miércoles, 27 de abril de 2011

CAPITULO 58: UNFORGIVEN - LOS IMPERDONABLES (1992)





Los territorios fronterizos son proclives a la tragedia, a los encuentros violentos entre distintos modos de concebir la vida, a situaciones extremas resueltas por indómitos, y en ocasiones, secretos compartimentos del alma. Lares donde la única ley respetada es el darwiniano precepto de que sólo el más fuerte sobrevive. Todo ello les convierte en idílico enclave para el desarrollo de una historia impactante; y en pésimo emplazamiento para criar a tus hijos. Y esa es una cuestión que no entiende de épocas, ni de biombos que separen ficción de realidad.
El mundo del cine fue capaz de intuir dicho potencial narrativo casi desde sus albores, y dedicó buena parte de sus esfuerzos económicos a reproducir la vida en el fronterizo oeste norteamericano de mediados del XIX. A dichos insignes pioneros, forjados en el western, debemos gran parte de los recursos narrativos y visuales que acabaron encumbrando al cine como el más fascinante método para contar historias. Pero como pasa en todas las lides artísticas, el género cayó en desuso, quizá agotado tras el aluvión de aventuras empapadas en polvo, asquerosidad y sangre desgranadas a lo largo de los años; quizá porque el público que mayoritariamente poblaba las salas cambió de perfil, y con ello de intereses, sueños y miedos.
“Los Imperdonables” fue la cinta que abrió los ojos a mucha gente que no veía en Clint Eastwood ni un buen director ni un buen actor. A partir de ese instante, sobre todo por los cuatro premios Oscar que recibió el film, los fans del actor director se multiplicaron, algo que siguió en aumento con su posterior éxito con “Golpes del Destino” del 2004. A pesar de la adoración que todo el mundo parece sentir por un genio indiscutible, siempre nos parecerá un poco injusto que ese reconocimiento popular llegase tarde. Aunque “Los Imperdonables” ya data de hace casi 20 años y la trayectoria posterior del director haya sido inmejorable, lo cierto es que antes de su western más famoso como director, hay otros 20 años en los que Eastwood dirigió algunas de sus mejores cintas.




A mediados de los años 70 un guionista poco conocido por aquel entonces, David Webb Peoples —años más tarde conocido por el guión de “Blade Runner” de 1982, escribió el guión de “Los Imperdonables” influenciado sobre todo por el visionado de una de las obras maestras de Martin Scorsese, “Taxi Driver” de 1976 y por la lectura de la novela “The Shootist”, obra de Glendon Swarthout, que conocería una adaptación de la mano de Don Siegel protagonizada por John Wayne, “El Ultimo Pistolero” de 1976. Hay que apuntar que dicho film guarda no pocos parecidos con el que nos ocupa, por cuanto también narra las últimas andanzas de un viejo pistolero que sólo busca acabar sus días con algo de dignidad. El primero en interesarse por el libreto fue Francis Ford Coppola, que pensó en Gene Hackman para interpretarlo, pero por una razón u otra fue retrasándolo hasta que expiró su opción de compra.
Eso ocurrió en 1983, tras el rodaje de “Impacto Fulminante” del mismo Clint Eastwood, cuando el famoso actor, aconsejado por Sonia Chernus —guionista del mejor western de Eastwood, “El Fugitivo Josey Wales” de 1976—, se fijó en el mismo y enseguida se dio cuenta de que era lo que siempre había estado buscando. Pero en lugar de ponerse rápidamente a filmarlo, hizo algo que muy pocos se atreven a hacer por voluntad propia: esperar durante casi diez años a tener la edad adecuada para interpretar a William Munny. De esta forma el proyecto maduró en la cabeza de Eastwood, e incluso dirigió otro western en el proceso de espera, “El Jinete pálido” de 1985.
La historia nos presenta a William Munny, un antiguo pistolero que ahora vive con sus dos hijos pequeños alejado de todo mal, aunque en condiciones precarias. La relación con su mujer Claudia, fallecida a la temprana edad de 29 años, hizo que Munny se apartase del mal camino que llevaba convirtiéndose en un hombre de bien. Pero la leyenda hace que alguien siempre esté interesado en rescatarla del olvido. Munny recibe la visita de un joven atrevido, Schofield Kid, que quiere pedirle ayuda para matar a dos hombres que rajaron la cara a una prostituta y no recibieron castigo por ello. La recompensa de 1.000 dólares que convence a Munny de volver a las andadas, aunque las cosas ya no son tan fáciles como entonces. Con Schofield y un antiguo socio, Ned Logan, partirán a implantar ¿justicia?



Uno de los últimos rótulos de “Los Imperdonables” es un conciso “dedicado a Sergio y Don”. Evidentemente se refiere a Sergio Leone, con quien hizo la mítica trilogía del dólar, y Don Siegel, con quien hizo cinco cintas —si contamos la ópera prima de Eastwood, seis—, y de quien aprendió prácticamente todo lo que sabe de dirección. Estos dos autores navegan por las imágenes del film, pero menos de lo esperado. Nombres como John Ford —la contenida lírica del relato—, Sam Peckinpah—el héroe crepuscular condenado a un fatal destino—, John Huston —el perdedor—, o William A. Wellman —una vez más “Incidente en Ox-Bow” de 1943 se vislumbra en su obra— están más presentes que los dos antes mencionados, pero dichas influencias están asimiladas como debe ser. Insertadas inteligentemente en la historia no ahogan ni por un instante el estilo de Clint Eastwood, fusión de clasicismo y modernidad que ningún otro director posee en la actualidad.
“Los Imperdonables” parece una continuación de los temas planteados por el propio Eastwood dentro del género del western, de Ford que en los años 60 nos ofreció su visión crepuscular del género con la imprescindible “Un Tiro en la Noche” de 1962, y de Peckinpah, que con su mirada violenta descompuso la épica de un mundo en extinción, el de los viejos pistoleros que deben adaptarse a los nuevos tiempos. William Munny, a quien Eastwood arrastra literalmente por el suelo infinidad de veces, o le hace caer de su caballo, bien podría ser una extensión de Josey Wales, con quien termina de emparejarlo tras el enfrentamiento final en el bar. El biógrafo le pregunta cómo eligió el orden para matar a los cinco hombres que se enfrentaban a él. La respuesta de Munny es una evolución lógica a la respuesta que da Wales en “El Fugitivo Josey Wales” en una situación parecida.
La figura del biógrafo remite directamente al citado film de John Ford, en el que la leyenda quedaba más bonita que la realidad. W.W. Beauchamp (Saul Rubinek) también busca la leyenda en la historias, por lo que éstas son recordadas, pero su periplo le llevará hasta el mismísimo centro de la realidad, comprobando que ésta es mucho más cruel y triste que todo lo ya no escrito, sino imaginado. Será testigo directo del último acto horrendo de William Munny, el asesino de mujeres y niños, cuya transformación en el relato sigue una lógica interna. Tras once años apartado del alcohol, el principal motivo de su pasado violento, las armas o los caballos —en el film monta una yegua—, volverá a ser el que era antaño cuando le comuniquen la muerte de su amigo Ned Logan y coja una botella de whisky de la que se pondrá a beber.



“Los Imperdonables” tiene un estructura casi circular, adornada con la historia paralela de Bob el inglés —sensacional y divertido Richard Harris—, un pistolero que ha acudido al pueblo atraído por la recompensa. Su enfrentamiento con Little Bill Daggett, el sheriff del pueblo, no sólo es un anticipo de lo que le espera a Munny y sus amigos, sino que sirve para vestir el personaje de Daggett, uno de los antagonistas más fascinantes que haya dado el cine en los últimos años. Gene Hackman, que se llevó un merecido Oscar por su interpretación, logra crear un personaje con múltiples aristas que va más allá de ser el típico villano de la función. Daggett es un hombre con un peculiar sentido de la justicia, y puede resultar tan temible —la paliza delante de todo el pueblo a Bob el inglés— como encantador por torpe —la penosa construcción de su casa—. Un rival a la altura de la leyenda de William Munny.
También nos habla de Ned Logan, quizá el único personaje positivo en un relato donde los buenos no son tan buenos ni los malos tan malos. Morgan Freeman, en su primera colaboración con Eastwood, transmite esa humanidad típica en muchos de sus personajes. Un hombre que ayuda a su amigo, pero llegado el momento de la verdad no puede disparar contra un hombre porque realmente él ya se ha reformado, ha dejado atrás de verdad su pasado violento. Schofiled Kid —un convincente Jaimz Woolvett— refleja la juventud, el ímpetu, la fanfarronería, tal vez lo que Logan y Munny fueron en sus tiempos jóvenes. El chico ayudará a Munny hasta que descubre por sí mismo que matar a un hombre puede ser algo fácil de hacer, pero muy duro de asimilar.
Hasta el clímax final, Eastwood alterna paisajes abiertos con escenas de una oscuridad casi extrema, en la que apenas pueden verse los rostros de los personajes. Poco a poco, las tinieblas van ganando a la luz en una historia cuyo clímax parece desarrollarse en el mismísimo infierno, fotografiado por un Jack N. Green en plena forma. En la famosa escena del bar, Munny aparecerá cual figura fantasmal, para llevar a cabo su venganza personal y demostrará la eficacia de la historia que instantes antes Daggett ha contado al biógrafo: un hombre tranquilo es el más peligroso en un tiroteo. La fotografía es más tenebrista que nunca, y Munny, que sabe que se verá con Daggett en el infierno, desaparece en medio de la lluvia no sin antes lanzar una advertencia de muerte y destrucción.




“Los Imperdonables” está delimitada por dos planos al más puro estilo John Ford —como si, a modo de homenaje, todo lo narrado por Eastwood no sobrepasase al más grande director de western que ha habido—. Un texto nos indica el pasado de Munny, y cómo una mujer le cambió la vida. Dicha mujer se llamaba Claudia, y su madre, que viajará hasta el último lugar de descanso de su hija, jamás llegará a entender por qué su única hija se casó con un hombre tan violento. Nadie conoce la verdadera cara de William Munny, sólo Claudia —pocas veces un personaje que no aparece físicamente en una cinta tuvo tanta presencia en una historia—, y el espectador.
“Los Imperdonables” ganó 4 Premios Oscar de la Academia (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor de Reparto (Gene Hackman) y Mejor Montaje) y fue nominada para otros 6 (Mejor Actor Protagonista (Clint Eastwood), Mejor Guion Original, Mejor Fotografía, Mejor Dirección Artística, Mejor Sonido y Mejor Montaje de Sonido). Una obra maestra ya no sólo del western, sino del Cine en general. Un Clint Eastwood introspectivo que hizo las delicias de los críticos europeos, mientras que en Estados Unidos tenía un gran éxito de público y se alzaba como la vencedora en los Oscar entregados en la edición de 1993, siendo el tercer western en toda la historia que conseguía el premio a la Mejor Película, tras “Cimarrón” de 1931 y “Danza con Lobos” de 1990.

1 comentario:

  1. Buenasa pelicula del Oeste USA. y los artistas de primer nivel. saludos

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