sábado, 23 de abril de 2011

CAPITULO 54: BEN-HUR - BEN-HUR UN RELATO DEL CRISTO (1959)





“Ben-Hur” tiene ví­nculos que se podrí­an calificar de vitales para ir comprendiendo, no sólo el origen del cine, sino lo que este Arte es y debemos asimilar como esencia primordial. El cine por encima de todos los componentes polí­ticos y sociales de todos los tiempos, valores que respeto y apoyo, es ante todo, un espectáculo visual, el cine no serí­a cine, sin esa visualidad que entra estallando nuestro cerebro y dividiéndolo en moléculas de vida y a veces, retazos del más puro de los artes. Y “Ben-Hur” es claro exponente de todo lo dicho, como lo es “Lo que el Viento se Llevó” de 1939, “Lawrence de Arabia” de 1962 y Cleopatra” de 1963 que son films que pasaron por meritos propios a ser considerados piezas de museo, valores representativos del nuevo cine, y centro y guí­a de las nuevas realizaciones, como por ejemplo: la trilogía del “El Señor de los Anillos”,  salvando las distancias, lógicamente.
“Ben-Hur” es un clásico, pero no un titulo clásico de visión obligada. Es el clásico de los clásicos, es el film coral de un profesional como William Wyler, y la única cinta que tiene el merito de ser por sí­ sola una fuente de enseñanza, recubierta por el dorado y merecido metal del premio más prestigioso de las artes y ciencias cinematográficas de Hollywood: los premios Oscar de la Academia.
“Ben-Hur” supone uno de los paradigmas del cine como espectáculo, del cine épico y colosal que entretiene y que, a pesar de su larga duración no se hace pesada. Además es de aquellas cintas que soporta perfectamente el paso del tiempo. Las podemos ver repetidamente sin que aburran.
Es una de las superproducciones de Hollywood para intentar competir con la televisión. Sus cifras siguen siendo espectaculares: 15 millones de dólares, 50.000 extras, 350 actores y unos decorados dignos de una gran obra.
“Ben Hur” es recordada sobre todo por ser la primera cinta de la historia en ganar 11 Premios Oscar de la Academia (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor Protagonista, Mejor Actor de Reparto, Mejor Dirección Artística, Mejor Fotografía, Mejor Montaje, Mejor Diseño de Vestuario, Mejor Efectos Visuales, Mejor Banda Sonora Original y Mejor Sonido) de las 12 Nominaciones con la que optaba, y haber ostentado el record de premios durante buen tiempo, número igualado 38 años más tarde por “Titanic” de 1997 y “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey” del 2003.




El film está basado en el libro homónimo escrito por el general Lewis Wallace que se publico en 1880 y que fue adaptada para el cine mudo en 1925 por Fred Niblo. Se basa en la amistad traicionada entre un oficial romano, Messala, y un príncipe judío, Judah Ben-Hur, condenado de por vida a galeras, tras ser acusado injustamente de intentar asesinar a un procurador romano y de ver confinadas en mazmorras a su madre y su hermana. Una historia abierta a la esperanza y al entendimiento religioso. Comprar los derechos de la novela le supuso a Metro Goldwyn Mayer 600.000 dólares de 1925, así que para volver a llevarla a la pantalla en 1959 no tuvo que desembolsar cantidad alguna ya que los derechos para el cine aún le pertenecían.
La versión de 1925 es una de las grandes realizaciones del cine mudo, sobre todo por su meticulosa planificación, y secuencias deslumbrantes como el desfile en Roma o la carrera de cuádrigas. Niblo dejó el listón muy alto, por lo que la labor de su ayudante Wyler seria extraordinaria en 1959. Con la sola excepción de “Los Infiltrados” del 2006, “Ben-Hur constituye el único “remake” que ha alcanzado el Oscar como mejor película. Sobra especificar la ingente preparación de cada parte de esta obra maestra, sus escenarios, platós, exteriores, montajes, decorados, maquillaje, vestuario, etc. Por lo tanto, la banda sonora que compuso Miklós Rózsa para “Ben-Hur” dota a la historia de gran parte de su intensidad dramática y profundo tono épico. Aparte de “Psicosis”, “Doctor Zhivago”, “La Pantera Rosa” o “Star Warspocas piezas musicales han expresado de modo tan rotundo la síntesis de una trama.
Este largometraje rodado en Cinemascope supuso la salvación de la Metro-Goldwyn-Mayer, una compañía a punto de declararse en quiebra cuando comenzó el rodaje. “Ben-Hur” fue una producción muy costosa, y los 15 millones de producción de dólares americanos fue una apuesta hecha por la MGM para salvarse de la bancarrota, y la apuesta funcionó cuando se obtuvo un total de  90 millones de dólares en taquilla en todo el mundo.



La Historia se sitúa en Judea en el año 30dc. Roma domina el mundo conocido con mano de hierro y también Palestina. Son los años del reinado de Augusto y su sucesor Tiberio. El pueblo palestino sueña con la llegada del Mesías que los liberará del yugo romano. Entre los habitantes de Palestina está Judah Ben-Hur un hombre rico y respetado, que también cree en Dios. Pertenece a una familia noble de Jerusalén.
Los romanos temen por una revuelta Palestina contra el poder y Roma envía a dos legiones al mando del nuevo jefe militar Messala. Éste y Judah, eran amigos de la infancia. Judah, cree que Messala es la esperanza para romper esta tensión y evitar enfrentamientos entre ambos pueblos. Por su parte Messala cree que Judah, gracias a su antigua amistad, se posicionará a favor de los romanos y traicionará a su pueblo. Sin embargo, la reunión entre ambos distancia sus posiciones y quedan enfrentados y advertidos.
El nuevo gobernador de Palestina Valerio Grato desfila con su comitiva por las calles de Jerusalén. La familia de Judah observa desde la terraza y la hermana de éste accidentalmente al apoyarse en la azotea provoca el desprendimiento de una piedra que cae sobre el gobernador. Messala se acoge a este accidente para culpar a Judah de atentar contra el gobernador y es enviado a galeras. Ben-Hur jura vengarse.  En su viaje al puerto, Judah conocerá a Jesús, quien le dará agua. Ya en la galera, Ben-Hur conocerá a Quinto Arrio, primer Cónsul de Roma, al que salvará la vida en una batalla en la que la galera se hunde. Como gratitud, Quinto Arrio le adoptará como hijo suyo, con lo que obtiene riquezas y títulos. Sin embargo, Judah Ben-Hur sabe que tiene un juramento que cumplir.
En su camino a Jerusalén, Judah Ben-Hur conocerá a Baltasar, y al Jeque Ilderim, un comerciante árabe. De Baltasar aprenderá que hay alguien en quien creer, un Mesías, hijo de Dios, que liberará a los hombres de su ira y su odio. Por el contrario, de Jeque descubrirá que Messala participa en las carreras de cuadrigas y, en la arena del circo. Alimentado por su odio, Judah Ben-Hur reta a Messala en las carreras y por otro lado, busca a su madre y hermana. Al regresar a Jerusalén, descubre que todo lo que había conocido había quedado reducido a ruinas, que su familia había desaparecido y que la única explicación que tenía era de la hija de un esclavo suyo, llamada Esther, a quien Judah amaba profundamente.
Tras condenar a Judah a las galeras, Messala no sólo le había confiscado todos los bienes sino que se ensañó con su madre y hermana encerrándolas en los calabozos. Judah se debate interiormente entre su venganza hacía su verdugo y su antigua amistad de la infancia. Pero sabe que Messala no va a cambiar y que su única opción de resarcirse es poder ver su cuerpo mutilado y maltrecho en la arena del circo. Para ello, correrá la carrera de cuadrigas. Ahí vencerá a Messala, quien terminará cayéndose de su carro, y siendo atropellado y pisoteado por otro. Con el cuerpo ensangrentado, estará condenado definitivamente a su muerte. Messala, en un último aliento le comunica que su madre y su hermana están vivas, pero que están en el valle de los leprosos. Por lo tanto, como Judah sabe, están condenadas a una muerte lenta y horrible.
Judah, desolado, recorre las calles de Jerusalén con su madre, su hermana, y Esther. Él accede al requerimiento insistente de ésta para que sean sanadas por el Mesías de Nazareth, al que ha escuchado predicar y obrar maravillas, mientras una procesión de gente acompaña a gritos la marcha de los nuevos crucificados, entre ellos un hombre que una vez dio de beber a nuestro héroe. Judah Ben-Hur, como agradecimiento, trata de devolverle su ayuda con agua sin embargo un soldado romano tira el agua antes de que Jesús pueda beber y tener un poco de aliento en su pesada carga.
Este encuentro, y el presenciar después la crucifixión del hombre que un día le salvó de morir, harán que Judah encuentre la paz y mitigue su ira a través del perdón. Regresa aún bajo la catarsis de lo que ha presenciado cuando ve que su hermana y su madre han sanado milagrosamente.



La historia, tras un prólogo inicial de más de seis minutos con la música de Miklos Rózsa sobre un plano detalle fijo de la mano de Adán en la Creación de Miguel Ángel, y el título de "Overture" en tipografía cuadrada, se inicia con el nacimiento de Cristo en el portal de Belén, y esta secuencia da una idea del enorme peso que esta trama secundaria tiene como subtexto importantísimo del guión. Todo gira alrededor de un eje temático básico: el poder de la doctrina cristiana y la conveniente aplicación de las enseñanzas de Cristo en las situaciones más adversas de la vida. Judah Ben-Hur es un joven cargado de odio, primero hacia Messala, como catalizador de la vorágine de desgracias que sobrevienen a Judah y a su familia, y más tarde contra lo que el mismo Messala ejemplifica: la colonización y destrucción que ejerce Roma, imponiendo su aplastante imperio en todas las culturas y pueblos que va encontrando en su camino hacia el poder mundial. A lo largo del film, Judah Ben-Hur se va encontrando en diversos momentos con personajes que, pese a tener diversas caras, orígenes y nombres, tienen todos en el guión una función común: la de intentar hacer entender a Judah Ben-Hur que el único camino posible es el del perdón cristiano que ese extraño profeta predica por las calles de Judea antes de que los mismos romanos lo lleven a la cruz. Todos estos personajes: Baltasar, Esther, Miriam, Tirzah, Sheik Ildarim e incluso su mismo padre adoptivo romano Quinto Arrio, tratan de convencer a Judah de que el odio y la venganza no han de ser su objetivo, y este es realmente el verdadero tema del film. La cinta está llena de simbología, y destacan a este respecto, los tablones de madera sobre los que Judah y Messala juegan a clavar su lanza -claro anticipo de la cruz cristiana- o el agua, como símbolo cristiano de vida y purificación, que acompaña todas las situaciones en las que Judah se plantea su fe: momento en que Jesús le da agua salvándole la vida en una cadena de esclavos y que se repetirá a la inversa cuando aquél caiga con su cruz en su camino hacia la muerte, la misma acción realizada por Arrio en las galeras, tras ser salvado por Judah en tres ocasiones, o en la secuencia final de la muerte de Cristo, catarsis definitiva para Judah, cuando su madre y hermana son curadas de la lepra milagrosamente, mientras el agua cae del cuerpo ya inerte de Jesús en la cruz, arremolinándose en riachuelos cargados de una sangre mártir e inocente.
Todo este sentido religioso, muy adecuado y atractivo para una sociedad americana marcada por un fuerte conservadurismo, iba acompañado, a su vez, de un sentido político indudable. En aquella época muchos de los grandes magnates de la industria de Hollywood eran de origen judío, por lo que la denuncia de las injusticias históricas hacia este pueblo era lógicamente muy frecuente. Los romanos aparecen en muchos de estos films como un grupo tan injusto y cruel como lo fueron los mismos alemanes nazis durante la Segunda Guerra Mundial. De todos es conocida, por otro lado, la influencia de la antigua Roma en la imaginaría y en los propósitos imperialistas del Tercer Reich, pero es curiosa en el caso de “Ben-Hur” la inspiración directa en el genial rodaje que del Congreso del Partido nazi en Nuremberg en 1934, rodó Leni Riefensthal como documento de incalculable valor histórico y estético en “El Triunfo de la Voluntad”. Esta influencia es clarísima en los planos que preceden a la llegada de Judah Ben-Hur a Roma, recibido como héroe tras salvar la vida de Arrio. El César subiendo las escaleras del palacio, las tropas congregadas en una disposición milimétricamente ordenada, la gran Águila Imperial tras el gobernante… Roma y la Alemania nazi son las mayores opresiones que el pueblo judío ha sufrido a lo largo de su historia, y en la cinta esta alusión paralela está claramente presente. Pero a su vez, el film transmite un mensaje de esperanza hacia la situación que el pueblo de Israel estaba atravesando en esos años. Tras la reciente creación del estado israelí en el año 1948, la relación entre los árabes y los judíos estaba ya siendo en sus inicios un problema creciente que, como tristemente sabemos, se ha ido acrecentando con los años. En el guión de “Ben-Hur”, pese a haber una relación conciliadora entre árabes y judíos, claro mensaje de lo que podría y debería ser, se da una clara apuesta por el pueblo judío y por sus derechos en una tierra a la que históricamente pertenecen. Los árabes, representados apenas por el personaje de Sheik Ildarim (espléndido Hugo Griffith) aparecen muy superficialmente y en algún caso hasta un tanto ridiculizados por los romanos, de manera que no es de extrañar que el supuesto mensaje de paz no fuese para nada captado por este pueblo, y que el film se prohibiera en la República Árabe Unida, la que argumentó con razón que la cinta se decantaba claramente a favor de los judíos.
La historia de Judah Ben-Hur, la amistad con Messala, la venganza hacia su tragedia familiar, sus experiencias y aventuras a lo largo de los años, y el brillo bí­blico que bordea este fresco del cine, es resaltado por el brillantí­simo trabajo de William Wyler , profesional camaleónico y puntual nombre del Séptimo Arte.
El productor Sam Zimbalist fue el elegido para crear este proyecto, ya que contaba con la experiencia de haber producido otro gran éxito en taquilla de la Metro, la superproducción “Quo Vadis” de 1951. Contrató a William Wyler, director de prestigio y talento en el Hollywood de aquellos años e hizo firmar a Charlton Heston, actor en alza por aquel entonces, uno de los papeles que le harí­an internacionalmente famoso, no ya solo como presencia en pantalla, sino como actor reconocido. Lamentablemente Zimbalist falleció durante el rodaje, con lo que no pudo ver su obra finalizada.
Muchos otros actores se les ofreció el papel de Judah Ben-Hur antes de Charlton Heston. Burt Lancaster afirmó que rechazó el papel de Ben-Hur porque no le gustaba la moral de violentos en la historia. Paul Newman se convirtió abajo, porque dijo que no tenía las piernas para usar una túnica. Rock Hudson y Leslie Nielsen también se ofrecieron el papel. Kirk Douglas estaba interesado en tomar el papel, pero fue rechazado a favor de Heston. Esto inspiró a Douglas para realizar el papel protagónico de “Espartaco” un año después.



Durante el rodaje, el actor Stephen Boyd que representaba a Messala, se encontró con el problema de que en su papel tenía que representar a un hombre que era amigo de Judah Ben-Hur, pero a la vez su principal verdugo. Un hombre que era capaz de querer profundamente, pero también dejar cualquier escrúpulo ante el ejercicio de sus deberes. Wyler, viendo el problema, habló con él para ayudarle con el personaje. Lo curioso fue la idea que le dio: aconsejado por Gore Vidal para desarrollar su personaje, le dijo que debía enfocar su relación hacia Judah Ben-Hur como una relación homosexual. Una relación homosexual pero no física, sino emocional. Admirando y queriendo a Judah desde lo más profundo de su ser pero a la vez escondiendo sus sentimientos y su oscuro deseo. Gracias a este consejo y al buen hacer de Boyd, su actuación fue la más sobresaliente de toda la cinta. Y por supuesto, Heston jamás se enteró de esto ya que él fue el principal precursor de anular en la cinta cualquier tipo de relación homosexual entre Judah y Messala.
William Wyler fue un director a menudo acusado de carecer de un estilo formal claro, demasiado frío y objetivo. Pero lo cierto es que “Ben-Hur” se beneficia de esta objetividad. La cámara parece realmente ausente en casi todo el film, y cuando se mueve, lo hace de manera sigilosa, casi sin apreciarse (a excepción clara de los travellings de seguimiento en la carrera de cuádrigas que, por otro lado, no son responsabilidad de Wyler), y sólo para obtener un reencuadre o posición más adecuados. El estilo de Wyler da protagonismo a los diálogos de los actores, permitiendo que destaquen unas interpretaciones excelentes en todos los casos. No obstante, en las escenas de acción, el montaje tiene un papel fundamental, como en la escena en las galeras, en la que el ritmo que marca el soldado con su bombo se va acelerando in crescendo , poniendo a prueba la resistencia de unos hombres, muertos en vida, que ya no tienen más destino que esperar el final.



Sin duda lo más espectacular de “Ben-Hur” fueron las secuencias de la carrera de cuádrigas y la batalla naval. Para la primera, se construyó un enorme decorado que representaba el Circo de Antioquia, en el que el rodaje de la carrera se realizó de una manera tan realista que supuso enormes riesgos y peligros para todos los integrantes del rodaje. Pese a que se utilizaron especialistas para los planos de mayor riesgo, Heston y Boyd protagonizaron muchos momentos de elevado peligro en el rodaje, hecho que aún elevó más el sentido de realismo de la acción. El montaje, obra maestra indiscutible en esta escena, ha sido imitado en numerosas ocasiones, aunque tal despliegue de medios no ha sido posible en ninguna imitación posterior. El ritmo vertiginoso de los planos, el suspenso creado por la situación de enorme peligro y el desarrollo de la carrera vuelta a vuelta, la crueldad de las muertes y el peligro que toda la escena respira debieron suponer para el público del momento una alucinante experiencia de espectacularidad visual y de acción. Toda la escena, además, está montada sin música, a diferencia de la batalla naval, y el sonido de los carros, el trotar de los caballos y el griterío del público consiguen ser elementos mucho más angustiosos que cualquier música ambiental. De entre los homenajes a esta escena, sin duda el más evidente y claro es el que realizó George Lucas para la carrera en “Star Wars: Episodio I: La Amenaza Fantasma” de 1999, en la que se llegaron a realizar planos idénticos a los rodados por Wyler, aunque el despliegue fuera en este caso más infográfico que real.
La carrera de cuádrigas de “Ben-Hur” es una escena emblemática de la historia del cine. Si la versión de Niblo era notable, la de Wyler, rodada con los directores de 2ª unidad Andrew Marton y Yakima Canutt, es casi insuperable. Aunque Wyler participó activamente en la preparación del rodaje y montaje final. Son 11 minutos de tiempo magnífico: planificación y montaje, aparcamiento momentáneo de la soberbia partitura de Miklos Rozsa para usar sólo el sonido de los carros y el público, voltereta asombrosa de Canutt en uno de los momentos en que dobla a Heston, posicionamiento de la cámara en lugares que se dirían imposibles, el plano de un espontáneo  que exhibe el casco del caído Messala- Como explica Wyler “dos horas de la historia cimentan la enemistad de estos dos hombres y la dirigen a este clímax”.
Cuando Willian Wyler se enfrentó a la secuencia de la carrera de cuadrigas, ésta era ya una leyenda en las versiones anteriores y el público la esperaba. La secuencia de la carrera duro cinco semanas de rodaje. Se escogieron 18 caballos entre 78, los cuatro blancos de Ben-Hur procedían de Eslovenia y fueron entrenados por un experto, Glenn H. Randall. William Wyler contrató a Andrew Marton porque era un experto en películas de acción y éste contrató a Yakima Canutt, antiguo campeón de rodeos y famoso especialista. En 1958 ya estaba retirado y volvió por el reto. Su hijo Joe Canutt, dobló a Charlton Heston durante la carrera de cuádrigas sufriendo un percance muy serio en el momento en que la cuádriga de Heston salta por encima de la de otro participante y Joe está a punto de caerse bajo los caballos. Heston quedó tan satisfecho con el trabajo de Joe como doble suyo que ésta no sería la última vez que lo doblase.



En algunos carros solo había tres caballos, para que las furgonetas con las cámaras pudieran conseguir primeros planos durante los 23 segundos que duraba el recorrido de la pista. Otro truco consistió en atropellar a un muñeco que justo antes de ser arrollado brincaba por efecto de un muelle oculto. Dado el calor del verano de 1958 los caballos sólo podían hacer cinco o seis carreras al día. La arena romana donde se desarrollan las carreras de cuádrigas fue construida a tamaño real, se tomó como modelo una copia del antiguo circo de Antioquía. En toda la escena de la carrera de cuadrigas Stephen Boyd no tiene ningún doble por lo tanto todas las escenas donde aparece Messala en la carrera (incluyendo la caída estrepitosa de este) fueron hechas por el actor.
15.000 extras hicieron de público en la famosa carrera de cuadrigas, cuyo rodaje se realizó bajo un intensí­simo calor en pleno verano. Para paliar los efectos de las altas temperaturas, se distribuyó a parte del equipo, conveniente disfrazado, entre los miles de extras para distribuirles agua, aunque no siempre esta medida fue suficiente ya que muchos terminaron desmayándose y tuvieron que ser atendidos en una enfermerí­a de campaña montada en los estudios romanos.
Esta es sin duda, la mayor secuencia de acción jamás filmada y seguramente difícil de volver a repetir. Hoy en día la tecnología digital hace difícil lo imposible, pero observando la carrera de cuadrigas de “Ben-Hur” parece imposible que se hubiese filmado, y sin que sucediera ningún accidente serio.
El director Wyler, que era judío, elabora una de las cintas de mayor sensibilidad cristiana, en especial por el respeto con que trata a Jesús, siempre con sutilidad, sin necesidad de mostrar su rostro ni articular su voz. Fue interpretado por el cantante de ópera Claude Heater, quien no recibió el crédito por su papel en la cinta únicamente.  Su sola presencia en pantalla y la reacción de las personas que le escuchan tienen la intensidad suficiente y no hace falta ver al actor que lo interpreta. Jesús de Nazareth da de beber a un sediento Judah, ante los malos tratos del legionario romano que lo lleva preso. La cara de Jesús se refleja en Judah y en el legionario, quienes se sienten profundamente conmovidos. Y la escena de la crucifixión, con la sangre regando la Tierra, es de una belleza inefable.





Ben-Hur” ha pasado a la historia por ser uno de los mejores films épicos jamás rodados. La película fue rodada en Panavisión. Éste, uno de los más revolucionarios de los nuevos formatos de pantalla ancha, se basaba en la utilización de una lente anamórfica que permitía grabar las imágenes en soporte de 70mm, a través de la conocida cámara MGM 65. El Panavisión, al igual que el resto de estos nuevos formatos, supuso una notable revolución en el lenguaje cinematográfico, ya que la composición de los planos cortos se hacía ahora más complicada, por lo que muchos directores optaban por una realización basada en grandes vistas generales que ya iba muy bien a la voluntad de enseñar la grandiosidad de los decorados construidos a gran o pequeña escala para estas cintas. Utilizando los famosos estudios Cinecittà de Roma, y sus alrededores, se construyeron enormes decorados y se utilizaron multitud de extras y un gran despliegue de medios a todos los niveles. Quizás sea el resultado de todo esto el mayor mérito del film, perfectamente ejemplificado en los 11 premios Oscar que consiguió.
La trascendencia de “Ben-Hur” en el cine solo es equiparable a otras grandes cintas como “El Padrino” de 1972, “Star Wars: Episodio IV: Una Nueva Esperanza” de 1977, “Blade Runner” e “E.T.: El Extraterrestre” de 1982, “Apocalipsis Ahora” de 1979, la trilogía de “El Señor de los Anillos” (2001-2003) y unas pocas más elegidas. Se suele incluir en el mismo lote a “Ben-Hur” y “Espartaco”, y ambas son excepcionales cada una en su estilo. Es precisamente el estilo lo que hace que “Ben-Hur” esté por encima de otras grandes obras por el brillante argumento de Lewis Wallace pero sobre todo por su extraordinario guión de Karl Tunberg. Unido a unas actuaciones sobresalientes de todos sus actores secundarios así como una actuación muy notable de Charlton Heston y el excepcional despliegue de medios técnicos y humanos. Por ello, si tuviésemos que catalogar por cada género la mejor cinta de cada uno de ellos, sin lugar a dudas en el género Peplum y de Aventuras semi-históricas la nº1 sería “Ben-Hur”.
“Ben-Hur” es un producto que merece un reconocimiento más que notable como una de las grandes obras que el espectáculo del cine ha regalado a su público. Y la música de Miklos Rozsa es una de las más conocidas y complejas jamás escritas para el cine. Una banda sonora que hace justicia a la grandiosidad de la cinta.

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