sábado, 30 de abril de 2011

CAPITULO 61: SPARTACUS - ESPARTACO (1960)








Tras “Patrulla Infernal” de 1957, cuyo estreno estuvo prohibido en muchos países durante años, Stanley Kubrick no tenía demasiadas oportunidades para dirigir otra película. Fue precisamente el protagonista principal de esta última, Kirk Douglas, quien pensó en el director neoyorquino para hacerse cargo de una monumental superproducción — en la línea de las que solían hacer en aquella época dentro del cine histórico. Films como “Quo Vadis” de 1951, “La Caída del Imperio Romano” de 1964, “Rey de Reyes” de 1961), “55 días en Pekín” de 1963 o la multipremiada “Ben-Hur” de 1959 están en la memoria de cualquier cinéfilo.
“Espartaco” es, junto a “Ben-Hur”, la mejor de todo este grupo de cintas. Un emocionante, entretenidísimo y extenso largometraje sobre la vida del esclavo tracio que fue uno de los líderes de la más importante rebelión contra la Antigua república romana. 190 minutos extraordinarios de puro cine en la cinta menos personal de Kubrick y curiosamente la más defendida de su filmografía, aquella que pone de acuerdo a admiradores y detractores de Kubrick. ¿No es una gran ironía?
Lo cierto es que Kubrick no estuvo en el proyecto desde el principio. La primera semana de rodaje era Anthony Mann el que sentaba en la silla del director, pero tenía continuas diferencias creativas con el productor del film, Kirk Douglas, quien quería un film menos clásico de lo que Mann pretendía. Lo gracioso del asunto es que Anthony Mann fue un especialista con mucho éxito en este tipo de superproducciones —aunque realmente debe ser recordado por sus maravillosos westerns con James Stewart—, pero esta vez chocó de frente contra un productor que tenía las cosas muy claras sobre lo que quería hacer con la cinta y que le despidió para sustituirle por Stanley Kubrick. La secuencia inicial en las canteras es la única que llegó a filmar Mann.
Pero el gran Stanley Kubrick no las tenía todas consigo. Douglas quería a un director al que pudiese controlar y eligió a Kubrick por lo bien que había dirigido “Patrulla Infernal” y por lo bien que se llevaron durante aquel rodaje. Sin embargo esa buena relación se vio truncada durante la filmación de Espartaco”. El director, por primera y única vez en su carrera, no tenía poder sobre el guión el cual consideraba bastante malo y absurdo, afirmación que no deja de sorprender por venir de quien viene pues estamos ante uno de esos minuciosos trabajos de Dalton Trumbo, en el que no faltan fuertes y sutiles referencias políticas. De hecho, podríamos decir que “Espartaco” es probablemente la más grande cinta política de la historia del cine. Su historia y mensaje son tan antiguos como lo es el hombre. El eterno enfrentamiento entre el pueblo sometido y las injusticias de la poderosa tiranía.
1960 fue un año muy importante para Dalton Trumbo. Perseguido durante la famosa caza de brujas del senador McCarthy —y que le llevó a protagonizar una de las anécdotas más famosas de la historia de los Premios Oscar cuando lo ganó por “El Niño y el Toro” de  1956 bajo el seudónimo de Robert Rich y nadie se levantó a recogerlo, recibiéndolo casi 20 años después, en 1975, poco antes de su muerte— por fin pudo poner su nombre en los créditos no sólo de una cinta sino de dos, la presente y la magnífica “Éxodo” también de 1960. En el film de Kubrick puso toda la carne en el asador aunque el guión no fuera del agrado del director; no se cortó ni lo más mínimo e hizo una dura crítica al poder establecido, a la tiranía y reflejó la incomodidad general del país en el personaje central, Espartaco, un hombre sencillo y valiente que descubrió que un sólo individuo puede marcar la diferencia.





“Espartaco” como tal se podría dividir perfectamente en tres partes completamente diferentes pero complementarias:  En la primera, se nos presenta a Espartaco como un esclavo a punto de morir después de morder la pierna de un romano tras salvar a un compañero herido (empieza a mostrarse el héroe que lleva dentro ya desde el tercer plano de la cinta) y su posterior traslado a la escuela de gladiadores donde se le entrenará como tal y se forjará -aún más- su carácter de héroe-liberador de los esclavos. Es precisamente esta parte la más interesante de la cinta y donde ésta se destaca y diferencia de las otras producciones hollywoodienses de la época y seguramente donde Kubrick pudo meter más mano y donde se hallan los mejores aciertos de dirección tales como la presentación de Varinia (Jean Simmons) una más entre todas las chicas que les son ofrecidas a los gladiadores, finalizando el plano con un ligero travelling separándola del resto, o su relación de amor con Espartaco.
Primero durante su primer encentro sexual frustrado donde Espartaco le ve como una semejante y no como una bestia y que el jefe de los gladiadores, Marcelo acaba llevándosela y que a partir de allí se forjará una relación en secreto, bonita como en la cocina cuando Varinia sirve el agua y casi en susurros Espartaco le pregunta si la han castigado, el segundo encuentro sexual de la pareja, frustrado también por Marcelo que se la lleva a los diez segundos de haber ella entrado en la habitación de él. Así mismo como el segundo encuentro del agua en la cocina rodado en planos más cerrados, más íntimos y donde ya hay un roce de manos signo del cariño que se profesan. Será precisamente ella la razón por la cual Espartaco empiece la revolución puesto que desde la cocina (un gran juego de espacio de Kubrick) observa cómo se llevan a Varinia, vendida a Roma y será Marcelo quien provoque a Espartaco lo que hará que estalle y lo mate comenzando así el alzamiento de los gladiadores.
En ésta primera parte, asistimos también al entrenamiento al que será sometido el protagonista con tal que llegue a ser un gladiador, donde se muestra la brutalidad que forjará su carácter a través de un entrenamiento exhaustivo (Con grandes joyas como los contrapicados que muestran a Espartaco saltando y esquivando las aspas de metal que giran sin cesar) y se intenta mostrar la parte sensible del héroe al querer hacerse amigo del gladiador negro (Impresionante Woody Strode), cosa que él rechaza al principio y que luego en la arena le perdonará la vida a Espartaco siendo asesinado por Craso (Una gran introducción a la crueldad del personaje encarnado de forma magistral por Lawrence Olivier), coronada por la que es sin duda la mejor secuencia de la cinta que muestra a las dos parejas de gladiadores esperando su turno dentro de la carreta mostrando sus caras de tensión sin mediar palabra mientras desde fuera oyen las tonterías y banalidades sobre las que hablan los patricios. Una vez la primera pareja está luchando, Kubrick mantiene el silencio entre Espartaco y el gladiador negro introduciendo sólo el sonido de la pelea que se está llevando a cabo en la arena lo que acentúa la tensión que se hace tangible y mirándose los dos contrincantes sabiendo que uno de ellos morirá.



La segunda parte de la cinta estaría dividida entre las pesquisas políticas llevadas a cabo dentro del senado de Roma y los enfrentamientos entre Craso y Graco (Un Charles Laughton alucinante….¿Y cuando no lo está?), sus rencillas que hacen ver como nombran a Julio César como jefe del ejército de Roma que acabará traicionando a Graco y el posterior nombramiento de Craso como primer tribuno de Roma para la captura de Espartaco y la posterior dictadura que empleará al acabar con él. La otra parte vendría dada por la formación de los esclavos como ejército, como pasan de saqueadores y vulgares bandidos a estar coronados como ejército liberando gente a medida que intentan llegar al mar siendo aclamados como héroes por cada población a la que llegan y siendo dirigidos por Espartaco, el superhéroe que inflará de orgullo sus corazones para intentar ser libres del poder opresor de Roma.
En esta parte resulta interesante ciertos detalles de Kubrick como por ejemplo la secuencia en que Espartaco vuelve a la escuela de gladiadores saqueada y casi desierta o la marcha de los esclavos mostrando las dos caras del héroe, en algunos planos mostrándolo a caballo como el líder que es y en otros caminando bajo la lluvia como uno más entre ellos, el entrenamiento de los esclavos como en la escuela pero con métodos naturales extraídos de los campamentos que hacen en el camino frente a la fastuosidad del ejército romano todo muy bien organizado e impoluto, la incorporación de Antonino (Un normal Tony Curtis) al ejército de Espartaco después de abandonar a Craso (después hablaré sobre esto) y su relación paterno-filial, el recital de Antonino a los esclavos mientras Kubrick inserta planos de gente reales no rodados en estudio mientras se oyen las palabras de Antonino mostrando el futuro incierto de éstos, o el tétrico y fantasmal plano de una pareja enterrando a su bebé muerto en el camino mientras toda la marabunta de gente va desfilando detrás en silencio bajo la lluvia como espectros fantasmales que realmente es lo que son. Es en ésta parte cuando acontece la comentadísima y polémica secuencia cortada de la bañera entre Craso y el esclavo que toma a su servicio, Antonino (Que luego lo abandonará para unirse al ejército de los gladiadores) donde mediante su conversación queda clara la bisexualidad de Craso y su seducción al joven Antonino.
Sin duda lo mejor de esta parte es el montaje paralelo que Kubrick establece entre el discurso de Espartaco a sus tropas diciéndoles que se han de enfrentar al ejército romano, haciendo sobretodo planos de mujeres y ancianos frente al discurso de Craso en Roma ante sus tropas perfectas al ser elegido 1er cónsul de Roma, y diferenciándolos mediante la utilización de diferente tipo de planos para Espartaco y su gente con la solemnidad del gran plano general y el plano corto respectivo de Craso en Roma. Ésta secuencia culminará con la gran batalla entre los ejércitos con los famosísimos rodillos de fuego entrando en escena y acabando con la victoria del ejército romano. La resolución de la batalla y la duración de los planos durante los prolegómenos de la pelea dilatando al máximo la tensión (Cosa muy bien empleada también por Mel Gibson en “Corazón Valiente” de 1995.
La última parte de la cinta encontraremos la resolución con Craso caminando entre los cadáveres en busca de su enemigo seguida de la mítica secuencia donde todos los esclavos que han sobrevivido clamarán al unísono “Yo soy Espartaco” para proteger a su líder, secuencia rodada por cierto entre grandes contrapicados y mostrando al héroe derrotado como uno más, seguida de la decisión irracional tomada por Craso de ir crucificando a cada uno de los supervivientes de camino a Roma excepto a Antonino y a Espartaco siendo ésta una imagen muy siniestra impropia de un largometraje de éstas características ejerciendo de contraste al final de la cinta. Al llegar a Roma Varinia será liberada de las garras de Craso y Espartaco y Antonino serán obligados a luchar a muerte en privado ante Craso y un par de guardias condenado el vencedor a morir en la cruz mostrado sin ningún tipo de épica o heroicidad haciendo Antonino el sacrificio de plantar cara a su amigo para no él quien muera en la cruz pues es demasiado sufrimiento, terminando la relación entre ellos de manera en que han ocurrido la mayoría de actos importantes en la vida de Espartaco, de forma violenta (Gracias a la violencia es salvado de la esclavitud, entrenado, amotina a los gladiadores, se rebela contra los romanos….). Al final Espartaco morirá en paz en la cruz viendo como su mujer y su hijo recién nacidos caminan hacia la libertad o con lo cual todo por lo que él ha luchado ha merecido la pena, muriendo así el héroe y naciendo de ese modo la leyenda.
De ésta parte hay que destacar la dureza del final con la mujer pidiendo a Espartaco que se muera, literalmente de ese modo se lo pide para que no sufra más, o la sutileza que emplea al sugerir el suicidio de Graco aunque hay ciertos aspectos que a Kubrick se le escapan como por ejemplo el recurso simple de cómo Espartaco se pasea la noche antes de la batalla viendo dormir a los suyos y ve a una niña preguntar a su madre cuando volverán a casa.






De todo el cúmulo de maravillosa secuencias que contiene “Espartaco” hay una esencial, única y que tiene lugar en el que probablemente sea el mejor tramo del film, aquel que transcurre en la escuela de gladiadores en la que Espartaco es entrenado como máquina de matar mientras se enamora de una bella esclava de nombre Varinia (Jean Simmons). Para entretener la visita del importante Marco Craso, al que da vida un impresionante Laurence Olivier, el encargado de la escuela, Batiatus —inmenso Peter Ustinov que ganaría un Oscar por su labor— accede a que cuatro gladiadores se enfrenten a muerte en la arena. El primer combate tiene lugar fuera de campo mientras Kubrick coloca la cámara dentro del habitáculo en el que esperan los otros dos gladiadores, Espartaco y Draba, para enfrentarse. La tensión aumenta pues ambos saben que uno de los dos no volverá con vida. El primer combate termina y los dos gladiadores salen a la arena, luchan encarnizadamente y cuando Draba tiene la vida de Espartaco en sus manos, sucede algo emocionante.  Espartaco ha sido vencido por un adversario —un compañero— claramente superior. El combate es a muerte por el capricho de los que tienen el poder y observan sólo por mera diversión. Al fin y al cabo una de las ventajas del poder, de la posesión de grandes riquezas es que también se dispone de la vida de otras personas. Exactamente igual que en la vida real.
Draba, interpretado por un entregado Woody Strode que venía de protagonizar una de las obras maestras de John Ford, la muy personal “Sargento Rutledge”, mira hacia arriba esperando una respuesta. Él sabe lo que tiene que hacer pero aún así mira. La respuesta no se hace esperar. La mujer de Craso lo indica claramente, Espartaco debe morir. Atención a la expresión de Craso que prácticamente se sorprende de la decisión de su mujer. Más tarde comprobaremos que Craso es mucho peor que su esposa, un tirano en toda regla, sin remordimientos ni límites para sus maldades. Espartaco cierra los ojos esperando que el frío metal del tridente le atraviese el cuello. Sabe que su hora ha llegado. Pero Draba duda. Algo en su fuero interno le dice que aquello no debería ser así. Draba se rebela contra el poder lanzando su tridente. Acto seguido decide ir a por Craso en lo que prácticamente es un suicidio. La vida de Draba es sesgada por la lanza de un guardia y por la estocada final de un cobarde Craso que le acuchilla cuando el esclavo está herido.
Espartaco entiende entonces que un sólo hombre puede marcar la diferencia, y que para ello se tiene que estar dispuesto incluso a dar la vida. El líder de la rebelión romana vive desde la decisión de Draba un tiempo prestado y lo va a aprovechar. Es por eso que realmente dicha rebelión no es en realidad la de Espartaco, sino la de Draba. Primer punto de inflexión en la vida de Espartaco. El segundo ocurre cuando el amor de su vida es llevado de su lado, y Espartaco se rebela contra sus guardianes ayudado por sus compañeros gladiadores. La fuga de la escuela es todo un prodigio de montaje y ritmo. Atención a la cámara de Kubrick, colocada en los adecuados ángulos que infieren grandeza y emoción a otro momento culmen —y muy esperado por el espectador— del relato.
“Espartaco” es como decíamos la cinta menos personal de Kubrick, pero un film poco personal no es necesariamente malo y éste es la prueba de ello. Douglas controló en todo momento al genio —Caviaro lo llama Dios, Massanet sobrevalorado, yo lo llamo genio que es lo que era y siempre será— no dejándole tomar parte en la historia y logran de que acatase las decisiones del actor. Kubrick salió airoso de todo y demostró ser capaz de manejar una superproducción de gran presupuesto. Para dirigir a actores de la talla de Charles Laughton contó con la inestimable ayuda de Peter Ustinov quien reescribió todas los diálogos de Laughton, quien interrumpía cada dos por tres el rodaje tachando de absurda la historia —curioso, lo mismo que pensaba Kubrick—; aún con todo podemos comprobar que Laughton está soberbio como Graco teniendo en su haber algunas de las frases más ingeniosas de la historia como todo lo referente a las divinidades. Su suicidio fuera de campo, vencido por la ascensión de la tiranía, es uno de los momentos más bellos del film.
Como bellas son las escenas que Kubrick mete cuando se trata de retratar al pueblo que huye buscando la libertad. Además de demostrar un gran manejo del formato scope y de las masas, Kubrick apuesta por lo íntimo cuando enfoca a ancianos y niños, o la emotiva escena de una pareja enterrando a su bebé muerto el cual no ha resistido la dureza del viaje. No hay maniqueo en una película que rehúye el panfleto político aún lanzando dardos envenenados al poder, y sobre todo el mensaje religioso. La libertad o el destino nada tienen que ver con la creencia en un Dios absurdo. El hombre es el que decide, el que actúa y el que debe asumir las consecuencias.
En el momento de su estreno se eliminó una escena absolutamente vital. La famosa secuencia del baño donde Craso le habla a Antonino (Tony Curtis) sobre caracoles y ostras de claras connotaciones homosexuales. Y digo vital porque es precisamente esa charla la que convence a Antonino para abandonar a Craso y unirse a la causa de Espartaco por quien sentirá una gran admiración —no necesito nombrar el final de ambos personajes—. En 1991, cuando se decidió restaurar la cinta, se descubrió que la mencionada secuencia carecía de sonido. Tony Curtis volvió a doblar a su personaje, pero Olivier había fallecido por lo que se recurrió a Anthony Hopkins para doblar a Craso.
“Espartaco” es una cinta que puede verse las veces que sean, seguirá emocionando tal y como lo hizo en su momento, y su fuerza sigue viva 50 años después de su estreno, muy por encima de films posteriores que juegan a ser lo mismo. En un film reciente basada en cierta obra de Alan Moore podemos ver un intento de transmitir el mismo mensaje, de la misma forma que en el “Corazón Valiente” de Mel Gibson podemos apreciar como la batalla final del film de Kubrick influyó de forma poderosa en el trabajo de Gibson. Sus influencias llegan hasta el cine de James Cameron, quien ni corto ni perezoso hizo un calco de cierto momento del film en su laureada “Titanic”.
Y es que ¿a quién no le gusta “Espartaco”? ¿Quién no desearía ser Espartaco? Magistral de principio a fin. Su éxito permitiría a Kubrick abarcar proyectos más personales y convertirse en el autor que todos conocemos. En realidad, “Espartaco” es una película histórica, bastante fiel en su recreación del mundo romano, que constituye un auténtico canto a la libertad del ser humano y un tirón de orejas a cualquier tipo de opresor.






Hay que decir a pesar de todo que aparte de ser un joya del cine con todo el sentido de la palabra, sigue resultando extraño como Kubrick se embarcó en un proyecto de éstas características, cinemascope del bueno (Formato que sólo utilizó en “2001: Odisea del Espacio” de 1968, música ostentosa y de gran orquestación (Y sabemos la importancia de la música en las cintas de Kubrick), un reparto sencillamente casi tan espectacular como la cinta misma (Kirk douglas, Jean Simmons, Charles Laughton, Lawrence Olivier, Peter Ustinov, Tony Curtis).
La cinta reúne todos los requisitos que se le pueden pedir a una gran obra. Primero, un reparto de auténtico lujo para personificar unos personajes grandes, profundos, que crecen y se expanden a lo largo de la historia, y que están perfectamente interpretados hasta hacerlos totalmente creíbles, reales y humanos. Luego, un excelente guión con algunas inexactitudes históricas perfectamente perdonables como mejora de la historia cinematográfica, que presenta un lenguaje vistoso y florido para unos diálogos inteligentes, cuando no directamente brillantes.
También se nos ofrece una recreación de escenarios y lugares históricos que busca la autenticidad y el realismo pocas veces visto hasta ese momento. Las maquetas son tan buenas que parecen edificios reales. Una fotografía en color espléndida, con la que podemos contemplar unas bellísimas escenas del mar o algún que otro atardecer precioso. Y es que “Espartaco” es uno de los clásicos con el color más espectacular que puede uno encontrar en una cinta.
Además, cuenta con un vestuario que reproduce fielmente el de la época y un maquillaje cuidado con auténtico esmero. Y tiene una muy cuidada planificación de escenas, sobre todo las tumultuosas, que no hay palabras para describirla. La batalla entre los esclavos y el ejército romano es una de las mejores que existen en la historia del cine. Resulta absolutamente apabullante y, cuando se nos muestran los cadáveres, al final de la batalla, es que parece un gran lienzo de los que podemos ver en los museos. En definitiva una auténtica obra de arte. “Espartaco” ganó 4 premios Oscar de la Academia (Mejor Actor de Reparto (Peter Ustinov), Mejor Dirección Artística, Mejor Fotografía y Mejor Diseño de Vestuario) y fue nominada para otros 2 (Mejor Montaje y Mejor Banda Sonora), también gano 1 Globo de Oro como Mejor Película Drama y nominada para otros 5 (Mejor Director, Mejor Actor Drama, Mejor Actor de Reparto (2) y Mejor Banda Sonora Original).

1 comentario:

  1. Sin duda a equivocarme, es una pelicula de accion, muy buena, en cuanto a direccion, diseño de vestuario, actrices que la interpretan.felicitaciones.

    ResponderEliminar