martes, 3 de mayo de 2011

CAPITULO 64: CIMARRON (1931)





La acción de este western tiene lugar en Wichita (Kansas) y Osage (ciudad de ficción), entre 1889 y 1929. Yancey Gravat (Richard Dix), editor de un periódico, abogado, hábil y certero con las pistolas y enemigo de los prejuicios raciales, decide participar en el "land rush" de Oklahoma del 22 de abril de 1889, por medio del que se distribuyen gratuitamente entre colonos parcelas de tierra que en conjunto sumaban 2 millones de acres. Aspira a obtener las tierras de Little Bear Creek, pero una aventurera, Dixie Lee (Estelle Taylor), se le adelanta. Decepcionado decide irse con su mujer (Irene Dunne) y su hijo a Osage (Oklahoma), donde decide montar un nuevo periódico. Llevado por su espíritu aventurero e incapaz de estar más de 5 años en el mismo sitio, Yancey participa en el "Oklahoma String" (1893), la guerra de Independencia de Cuba (1895-1899), etc. Yancey es un personaje singular, apasionado, amigo del riesgo, y reconocido por su honestidad y rectitud.
“Cimarrón” es una cinta que combina western y drama a partes iguales, además de ser un fiel retrato de los últimos 40 años en la historia americana -desde 1890 hasta 1930, año en que se estrena el film-. Como western cuenta con un protagonista noble, valiente, defensor de los débiles (indios, negros, judíos, víctimas de accidentes...), aunque demasiado egoista en su concepción de la vida, donde sólo existe una persona, él y sus ideas, siendo la familia algo secundario. Hay duelos a pistola, asaltos, atracos, muertes en defensa propia, actos heroicos, y todos y cada uno de los clichés que moverán el western más clásico. Como drama relata la historia de una familia establecida en Oklahoma, con sus inquietudes, aspiraciones, separaciones y reconciliaciones, así como su contribución a la fundación, consolidación y prosperidad del Estado de Oklahoma, fundado en 1907.






Sin embargo, el verdadero protagonista de la cinta no es Yancey Gravat sino su abnegada mujer, Sabra Gravat, que pasará de ser la mujer fiel seguidora y sufridora de su marido a sacar adelante sola -por las continuas y cada vez más distanciadas ausencias de su marido- una familia y un negocio con tesón y coraje, y demostrar que también una mujer, a principios del siglo XX podía incluso llegar a ser congresista en los EEUU.
La narración la verdad es que se hace bastante larga a causa de un metraje que mantiene un ritmo bastante irregular, con demasiadas historias que contar en tan poco tiempo. La interpretación de Dix adolece de teatralidad y sobreactuación. La interpretación de Irene Dunne es más comedida y menos artificiosa. Edna May Oliver, en el papel de Tracy Wyatt, se pone en la piel de un personaje lleno de frescura y gracia, como señora presumida, criticona y entrometida. Eugene Jackson -uno de los primeros actores negros-, en el papel de Isaiah, tiene una actuación tierna y emocionante, que culmina en la escena en la que, malherido por un disparo, pide auxilio sin que nadie le oiga. El resto de secundarios cumplen y están bastante bien perfilados a lo largo de toda la cinta.

El guión enmarca el relato en hechos históricos ciertos y en una visión de la historia del estado de Oklahoma, emotiva y complaciente. Construye unos personajes próximos a los estereotipos: judío vendedor de mercería y sastre, joven negro de servicio, pistoleros forajidos, bravucón racista y violento, político corrupto, prostituta de pasado tormentoso y buen corazón, india huérfana, etc.
Como superproducción es realmente  impresionante,  pues manejó unos 5 mil extras, 28 cámaras y el mayor presupuesto de su época. Son memorables la escena de la salida masiva de colonos para ocupar la tierra libre –“land rush”-, la ceremonia religiosa multiconfesional y multirracial, el asalto al Osage Bank o el concurrido juicio de Dixie. Aparte de “Cimarrón” sólo otros dos western han conseguido el premio Óscar a la Mejor Película: “Danza con Lobos” de 1990 y “Los Imperdonables” de 1992. Ganadora de 3 Premios Óscar (Mejor Película, Mejor Guion Adaptado y Mejor Dirección Artística), también fue nominada a otros 4 (Mejor Director (Wesley Ruggles), Mejor Actor Protagonista (Richard Dix), Mejor Actriz Protagonista (Irene Dunne) y Mejor Fotografía). De buen nivel son la banda sonora de Max Steiner, solemne, coral y rotunda, y la fotografía de Edward Cronjager, muy dinámica y de hábil composición. Los planos finales, sensibleros y poco verosímiles, impiden el final digno que la obra merece.




Cabe destacar que la historia del film toca diferentes temas sociales, algunos muy bien planteados y otros que no fueron desarrollados con lucidez:
1) El desarrollo cronológico muestra como una llanura, en tan solo unos años, pasó a ser una ciudad de renombre. Esta característica aporta mucha verosimilitud e interés, ya que se muestra, con el paso del tiempo, como la misma fue creciendo y como la importancia de los medios de comunicación, en este caso el periódico, ayudó a que la ciudad vaya evolucionando.

2) El rol femenino en la política. El mismo está llevado adelante desde el punto de vista de la protagonista, quien, gracias a los continuos abandonos de su esposo, tuvo que encarar la vida sola, trabajar, mantener su familia y hacerse cargo de todas las responsabilidades de su entorno y empresa. Aquí hay un punto de discusión y es que la cinta no muestra directa o indirectamente el sacrificio que ella tuvo que hacer, se la muestra superada y hasta contenta por su presente, salvo por algunos segundos en los que recuerda a su marido. Ese es uno de los problemas, que aparece producto de la manera en la que se cuenta el relato (cronológicamente), no se acentúan las emociones, por lo que este punto no se logra entender y no se profundiza.

3) El machismo. Esto va de la mano del punto anterior. Al comienzo se muestra a la mujer como la sombra del hombre, como a la figura bien vestida que va de la mano del salvador del pueblo, pero mientras los minutos van pasando ese lazo se va rompiendo y, al igual que Yancey, ella se va ganando el mismo reconocimiento público, hasta tal punto en adquirir un cargo político. Este tema está bien llevado adelante.
4) La discriminación. Este es el momento en el que no se entiende cómo una cinta que muestra y dice lo que dice respecto a todas las situaciones discriminatorias, pudo haber sido galardonada de tal manera. Aquí hay dos grupos de personas que son tratados mal, los "indios" (indígenas) y los negros. Los primeros son catalogados como el mal del pueblo, son rechazados, discriminados, golpeados y dejados de lado. Cuando el hijo de la familia se enamora de una mujer indígena, su madre le prohíbe hacerlo y nunca se arrepiente de lo que hizo ni de la manera en la que ella los trata y trató en el pasado. No hay reflexión sobre el tema. Por otro lado, hay un personaje que es africano que es el esclavo de la familia. A él se lo muestra contento, todo el tiempo cantando, feliz de estar ayudando y sirviendo a su amo y respondiendo a toda orden de sus mayores. Esa es la mirada que la cinta tiene sobre el trabajo esclavo, que los mismos están radiantes con una sonrisa en su rostro todo el tiempo. Hay una situación que Yancey dice lo siguiente: "No quiero que vayas a misa los domingos, quiero que te quedes en casa y cuides nuestras cosas.", al mismo tiempo que le afirmaba que si lo hacía le iba a comprar un traje; Isaiah sale corriendo contento con lo que le acaban de decir.






Sin duda no está entre los 10 mejores westerns de la historia, pero ha dejado su huella como precursor del western clásico que poco a poco iría haciéndose un hueco como género en el cine hollywoodiense, y que llegó a su cima en los años 50. Un punto de referencia en la historia del western. Para fanáticos del género y de las superproducciones a lo grande.

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