lunes, 2 de mayo de 2011

CAPITULO 63: THE TREASURE OF THE SIERRA MADRE - EL TESORO DE SIERRA MADRE (1948)





Se dice queuna obra maestra se distingue del resto en cuanto en ella converge una mezcla perfecta entre belleza y misterio”. De hecho, misterio podría ser el segundo nombre de B. Traven, novelista alemán que dejó una veintena de obras a sus espaldas y del que se conoce poco más que su apellido, ya que su nombre, reducido a esa enigmática ‘B’, sigue siendo un misterio. Traven salió a la luz de la noche a la mañana por el éxito de su quinta novela, El Tesoro de Sierra Madre, una novela que nos habla de la codicia, la locura y el fracaso, una carcajada en el rostro de la desdicha escrita a partir de una atractiva mezcla de cinismo y romanticismo a partes iguales.
Aquí entra en escena uno de los grandes, uno de esos personajes que no se atañen a la norma, fue campeón de boxeo, criador de caballos, pintor, periodista, actor, guionista y director de cine entre otras muchas cosas, definido por Garci como el ‘Hemingway del cine’, ese es sin duda, John Huston. Por aquel entonces, Huston volvía de luchar en la Segunda Guerra Mundial, donde realizó diversos documentales y reportajes sobre el conflicto. Anteriormente había desarrollado la mayor parte de su trabajo sobre el papel, trabajando como guionista y realizando algún que otro film, entre los que se encuentra “El Halcón Maltés” de 1941, cinta que se sitúa como punto de partida al film-noir americano y que sirvió sobre todo para relanzar la carrera de Humphrey Bogart, presente en la mayoría de maravillas cinematográficas de los cuarenta y parte de los cincuenta. Tras la guerra ambos se reencontraron de nuevo para realizar lo que sería el mejor trabajo de Huston y una de las cintas más importantes de la década, sin embargo, esta vez no serían un par de desconocidos para el público sino que contarían con la distinción de las grandes estrellas.
La obra de Traven iba como anillo al dedo con el estilo de Huston. Ambos compartían ese amor por el fracaso, por los personajes que tienen más pasado que futuro y por las falsas esperanzas. La trama de la novela se ubica en México durante la fiebre del oro en 1925, lugar que a partir de entonces se erigirá como ‘el otro far west’, dejando su legado en manos de directores y guionistas que se enamoraron de las áridas llanuras del país azteca así como lo hicieron Peckinpah o Tarantino. La mitología del fracaso se engrandecía con un film magistral protagonizado por tres vagabundos yanquis que viven como proscritos en México, aferrados a una ilusión de decenas de quilates.



Sin duda John Huston siempre ha sido uno de los directores más predilectos de la historia del cine, por su marcada personalidad y por el sello personal con que impregnaba todos y cada uno de sus trabajos. “El Tesoro de Sierra Madre” es una de sus obras maestras y su primera incursión en el cine de aventuras, por etiquetarla de alguna manera. Curiosamente, estamos ante una cinta seca, cruda, pesimista y carente del sentido del humor que caracterizaría sus posteriores trabajos. En ella, Huston muestra la codicia, la avaricia y un sinfín de defectos propios del ser humano, como nadie antes lo había hecho. Y lo hace a través de un ejemplar estudio psicológico de cada uno de los personajes que intervienen en ella.
Antes de debutar en la dirección cinematográfica, John Huston se había forjado un nombre como uno de los más prestigiosos guionistas de Hollywood. Por eso, no es raro que decidiera adaptar él mismo la novela homónima que da título a la cinta y que tantos años llevaba intentando filmar. Cimentada sobre un guión de una solidez a prueba de bombas, “El Tesoro de Sierra Madre” se convirtió en una auténtica obra maestra, gracias a la dirección de este auténtico artesano del cine.
Fred Dobbs (Humphrey Bogart) es un gringo que malvive por las calles de Tampico (México). Tras ser engañado por un capataz sin escrúpulos conocerá a Howard (Walter Huston) y Bob Curtin (Tim Holt). El primero de ellos es un anciano buscador de oro y el segundo es un joven que lucha por mantener a su familia. En ese momento conocerán la existencia de un tesoro en Sierra Madre, con lo cual parten hacia allí con la esperanza de encontrar el jugoso botín y repartírselo entre los tres. Howard ejerce de líder espiritual y moral ante sus compañeros, guiándolos entre la frondosa jungla y advirtiéndoles de los peligros que conlleva el descubrimiento del botín. Una vez conseguido deberán enfrentarse contra un gran número de bandidos capitaneados por Gold Hat (Alfonso Bedoya), luchando por defender el oro y conservar sus vidas. No obstante, el peligro real reside dentro del grupo, la codicia les pondrá a prueba a cada uno de ellos, obligándoles a combatir con ella si no quieren volverse en animales despiadados.
Es el misterioso mundo de la frontera, la barrera traspasada, es el lugar que nunca nos enseñaron cuando terminaban las historias de fugitivos que cruzaban la delgada línea que separa USA de México. Nunca llegamos a saber cómo gastaban su dinero, como vivían en aquellas ciudades bajo el Sol abrasador y con la arena entre los dientes. Mientras unos se limitaban a mostrarlo como un ‘vivieron felices y podridos de dinero’, Huston decidió saltar el muro y obsequiarnos con una de esas historias olvidadas que nunca abandonarán nuestra memoria.
Huston logra una armonía perfecta entre interpretaciones, diálogos, dirección y localizaciones, lo cual contribuye a una construcción de personajes milimétrica y un ritmo narrativo de primera categoría. La puesta en escena es impecable, tal y como se puede comprobar en innumerables planos del film: los tres encuentros entre Bogart y John Huston sirven para delimitar rasgos fundamentales de la personalidad del primero; Dobbs nunca mira a la cara al rico americano al que pide limosna, demostrando su carácter orgulloso. Otro ejemplo es la utilización del personaje interpretado por el padre del director, Walter Huston, el cual es utilizado constantemente para mantener el equilibrio entre los tres componentes de la expedición (siempre le muestra en el centro de las composiciones de sus planos). A partir del momento en que se quedan solos, las tiranteces aumentan de manera irreversible. Es admirable cómo el director camina por el alambre con una seguridad demoledora hasta que deja de interesarle, y abre la caja de Pandora, liberando los demonios que sus protagonistas llevan dentro.







Huston no se contiene al mostrar las miserias de un Dobbs que pierde completamente la cabeza por el oro, llevándolo a traicionar a sus compañeros y condenándolo más tarde a una terrible muerte. La torpeza y precipitación de los actos del despreciable Dobbs le llevan a recibir un castigo divino que servirá como moraleja y lazo a un film realmente duro. Por otro lado, destacaría la presencia de un Walter Huston espectacular que llega a ensombrecer la interpretación de un Bogart que se encuentra en el film como un pez en tierra firme (de hecho, quiso abandonar el rodaje en más de una ocasión). Aclararía antes que Walter Huston es el padre del director y que ganó un premio Oscar como mejor actor de reparto gracias a esta interpretación.
Los otros dos Oscar irían destinados a su hijo por la dirección y el guión, que más que brillantes fueron emblemáticos y pioneros para la época. Huston no tuvo reparos en rodar los exteriores en la jungla mexicana, cosa que provocó bastantes enfrentamientos con el estudio por los altos costes que supuso el viaje. Sin embargo, demostró estar en lo cierto al trabajar la luz con gran meticulosidad, transmitiéndonos la dureza del Sol mexicano en contrapunto con la intimidad de tres hombres que charlan a la luz de la hoguera durante la noche. La manera de fotografiar los paisajes mexicanos ha perdurado en la retina hasta nuestros días, convirtiéndose en el modelo a seguir de la mayoría de realizadores.
El ejemplo del olvido, la muestra de la decadencia, la imagen del fracaso. Dobbs, Howard y Curtin son tres personajes que no importan a nadie, podrían caer muertos en algún callejón de Tampico y no le importaría más que a las ratas. Mientras Howard aporta la experiencia y Curtin (por cierto, iba a ser interpretado por Ronald Reagan) demuestra el amor por su familia al embarcarse en tan peligrosa travesía, Dobbs se erige como el personaje errante, un hombre que no piensa en el mañana, que no barre más que para él y que resume la vida en tener o no tener unas monedas en la mano. El papel de Bogart es sorprendente, no es el Bogart controlado y previsor de otras cintas, es un desecho que subsiste en la escala más baja de la sociedad, pensemos en que no es sólo un vagabundo americano, sino que es un vagabundo americano en México.
Las interpretaciones de los tres actores principales son magistrales, pero destacan sobre todo las realizadas por Humphrey Bogart y Huston padre. Evidentemente, sus papeles eran auténticos vehículos para el lucimiento de cada uno de ellos, pero había que aprovechar la oportunidad y ambos estaban sobradamente preparados para ello. Es curioso como Bogart, después del éxito de “El Halcón Maltés”, “El Último Refugio” y “Casablanca” y siendo ya una superestrella, aceptó un papel tan deliberadamente oscuro y desagradable. El director en ningún momento intenta que el espectador sienta un ápice de simpatía por Dobbs, más bien todo lo contrario; hay detalles, como que éste tire un vaso de agua a la cara de un niño (que curiosamente le intenta vender un boleto de lotería ganador) que lo demuestran. Jamás se ha visto un Bogart tan potente y creíble; hay planos en los que sus ojos escupen fuego y reflejan el odio y la locura que dominan su personaje.
Por su parte, Howard (Walter Huston) es el más cuerdo de los tres, quizás porque ya está de vuelta de todo…. o el más loco, según se mire. Siendo un gran conocedor del comportamiento del ser humano cuando éste entra en contacto con el oro, no es muy razonable que vuelva a lanzarse a una aventura tantas veces vivida y tantas veces rematada con el mismo resultado. El guión le utiliza para anticipar a los otros dos protagonistas qué transformación van a experimentar a lo largo de su gran aventura y aconsejarles sobre los errores en los que no deben caer. Huston lanza dos mensajes a través de este personaje: 1) el hombre es el único animal que tropieza más de una vez en la misma piedra (él es un vivo ejemplo de ello) y 2) muchas veces, a pesar de que se garantice a una persona que un acto determinado tiene una consecuencia negativa asegurada, ésta lo hará; y posiblemente no aprenderá de la experiencia, lo cual nos lleva al primer punto.



En “El Tesoro de Sierra Madre” confluyen el misterio y el fracaso, el cinismo y el romanticismo, la cruda realidad y las falsas esperanzas. La cinta parece estar contada en un lugar donde no existen las leyes, protagonizada por unos personajes situados en territorio enemigo, dominada en todo momento por los sueños de tres desventurados que son sabedores de que se dirigen irremediablemente hacia su último destino. Desde las calles de Tampico hasta la jungla azteca, pasando por los pequeños poblados del México más salvaje, Huston nos cartografía un detallado mapa de los sentimientos humanos, llevándonos de pequeños éxitos a grandes fracasos entre la maleza, mientras ascendemos a las colinas de la locura, directos hacia la perdición. Un tesoro del celuloide.

En definitiva, se trata de una cinta fascinante de principio a fin, dirigida por uno de los grandes directores de la Historia del Cine. Posteriormente, Huston volvería al cine de aventuras, pero de una manera mucho más cínica y menos oscura en “El Hombre que sería Rey” de 1975, gran cinta, pero inferior a “El Tesoro de Sierra Madre” siendo una crítica brutal al materialismo que domina al ser humano, y por extensión, al capitalismo. Pocas veces se ha reflejado tan bien en cine las consecuencias de que un ser humano se deje dominar por la codicia y la ambición. La cinta hace gala de un perfecto balance entre aventura y estudio de personajes, quedando perenne en la retina de quien tiene el privilegio de disfrutarla por primera o enésima vez.

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