viernes, 22 de abril de 2011

CAPITULO 53: CLEOPATRA (1963)





Richard Burton, Rex Harrison y Elizabeth Taylor protagonizan una de las cintas más espectaculares de todos los tiempos, la historia de la reina del Nilo y sus amorí­os con Julio César y Marco Antonio. La cinta se distingue por las notables interpretaciones de Burton y Harrison, aunque toda la cinta gira alrededor de Elizabeth Taylor -en el momento de su mayor belleza-, que desarrolla uno de los más “glamorosos” papeles de su carrera. Impresionante por su envergadura y grandeza, “Cleopatra” ganó 4 premios Oscar de la Academia (Mejor Fotografí­a, Mejor Dirección Artística, Mejor Diseño de Vestuario y Mejor Efectos Visuales) y fue nominada a otros 5 (Mejor Película, Mejor Actor Protagonista (Rex Harrison), Mejor Montaje, Mejor Banda Sonora y Mejor Sonido). Sus brillantes momentos incluyen la espectacular entrada de Cleopatra en Roma. Apoyada por un gran reparto y vestuarios de ensueño, éste es el retrato épico de la mujer que conquistó a dos de los más grandes soldados de Roma, cambió el curso de la historia y terminó siendo sinónimo de la seducción.
El proyecto de rodar Cleopatra surgió porque la Fox estaba en crisis y para recaudar dinero se planteó realizar un remake de bajo presupuesto de una vieja cinta de éxito. La historia a versionar fue “Cleopatra”; se había rodado en 1934, con Claudette Colbert y dirigida por Cecil B. De Mille. La meta era crear una cinta con un presupuesto de 2 millones de dólares de ese entonces y que se rodara en 64 días. “Cleopatra” es negativamente famosa por llevar casi a la quiebra a la productora 20th Century Fox porque terminó costando 44 millones de dólares (el equivalente a 295 millones actuales) y más de 14 meses de filmación. Elizabeth Taylor fue contratada por la suma de 1 millón de dólares (de entonces) para interpretar a Cleopatra VII y como el proceso de filmación se alargaba, por los constantes retrasos de la producción, cobraba 50.000 dólares por cada semana adicional, lo que le valió una ganancia de 7 millones de dólares, lo que equivale a un pago aproximado de 47 millones de dólares actuales. Tanto así que durante un tiempo “Cleopatra” fue la única cinta de Fox que se encontraba en rodaje, pues todo el dinero disponible del estudio se iba a esta cinta.
El elevado gasto se produjo en parte debido a la elaboración ostentosa del film, con complicados decorados (que tuvieron que ser construidos dos veces) y con abundante vestuario (la protagonista lucía 65 vestidos), y aumentó enormemente por una interrupción durante el proceso de filmación en Londres y otra cuando la producción se trasladó a Roma.
La filmación empezó en Londres en 1960. Joseph L. Mankiewicz entró en la producción y dirección después de la salida del primer director (Rouben Mamoulian), quien tenía en mente a la actriz afroamericana Dorothy Dandridge para el papel principal. Lo que se había filmado hasta el momento había costado 5 millones de dólares y no era material usable. Esto en parte se debió a que los actores que originalmente se contrataron para interpretar a Julio César (Peter Finch) y a Marco Antonio (Stephen Boyd) dejaron el proyecto debido a otros compromisos. Mankiewicz fue luego despedido durante la fase de montaje, y luego contratado nuevamente cuando nadie pudo juntar todas las partes de la cinta. Junto con éste, el rodaje se trasladó a Roma, donde se construyeron los ostentosos decorados diseñados por John DeCuir. Un año después de la primera filmación en Londres se retomó la filmación de la película en Roma con un guion nuevo escrito por Mankiewicz.






Elizabeth Taylor empezó a enfermar durante la filmación, y en un momento tuvo que ser llevada a la sala de emergencia donde se le practicó una traqueotomía para salvarle la vida. La cicatriz de la intervención se puede ver en algunas escenas de la cinta. Esto provocó que la filmación fuera cancelada. La producción se trasladó a Roma después de seis meses, porque el clima inglés no ayudaba a la recuperación de la actriz, además de que el frío y la humedad de Londres provocaban el constante deterioro de los costosos sets y de las plantas exóticas que eran requeridas para la ambientación.
Durante la filmación, Elizabeth Taylor conoció a Richard Burton y ambos tuvieron una relación amorosa muy pública; la relación entre ambos dio titulares mundiales. Este escándalo negativo de la imagen pública de Elizabeth Taylor se unió a la ya negativa imagen publicitaria que tenía la producción de “Cleopatra” en ese entonces. Elizabeth Taylor fue considerada antes, durante y después de la cinta una autentica revolucionaria sexual, batalla que venció y afortunadamente hizo cambiar todos los esquemas de aquella sociedad puritana, venciendo al propio Vaticano.
El mal humor de Joseph L. Mankiewicz era de una minuciosidad que rayaba la locura (Se repitió más de 50 veces la presentación del primogénito de Julio Cesar en la secuencia de tonos dorados en el interior del palacio). La labor de Mankiewicz, al parecer fue extenuante. Durante el dí­a se dedicaba a rodar, durante la noche trabajaba en el guión que se iba completando sobre la marcha y a la mañana siguiente antes de empezar a rodar se encargaba de todo lo relacionado con la producción. Su tarea fue tan exigente que tuvo que inyectarse varias veces cada dí­a para poder mantener el ritmo de rodaje y a su vez para poder dormir al acabar la jornada.
Elizabeth en las escenas de amor junto a Burton, perdí­a totalmente la memoria y tení­an que indicarle el dialogo con enormes letras. Rex Harrison se negó a repetir otra vez su marcha al Senado, cuando es asesinado por Bruto, por las numerosas interrupciones e indicaciones casi caóticas de Mankiewicz en relación a la túnica roja que cubre parte de la cabeza y el cuerpo de Cleopatra, y en su forma de caer… la intranquilidad que deberí­a reflejar Liz Taylor… Se comenta que de esa escena, se hicieron 35 tomas.






La triunfal entrada de Cleopatra en Roma se rodó en unas condiciones óptimas para su proyección, se estuvo filmando durante más de un mes la famosa secuencia y posteriormente al ser visionada se pensó que la dirección del sol no era la adecuada y se pospuso para hacerla nuevamente cuando la iluminación fuera la correcta. Mankiewicz, enorme perfeccionista, gran director, carismático conductor de actores, nunca estuvo de acuerdo con semejante decisión del productor Wagner, manteniendo su interés por la secuencia inicial, y hasta amenazó con abandonar la reconstrucción del guión y la dirección, pero la insistencia de su amigo Rex Harrison, dispuesto a poner dinero de su propio bolsillo para soportar los costos de llevar a cabo la histórica secuencia, las reiteradas suplicas de Liz Taylor y Richard Burton, como la de su “í­ntimo” amigo Roddy McDowall, hizo que el maestro Mankiewicz cediese y seis meses más tarde, en los mismos estudios Cinecittí , en pleno verano y con el sol en condiciones favorables, pudiéramos ahora disfrutar la escena más impresionante de toda la historia del cine.
El montaje final que Mankiewicz presentó al estudio duraba seis horas. Fue recortada a sólo cuatro horas para su premier original, pero el estudio exigió (contra las objeciones de Mankiewicz) que el film debería ser recortado una vez más. Esta vez fue una versión de tres horas, para permitir a las salas de cine incrementar el número de las proyecciones diarias de la cinta. Debido al masivo corte que sufrió la cinta, ciertos detalles tuvieron que ser eliminados, como la muerte de Rufo. Mankiewicz trató (sin éxito) de convencer al estudio para dividir la cinta en dos partes y poder preservar la versión sin cortes, una serí­a César y Cleopatra, y la otra Antonio y Cleopatra. Cada una de ellas debí­a durar 3 horas, con lo que el metraje actual de 4 horas reduce en exceso la idea del director. Cortar tanto la cinta contrarió mucho al director, eso por no hablar de que durante muchos años la cinta fue reducida todaví­a más a 3 horas y 15 minutos. Debido a lo que sucedió, la 20th Century Fox lleva años intentando recuperar todo el metraje filmado por Mankiewicz para formar esas 6 horas de metraje, así­ que con suerte en algunos años podremos disfrutar de la versión que Mankiewicz siempre tuvo en la cabeza. Como referencia tenemos que en el año 1995, algunos ejecutivos de Fox y familiares de Joseph L. Mankiewicz empezaron a tratar de restaurar la cinta hasta la versión de seis horas que su director había hecho. Hasta el momento no ha sido posible recuperar la cinta en su totalidad pero se pudo recuperar la versión de 4 horas prevista al estreno original, y ha sido lanzada en una edición especial en DVD.








En el primer lanzamiento la cinta recaudó 24 millones de dólares (un éxito de taquilla para la época y en tiempo récord) pero con el costo total (que había sido de 44 millones) recaudar lo invertido tardó años, convirtiéndose en uno de los más grandes fracasos cinematográficos del cine (la Fox casi quebró con ello).
Elizabeth Taylor -bellí­sima- realizó un buen trabajo en términos generales pese a los graves problemas fí­sicos que sufrió durante el rodaje y que estuvieron a punto de hacerle perder la vida y sus mejores momentos son sin duda en los minutos finales de la cinta cuando a través de su actuación nos convence de que lo más importante para Cleopatra en el mundo es Marco Antonio, ni su reinado, ni su pueblo ni su propia vida. Conseguir esta convicción en una interpretación es muy difí­cil, así­ que las crí­ticas que recibió de la prensa en su momento no se entienden muy bien.
Rex Harrison como Julio César es sin duda el actor perfecto para el papel. Está hecho a su medida. Perfecta actuación la suya porque una vez vista la cinta quedas completamente convencido de que Julio César se debió comportar en la realidad como él muestra en la pantalla. Su nivel de realismo es estupendo. Richard Burton también da la talla como general romano con arrogancia sobrada, pero perdidamente enamorado. También podemos destacar la interpretación de Roddy MacDowall como Octavio. Para él podemos decir exactamente lo mismo que para Harrison, se desenvuelve como romano con un nivel de realismo muy alto. Hay una anécdota curiosa en torno a Roddy MacDowall, ya que pese a su gran actuación, por un error administrativo del estudio al proponerle como mejor actor principal y no como secundario quedó fuera irremediablemente de la lucha por los Oscar, a pesar de su gran actuación. Como curiosidad diremos que en el reparto aparecen Francesca Annis como una de las sirvientas de Cleopatra, a la que podemos recordar entre otras, en la cinta de David Lynch “Dune” de 1984, y por otra parte tenemos también a Cesare Danova como Apollodorus y a quién pudimos ver “Ben-Hur” en las pruebas cinematográficas para el papel del film que finalmente interpretarí­a Charlton Heston.




La cinta está dividida en dos partes bien diferenciadas, por una parte la de Cleopatra y César y por otra la de Cleopatra y Marco Antonio, y en cada una de ellas la relación de amor de Cleopatra con cada uno de ellos es muy diferente. En una se ve la relación de afecto y devoción hacia Julio César basado en la admiración que siente él; y en la otra la de amor incondicional y sin reservas con Marco Antonio que no se acabará en este mundo sino que durará toda la eternidad como muy bien expresa Cleopatra cuando pide que como última voluntad la entierren al lado de la tumba de Marco Antonio.
Aparte de una fotografí­a espléndida y un diseño de producción magní­fico podemos destacar igualmente la genial banda sonora compuesta por Alex North, una auténtica maravilla que le da un halo mí­stico y emotivo irrepetible. Por esta razón la decisión de incluir las músicas de apertura, intermedio y final, algunas de ellas sobre pantalla en negro resulta no sólo adecuada sino imprescindible, algo que sin duda se le agradece a la Fox.
La cinta está formada por un conjunto de larguí­simas secuencias algo desordenadas, perdiendo un poco de continuidad en conjunto, siempre pasa algo importante con lo cual tanta secuencia clave termina por no tener el efecto deseado, aunque es posible que las 2 horas que perdió la cinta en el montaje final ayudarí­an a suavizar las transiciones y conseguirí­an relajar en ciertos momentos tanta grandilocuencia para que las secuencias clave tuvieran un mayor efecto en el espectador lo que se consigue ofreciendo contrastes y no sólo momentos culminantes, pero eso de momento es hablar por hablar, por lo menos hasta que no se recupere el montaje original de Mankiewicz.
Hay detalles muy interesantes en “Cleopatra”, como cuando queman la flota enemiga y se incendia la gran biblioteca de Alejandrí­a. En esa escena no es Cleopatra la encargada de decirnos lo importante que es esa biblioteca sino Sosigenes, el erudito consejero de la reina que es un hombre intelectual y un experto en las artes, con lo que cuando nos dice la tragedia que supone perder la biblioteca con todos sus manuscritos como los de Aristóteles que pone de ejemplo, la pérdida cobra una mayor importancia no sólo para nosotros sino también para Cleopatra que tras oí­rle se da cuenta a la vez que nosotros de la magnitud de lo que está pasando.





La cámara se acerca al rostro de la reina de Egipto, da las últimas órdenes a sus fieles esclavas, y vamos poco a poco siendo testigos de su lenta agoní­a ante la llegada de una muerte anunciada… Todo ello dentro de un marco de increí­ble belleza, en el interior del mausoleo construido para este fin, y que para rodarlo se utilizaron baños auténticos de oro molido sobre estatuas, dioses y mobiliario. La escena final, Cleopatra muerta encima del sarcófago con la vestimenta que entró en Roma, mientras las dos esclavas, envenenadas, se arrastran sudorosas a ambos lados de su reina, al tiempo que la serpiente se desliza siniestra, triunfante y trágica.
A lo largo del film hay distintos ejemplos de diálogo inteligente, aunque cabe decir que en ocasiones no funciona y están fuera de lugar. Pero no es sólo una atractiva superproducción colosal, sino también una recreación cinematográfica considerablemente culta de una época histórica. Como César le dice a Cleopatra al principio: “Tienes una curiosa manera de mezclar polí­tica y pasión”. Al Igual que Mankiewicz.
El arduo proceso y los enormes gastos de realización de “Cleopatra” supusieron el final de las películas épicas peplum, al menos dentro de los grandes estudios. Tendrían que pasar casi 40 años hasta que Ridley Scott recuperara este género con “Gladiator”.

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