, este ha sido Oliver Stone. En la época en la que estrenó “Nacido el Cuatro de Julio”, por la que ganó el Premio Oscar al Mejor Director, ya se había dado a conocer, sobre todo a través de dos grandes obras que analizaban desde un punto de vista muy crítico la reciente historia de su país: “Pelotón” de 1986, acerca de sus terribles experiencias en Vietnam y “Wall Street” de 1987, una panorámica muy precisa de las perversidades del capitalismo.
Posteriormente redondearía su carrera con dos magníficas cintas dedicadas a los presidentes más controvertidos del siglo XX: “J.F.K” de 1991, que intentaba profundizar en los enigmas del asesinato de Kennedy y la que puede ser considerada su gran obra maestra “Nixon” de 1995, donde Anthony Hopkins realizó una memorable interpretación del más mentiroso de los dirigentes estadounidenses (con permiso de George Bush Jr.). Historia viva y controvertida del país más poderoso del mundo.
En los últimos años el director parece haber bajado el listón, filmando una importante cantidad de cine documental, hasta el punto de que algunos críticos cuestionan su carrera. Es posible que su definitiva consagración llegue con la filmación de su último proyecto: una recreación de la masacre de My Lai en Vietnam.
“Nacido el Cuatro de Julio” se basa en las memorias de Ron Kovic, un joven idealista que se alistó en los Marines para acudir a Vietnam a luchar por su país. Resultó malherido en una escaramuza, quedando inválido. A partir de entonces, después de varias crisis personales, Kovic se dedicó a denunciar activamente las mentiras que habían llevado a su país a embarcarse en tan costoso conflicto, convirtiéndose en un personaje muy popular entre los opositores a la guerra.
Para interpretar a Ron Kovic, Oliver Stone contó con un Tom Cruise que seguramente realiza la interpretación más memorable de su carrera. La cinta comienza narrando la niñez del protagonista, el ambiente en el que se cría, en la América profunda, marcado por el conservadurismo de su familia y la veneración al estamento militar, auténtico representante de las esencias de la nación para aquellas gentes.
Los Kovic hacen suyo el discurso oficial que preconiza que la guerra contra el comunismo en cualquier lugar del mundo donde se encuentre es indispensable para salvaguardar al país (argumentos muy parecidos, por cierto, a los que se usan a la hora de justificar la actual "guerra contra el terrorismo") y educan a su hijo en la necesidad de ser siempre el mejor en todo lo que hace, en la competitividad típica de la sociedad estadounidense. Su idealismo extremado le van a hacer ingresar en los marines y partir hacia Vietnam, con el solo deseo de sacrificarse por salvaguardar su país, tal y como le han enseñado sus padres y los políticos de Washington.
Como es lógico, una vez en Vietnam, Ron comprenderá que la vida no se divide en blanco y en negro, sino que imperan los tonos grises. Una operación del ejército se puede saldar con decenas de muertes civiles y con muertos por fuego amigo. Él mismo, una vez herido gravemente, puede comprobar en sus propias carnes la importancia que tiene para el Estado su sacrificio como soldado: es ingresado en una clínica del Bronx que tiene más de pocilga que de hospital. Allí vivirá un auténtico infierno motivado por la falta de medios y motivación del personal que le atiende. Su vuelta a casa no es menos decepcionante: encuentra un ambiente poco propicio para reintegrar en la vida social a los héroes de Vietnam. Su misma madre se preocupa más por su lenguaje obsceno que por sus heridas físicas y morales.




Después de esto, Kovic se entregará a un proceso de autodestrucción personal, del que solo va a poder resurgir a través de su conversión en guerrero en una nueva batalla, mucho más importante que la anterior, la batalla por la verdad, la lucha por desvelar los auténticos motivos que llevaron a los dirigentes a mandar al Ejército a un país tan distante y con unos objetivos tan difusos. Kovic se va a ver despreciado, en unas escenas casi de guerra civil dentro del territorio estadounidense. Finalmente logró que su voz fuera escuchada, lo que le otorgó nuevas motivaciones para seguir viviendo.
Oliver Stone imprime un ritmo perfecto a la historia de Ron Kovic. El espectador comprende perfectamente el discurso contra el burdo nacionalismo que se alimenta del furor bélico contra enemigos ideológicos, a los que se retrata como una amenaza inminente para la integridad del propio territorio. Dichas mentiras calan en las capas más ingenuas de la población, que se sacrifican con una sonrisa en los labios en el altar de los más oscuros intereses, mientras creen estar realizando una buena obra por su país.
Kovic tardó en ser consciente de todo esto, pero cuando despertó, fue consecuente y se embarcó en una campaña de desenmascaramiento de los responsables de una guerra que supuso un golpe moral para todo un país. Con ello, su gran sacrificio sirvió para abrir los ojos de muchos de sus ciudadanos, absolutamente dóciles ante una política oficial que amparaba los peores crímenes contra los ciudadanos de un país pobre que tenían la mala suerte de vivir entre dos fuegos. Cuando los demonios de Vietnam no se han apagado aún del todo, Estados Unidos mantiene en la actualidad dos guerras de utilidad y futuro inciertos. Pero la historia se repite, y siempre existirá una cantera de jóvenes idealistas como Kovic, capaces de inmolarse sin comprender demasiado bien el sentido de su lucha.
Sin lugar a dudas “Nacido el Cuatro de Julio” es la mejor obra de su autor por distintos motivos. A pesar de ser la segunda entrega de su trilogía sobre Vietnam, guerra en la participó como voluntario al igual que Kovic, es una producción en distintos aspectos superior a las ya de por sí excelentes y muy meritorias “Pelotón” y “El Cielo y la Tierra”. Porque por primera vez Stone nos hablaba de la vuelta a casa, del duro e interminable camino hacia la reinserción en la sociedad de los jóvenes que sobrevivían a duras penas a un conflicto innecesario que a Estados Unidos le vino grande desde el principio. Muchos de ellos mermados psicológicamente y otros, como el caso de Kovic, en el plano físico, quedando paralítico de cintura para abajo.
“Nacido el Cuatro de Julio” supone un choque entre dos ideologías que más tarde pasarán a dar forma a una compleja conjunción, una conservadora y otra progresista. Esta diatriba es sutilmente representada por Stone como la colisión entre el cine clásico y el moderno. La primera media hora de metraje es una oda al Hollywood de la época dorada, a las típicas historias de patriotismo, primer amor, familia, culminando con esa escena John for diana del baile de graduación con Moon River sonando de fondo. Todo es un elegíaco retrato sobre la American Way of Life. Después pasamos a la parte más estrictamente bélica del film en la que vemos una muestra de ese tipo de cine crítico y descreído sobre el conflicto vietnamita que remite a obras de Coppola, Cimino o a previas del mismo Stone.




A continuación, con el regreso de Kovic a casa, a “el mundo”, como gustaba decir a los soldados americanos en Vietnam, asistimos al choque frontal de esas dos visiones generacionales del cine. Lo clásico se introduce en la modernidad y viceversa, construyendo una interesante lucha entre el progresismo y lo conservador. Ron a la vuelta de la guerra que le cambió la vida se encuentra en una tierra de nadie, tanto en el sentido literal como en el figurado. Aún quiere ser ese joven patriota que entregó su vida por una causa que creía justa y necesaria, pero el precio que pagó por ello, lo que allí presenció y lo que perdió en aquellas dunas olvidadas en Asia ponen en tela de juicio su sistema de valores y todo por lo que luchó.
Oliver Stone nos muestra las distintas caras de una misma moneda. Por un lado podemos ver el trato vejatorio que recibieron los veteranos heridos de guerra. Olvidados en hospitales en condiciones infrahumanas, sin los cuidados médicos necesarios para su adecuada rehabilitación, por un gobierno (por aquel entonces, 1969, ya el de Richard Nixon) que los usó como a perros por una causa infecta que no se sostenía por sí sola, para después abandonarlos a su suerte, sin dar ayuda económica alguna a la sanidad para al menos conseguir curar sus heridas de combate y con ello permitirles volver a casa con sus familias.
En el otro lado del espectro tenemos una América que había perdido la inocencia. Por culpa de varios motivos, como el hecho de que por primera vez las televisiones emitieran imágenes en tiempo real sobre un conflicto bélico por parte de Estados Unidos y también por un magnicidio que acabó no sólo con un presidente sino también con un ideal que en principio parecía inquebrantable, el de una nueva América más libre y mejor. Los ciudadanos americanos no recibieron a los veteranos de aquella guerra como a héroes, sino como a asesinos. En dicha época el movimiento hippie por desgracia confundió estar en contra de la guerra, con estar en contra de aquellos que la libraron, que son cosas muy distintas. Por suerte muchos de ellos supieron distinguir tal diferencia. Estas personas están representadas en el inolvidable personaje de Donna, interpretado por una creíble Kyra Sedgwik.
Ron Kovic perdió algo más que sus piernas en Vietnam. Perdió su juventud, el poder mantener las relaciones sexuales con una mujer que nunca pudo experimentar, la posibilidad de tener hijos y crear una familia. Perdió el respeto de una indulgente madre que confundió orgullo maternal con egoísmo puro y duro, la salud de un pobre padre que por haber participado en la Segunda Guerra Mundial sabía que era a lo que se enfrentaría su hijo, a Donna, el amor de su vida que se quedó en casa mientras él se alejaba 20.000 kilómetros de su Massapequa natal para combatir una supuesta invasión comunista que nunca tomó forma, porque nunca existió más allá del país vietnamita que la originó, Ho Chi Minh mediante.
De nuevo en América y gracias a Donna, Ron descubre lo que los jóvenes que fueron al frente desconocían o no querían ver. Que todo fue una gran mentira, que una generación de niños, porque eran muy chicos, americanos estaban perdiendo la vida por una causa injusta. Al tomar el protagonista conciencia de la realidad, termino muy de izquierdas que no sorprende que Stone utilice como resorte narrativo, descubre por fin su lugar en la sociedad, el puesto que debe ocupar en ella, que no es otro que dar voz a aquellos que vivieron la locura de Vietnam, enseñar a los que vendrían después (como bien decía Chris, el personaje de Charlie Sheen, en los últimos minutos de “Pelotón”) y luchar por una causa que no era otra que traer a sus compañeros a casa, aceptar la derrota y evitar que la historia se repitiera en tiempos venideros.





Ya en el plano cinematográfico la cinta supuso una ruptura importante dentro del estilo de Oliver Stone como cineasta. “Nacido el Cuatro de Julio” dejaba percibir con sutileza el paso del uso de largos planos, secuencia y travelling con steadycam muy elaborados, al estilo nervioso, de tomas cortas y montaje frenético, ciertamente más efectista, que desarrolló en los 90. También se dejaba ver el uso (bastante adecuado) de cámara lenta para enfatizar los momentos dramáticos y el uso perfecto del magnífico tema que John Williams firmó para el film y uno de los más logrados de su carrera como compositor.
El reparto es extenso, hay pequeñas apariciones de muchísimos actores, algunos geniales como Dafoe, Levine o Whaley, pero todo el peso recae en Tom Cruise, que se implicó de manera sobrehumana con la causa de Stone. Cruise en “Nacido el Cuatro de Julio”, no hace de Ron Kovic, es Ron Kovic. Las complicadas escenas con la silla de ruedas, las que realiza con muletas en la rehabilitación, los tics nerviosos, la modulación de voz, la dignidad con la que lleva esos horribles postizos capilares, lo visceral de las escenas dramáticas que protagoniza, lo veraz de su llanto. El protagonista de “Misión Imposible” es mejor actor de lo que muchos le quieren reconocer y a pesar de haber realizado algunos personajes más, del todo recuperables, nunca ha vuelto a estar mejor que en este gran film.
“Nacido el Cuatro de Julio”, es muestra palpable de la perfecta confluencia entre cine comercial y de denuncia. Un trabajo sincero en el que dos veteranos de una guerra cruel, injusta y aberrante que se cobró la vida de millones de hijos de América y Asia, nos hablan de cómo fue aquel conflicto, de cómo destrozó vidas y familias enteras, de cómo cambió radicalmente a un país como Estados Unidos para el que la derrota hasta ese momento era algo que no conocía.
El desfile con los veteranos reaccionando asustados antes los petardos, ese primer beso de dos niños entra fuegos artificiales. La escena del partido de beisbol, esa madre presagiando que su hijo hablará ante multitudes diciendo grandes cosas, la escena del baile. Esa masacre en un poblado vietnamita, aquel error fatal entre la confusión producida en las dunas, el mando que resta importancia al hecho. Aquel 20 de Enero en el que Ron perdió la mitad de su cuerpo, el hospital de mala muerte en el que se trataba como a animales a personas que lo habían perdido todo. El duro regreso al hogar, con ojos repletos de miradas entre compasivas y recelosas, el llanto de ese padre que se derrumba al ver lo que queda de su primogénito.
Ese otro desfile del 4 de Julio en el que es Ron ahora el que reacciona temeroso a las explosiones de los petardos, esa noche de blasfemias e insultos en el supuesto hogar ideal que desemboca en el viaje a México. Necesario purgatorio en el que el protagonista se encuentra a sí mismo, con aquella terrible y misericordiosa desvirgación sexual entre lágrimas que encoje el alma y el definitivo retorno a casa con Ron convertido en un icono necesario para los hijos de una América ciega y puritana que debe abrir los ojos ante la realidad por su propio bien y supervivencia. Son muchas las escenas que hielan la sangre, o el tener que ver entre lágrimas.




“Nacido el Cuatro de Julio” no cambia con el tiempo, pero la sociedad actual sí. A día de hoy se reconoce que por muy idealista que uno quiera ser, detrás de una frase tan aparentemente sencilla como “No a la Guerra” existe una compleja maraña de ideas, intereses y causas que no son sencillas de defender o criticar. Decir sí o no a algo tan complicado como los motivos por los que se lleva a cabo un conflicto bélico sin saber de qué se habla es lo más fácil, pero también lo más cobarde. Aunque lo que no cambia cada vez que uno ve la séptima cinta de Oliver Stone es una sola cosa. Que no hay país, causa, bandera, ideología, interés económico, político o religioso que merezca la pena ser defendido cuando un solo padre, uno solo, ve volver a su hijo a casa en una silla de ruedas convertido en una sombra de lo que alguna vez fue. En ese sentido la opinión de muchos, no la cambiará nada ni nadie, por muchos años que pasen.
Nacido el Cuatro de Julio” ganó 2 premios Oscar de la Academia (Mejor Director, Mejor Montaje) y fue nominada para otros 6, incluyendo Mejor Película, Mejor Actor Protagonista (Tom Cruise) y Mejor Guion Adaptado. Por otro lado ganó 4 Globos de Oro (Mejor Película Drama, Mejor Director, Mejor Actor Drama y Mejor Guión).

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