jueves, 5 de mayo de 2011

CAPITULO 66: PULP FICTION - TIEMPOS VIOLENTOS (1994)







Los asesinos a sueldo Vincent Vega (John Travolta) y Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) trabajan para un mafioso llamado Marsellus Wallace (Ving Rhames). Vincent tendrá que proteger a la pareja de Marsellus, Mia (Uma Thurman), quien termina al borde de la muerte tras una sobredosis de heroína. Por otra parte un boxeador llamado Butch Coolidge (Bruce Willis) pretende escapar de la ciudad tras no cumplir con el combate amañado que había convenido con Wallace.
Tras su paso por Europa con “Nido de Perros” de 1992 y el éxito creciente de su debut, Quentin Tarantino se fue encontrando muy a gusto alejado del ambiente de Hollywood, al que, a pesar de todo, no pertenecía. Recordemos que era un joven que tan sólo había estrenado una cinta violenta y había logrado un buen éxito de taquilla y un puñado de críticas positivas pero todos estaban expectantes a su siguiente paso. Necesitaba demostrar que su carrera irrumpiría y no se quedaba en un amago de inspiración.
Para llevar a cabo su siguiente obra completamente personal y una vez “Asesinos por Naturaleza” estaba en manos de Oliver Stone y “Romance Salvaje” de 1993 reportándole cierto prestigio como guionista, decidió establecerse una temporada en Europa. Gracias a un contrato de novecientos mil dólares con TriStar para escribir el guión de su nuevo trabajo, Tarantino se marchó a Amsterdam, donde se recluyó durante varias largas semanas con la finalidad de volcar todos sus esfuerzos en el guión de “Tiempos Violentos”. Escribiendo en un mugriento apartamento con su vieja máquina de escribir, encontró su inspiración para desesperación de su manager, Cathryn Jaymes en Hollywood.
Al menos, supo justificar su pasotismo e individualismo con un guión que estaba llamado a convertirse una cinta transgresora, original (dentro del estilo referencial propio de Tarantino) y que marcaría un hito. Aunque si bien es cierto, que el primer borrador de su historia tenía 500 páginas y tras un primer vistazo de los ejecutivos de TriStar, el guión fue rechazado porque no parecía una cinta de su estilo. Curiosamente los distribuidores de “Nido de Perros”, los hermanos Weinstein, no dudaron que “Tiempos Violentos” sería un éxito. Y Miramax se hizo cargo de la producción definitiva.




Tarantino supo exprimir su peculiar universo cultural, que abarca desde las cintas orientales de acción, pasando por series de televisión, el pulp (unas revistas ilustradas con llamativas portadas que contenían relatos básicamente de género negro, aunque se tocaban muchos otros temas como la ciencia- ficción o aventuras, y que dieron renombre a autores tan conocidos como Edgar Rice Borroughs, Leigh Brackett o Dashiell Hammett) hasta una gran retahíla de films de serie B clásico pertenecientes al género de acción que seguro pasaba horas y horas contemplando desde su puesto de trabajo en un pequeño videoclub, sus experiencias y su enorme talento para el diálogo en un guión que quería romper con los moldes. Tanto en la narrativa, en la que mostraba una nueva forma de mostrar una historia violenta y de gánsteres (pero con apenas cinco minutos de violencia explícita en todo el metraje), como a la hora de aglutinar referencias, dotarlas de su personal visión y mostrarlas de un modo del todo fascinante, brillante y con un dominio de la narración inesperado. Aunque mucho de “Tiempos Violentos” se apunta ya en “Nido de Perros”, aquí Tarantino prescinde de la atmósfera claustrofóbica para presentarnos una historia fragmentada, pero hilada con unos diálogos sobresalientes, que hacen avanzar la historia a un ritmo trepidante.
Gran dominador del tiempo, de la acción, de los diálogos, de la construcción de personajes, Tarantino extrae con suma inspiración un puñado de escenas inolvidables (el baile, el monólogo de Walken, la adrenalina inyectada…). Muchas de ellas quedan impregnadas en la memoria del espectador sin un afán moralizador, sin querer impregnar un mensaje en su cine. Tan sólo entretener, divertir y ofrecer un espectáculo de fuegos artificiales sublime a base de un guión sólido.
También podemos mencionar la enorme astucia que muestra en la creación de sus personajes. Nada originales, de los que ya hemos conocido en múltiples ocasiones, pero llevándolos un paso más allá, extrayendo el máximo de los estereotipos de gánster, de boxeador tramposo, o de la novia del jefe, una tentación en forma y fondo. Tarantino dota a sus personajes de alma, de personalidad y lo consigue no sólo dibujándolos con suficiente tino en el papel, sino también trasladando su esencia con un puñado de actores a los que sabe sacarles lo mejor de sí mismos.




Ni que decir tiene, que la recuperación de un John Travolta denostado y olvidado para el cine, es obra de Tarantino. De su apuesta personal y de darle un personaje inolvidable. Pero en general, la cinta posee un reparto coral muy inspirado, sobresaliente. Desde un Bruce Willis memorable a una fascinante Uma Thurman o un locuaz evangélico y despiadado Samuel L. Jackson.
Como cinta violenta y de criminales, Tarantino no renuncia a mostrar escenas repletas de sangre, de acción o de mostrar con gran detalle las drogas y su consumo. Consigue virtuosidad en su puesta en escena de forma provocativa, pero también midiendo con especial cuidado. Es más violento lo que sugiere que lo que muestra (como ya hiciera en la famosa cercenación de oreja en “Nido de Perros”), y eso que antes intentaba homenajear a su añorada revista Black Mask, donde el asesinato, la sangre y los bajos fondos eran los ingredientes principales.
Tarantino se muestra tan extrovertido como provocador y violento, pero llenando todo el film de un humor negro que logra envolver el resultado matizándolo y mostrando una cinta no sólo digerible, sino especialmente entretenida. Nos arrastra en una historia de criminales, vestidos con elegancia y mostrados con una enorme normalidad y humanidad. Desde las citas bíblicas a las conversaciones sobre las diferentes denominaciones de una hamburguesa ya sea en Europa o en Estados Unidos. Temas aparentemente intranscendentes pero que definen a los personajes, los aproximan al espectador y lograr ganarse una empatía a base de humor negrísimo. Del mismo modo que se acoge los estereotipos de personajes rudos, de féminas atractivas para desenmascáralos, para mostrarlos sin prejuicios, incluso reconstruyendo el arquetipo made in Hollywood porque no pretende sino desprenderlos de su habitual comportamiento, para presentarlo más próximos, menos acartonados.






“Tiempos Violentos” presenta su particular universo “hardboiled”, repleto de referencias cinéfilas, a la cultura pop, de recursos narrativos como la estructura circular (y episódica) o de una banda sonora impregnada de aire setentero, que consigue lograr un homenaje al cine de serie B, a la vez que aporta un cierto postmodernismo que tiene más de refrito que de originalidad, pero que en absoluto se le puede restar mérito (como por ejemplo la famosa escena del baile está claramente inspirada en ‘Banda aparte’ de Godard). Con un sinfín de homenajes y citas a iconos y personajes de la cultura americana (desde Douglas Sirk hasta Marilyn Monroe, desde la pareja Lewis/Martin hasta el rock de los 50), una notoria banda sonora repleta de grandes canciones interpretadas por ilustres músicos del pasado, como el surfer Dick Dale, el soulman Al Green, los funkies Kool & The Gang, la maravillosa diva británica de los 60, Dusty Springfield, el padre del rock & roll, Chuck Berry o los contemporáneos Urge Overkill, versionando un viejo tema de Neil Diamond; unos personajes singulares bien desarrollados que mantienen unas conversaciones vívidamente intensas sirven a Tarantino para filmar una gran cinta.
Es más un homenaje como Tarantino entiende el homenaje: mostrar sus gustos con enorme pasión y respeto. Además, en esta ocasión, lo consigue con inspiración, con diálogos magistrales, con personajes inolvidables y un estilo que marcará tendencias durante los siguientes años. Tarantino logra con “Tiempos Violentos” la culminación de su estilo.

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