domingo, 17 de abril de 2011

CAPITULO 48: GONE WITH THE WIND - LO QUE EL VIENTO SE LLEVO (1939)






Todo empezó con la publicación de la novela de Margaret Mitchell, en junio de 1936. El productor cinematográfico David O. Selznick, que habí­a cerrado la compra de los derechos para su traspaso a la gran pantalla, casi de forma simultánea a la aparición de la novela, se vio desbordado ante todo lo imprevisto. En un principio se interesaron varios jefes pero debido a las altas exigencias económicas de los agentes dijeron que no todos los candidatos, incluida la poderosa MGM.
Selznick también se resistió en un principio y solo cuando el presidente del consejo de administración de Selznick International, Jock Hay Whitney, le envió un telegrama diciéndole que, cualquiera que fuese la decisión de Hollywood, él estaba dispuesto a comprar los derechos para la compañía, se ablandó.  América entera alababa la obra y, de igual manera, todas las jóvenes del paí­s ansiaban convertirse en Scarlett O’Hara. Habí­a sido un enorme éxito jamás imaginado por su autora, que comenzó la obra a raí­z de una lesión en el pie que le impedí­a seguir con su trabajo como redactora en el Atlanta Journal. Aún quedaba mucho para que Selznick viese cumplido su deseo, era un proyecto ambicioso y como tal, herví­a en un caldo de ebullición espeso. Sinceramente todos los que amamos el cine, le debemos a este hombre clave del cine, tan magna realización. Si Margaret Mitchell fue la madre de que guardemos en ese rincón de nuestro cerebro los personajes y la tierra de Tara, Selznick fue el padre de que viéramos plasmados en la realidad tantos y tantos bellos pasajes.

Podría decirse que David O. Selznick fue el alma mater de “Lo que el Viento se Llevó”. Fue él quien quiso que la cinta se hiciese a color, fue el que introdujo diálogos famosos como el de la última frase de Rhett Butler o las primeras palabras del comienzo y fue él quien eligió a los actores para los diferentes roles, sobre todo el de Scarlett O’Hara.
El film se ambienta en el sur de los Estados Unidos, en Atlanta, donde aún perduraba la esclavitud y los grandes terratenientes y cuenta la historia de una orgullosa y rica jovencita llamada Scarlett O'Hara (Vivien Leigh) que en los tiempos de la guerra de secesión estadounidense, lucha por salir adelante en una nación en guerra. Suspira por el amor de Ashley Wilkes (Leslie Howard), hasta el punto de que sobrepone este interés a cualquier otra cosa. Su vecino Ashley —un noble sureño— acaba casándose con Melania Hamilton (Olivia de Havilland), una mujer buena y adorable, frustrando así las aspiraciones de Scarlett. Al tiempo, un apuesto pero no tan noble negociante llamado Rhett Butler (Clark Gable) se enamora de Scarlett O’Hara.

Tanto el reparto como la elaboración del guión, fueron sin duda los mayores quebraderos de cabeza a que hubo de hacer frente el producto. Sidney Howard, escritor muy reconocido de la época, entregó en enero de 1937 un primer guión de cinco horas, mientras la elección de los actores y actrices se convertí­a en una obsesión nacional por excelencia. Selznick se habí­a empeñado en la búsqueda de una actriz clave para el personaje, eje del film, cuando todaví­a no tení­a ni dinero para producir la cinta, motivo por el cual, tuvo que verse obligado a vender sus derechos a la Metro Goldwyn Mayer.





Un problema al que se enfrentaron David O. Selznick y Sydney Howard fue que una de las líneas finales de la novela había quedado muy marcada en la mente de los millones de lectores pero, para los estrictos códigos morales de Hollywood, no sólo era inadecuada sino que estaba prohibida. Hacia fines de la década del 20 Hollywood había caído en desgracia por la cantidad de escándalos personales de sus estrellas y por el tono crecientemente permisivo que se iba observando en algunas cintas. Todo esto generó muchas críticas de público en general, el horror de los representantes de la iglesia y amenazas de las autoridades de que se iba a empezar a aplicar un sistema de censura.
Fue así que los jefes de los estudios de Hollywood decidieron reunirse para tratar de atacar el problema por dos frentes. Por un lado decidieron crear la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, para fomentar la toma de conciencia de las bondades del cine y para premiar sus logros con la estatuilla que luego se dio en llamar Oscar. Por otro lado resolvieron “censurarse” ellos mismos, a su conveniencia, antes de que vinieran a censurarlos de afuera.

Convocaron a Will H. Hays, presidente de la Asociación Estadounidenses de Productores y Distribuidores Cinematográficos, para que creara un Código de Producción, donde se delimitase muy claramente qué se permitía y qué no en el cine. Este Código, quizás más estricto de lo que habría sido en otras circunstancias, se llamó el Código Hays, y rigió los destinos morales de Hollywood desde 1930 y por muchos años. Cada estudio tenía su propio censor que leía los guiones y se aseguraba de que se lo observase al pie de la letra. Según el Código, a manera de ejemplo, los esposos dormían siempre en camas separadas. Si tenían cama matrimonial y los dos estaban sobre ella, uno de los dos tenía que tener los pies apoyados sobre el piso (es decir, estar sentado en la cama). Ningún personaje malvado, ni prostituta, ni mujer infiel, ni insinuación de homosexualidad podían quedar sin su castigo. Y, por supuesto, el lenguaje profano estaba terminantemente prohibido.
En el final de “Lo que el Viento se Llevo” Rhett Butler abandona a Scarlett O’Hara. Desesperada, ella le pregunta qué va a hacer si él se va. En la novela Rhett le responde en inglés: “My dear, I don’t give a damn”. El guionista Howard había agregado la palabra “Frankly” para compensar el hecho de que cambió toda la línea por “Frankly, my dear, I don’t care”. Pero David O. Selznick se empecinó con mucha razón en que la línea debía ser “Frankly, my dear, I don’t give a damn”. Si consideramos la época, en que las malas palabras fuertes no era tan comunes ni siquiera en el lenguaje diario, podríamos traducir que Howard escribió “Francamente, querida, no me importa”, pero Selznick insistía en conservar la línea como “Francamente, querida, me importa un carajo”. Se filmó la escena en dos versiones y se las presentó a la Oficina Hays.

El censor Joseph Breen la rechazó, pero Selznick apeló ante el mismísimo Hays y pagó una multa de US$ 5.000. Después de ver las dos versiones, y ante una muy vehemente defensa por escrito del verborrágico productor, Hays cedió y el público pudo deleitarse con el verdadero espíritu de esa línea. El que después lleva a Scarlett a rematar todo con la decisión de irse a Tara, para (otra línea clásica) “pensarlo bien mañana. Al fin y al cabo, mañana será otro día”... Pero el público tuvo que esperar casi 30 años para que se empezase a flexibilizar el sistema. En 1966, en “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” pudo escucharse en cine por primera vez la expresión “hijo de puta”. Después de eso, nada fue lo mismo.
Las noticias de la preparación del film concentraba hasta tal punto la atención de los estadounidenses, que se llegó a realizar un concurso de radio para ver quién se hací­a con el papel de Scarlett O’Hara, y la revista “Vogue” difundió un retrato robot de la actriz idónea, según las encuestas que habí­a realizado… Nombres del calibre de Bette Davis, Katherine Hepburn, Lana Turner, Joan Crawford, o Barbara Stanwyck fueron desechadas sin miramientos, después de las pruebas realizadas y nada se sabrí­a de la candidata final hasta cerca de la Navidad de 1938, cuando la revista “Time” publicó en portada la foto de Vivien Leigh. En cambio la elección de Clark Gable para representar al capitán Rhett Butler, después de hablar con Erroll Flyn y Gary Cooper, era desde hací­a meses indiscutible. Leslie Howard, el futuro Ashley Wilkes en el film, dio problemas a la hora de firmar el contrato, llegaron a convencerle a cambio de ofrecerle la producción, (profesión frustrada de Howard), del film “Intermezzo”. Los actores principales firmaron el 13 de enero de 1939 y tan solo faltaba unos leves cambios en el guión, pues David O. Selznick habí­a eliminado del texto original, todos los términos que hací­an referencia a los negros en sentido despreciativo y las numerosas menciones al Ku-Klux-Klan.

No existen imágenes del encuentro entre Selznick y Vivien en el plató cuando se rodaba la escena del incendio de Atlanta, y es una verdadera lástima, pero es fácil de imaginar aquel histórico momento: El rojo del fuego sobre el rostro de los invitados a la primera vuelta de manivela, la grúa donde David O. Selzinck presenciaba la espectacular toma bajando lentamente, y el hermano del cineasta presentándole a la esposa de Laurence Olivier. Según testigos, Vivien Leigh llevaba un enorme sombrero de ala ancha, abrigo gris hasta más abajo de las rodillas, el pelo suelto sobre sus hombros, y esa maravillosa expresión de sorpresa-coqueterí­a-seguridad, bañada de rojo insultante. Las palabras que se dijeron y son las únicas ciertas, fueron las dichas por Selznick: -¡Les presento a Scarlett O’Hara!…. ¡Ya está con nosotros! El contrato se firmó ese mismo mes de enero.





“Lo que el Viento se Llevó” llegó a rodarse con tres directores distintos, que tuvieron el inmenso placer de llevarla a cabo: George Cukor, Victor Fleming y Sam Wood. Y esto sin contar las escenas rodadas con directores de segunda unidad, que fueron unas cuantas debido a los avatares del rodaje. Se cuenta que el director que debía haberla realizado es George Cukor, quien apoyó la elección de Vivien Leigh, porque supo darle a todas las interpretaciones femeninas ese toque personal que un maestro como él siempre hacia de forma magistral pero Clark Gable exigió su sustitución, según rumores porque Cukor (reconocido homosexual) conocía detalles del pasado de Gable y éste se sentía incómodo a su lado. Después de casi tres cuartas partes de la pelí­cula, Geoge Cukor fue despedido por Selznick a pesar de los ruegos de Vivien Leigh y Olivia de Havilland, las cuales nunca perdonaron a Clark Gable su nefasta influencia en tal decisión. Así­, el propio David O. Selznick se puso a rescribir el guión de Sidney Howard con la ayuda de Victor Fleming y en marzo se reanudaba el rodaje. Poco duró aquel tremendo esfuerzo, porque a finales de abril se retiraba Victor Fleming, dejando paso a Sam Wood, la causa, según se rumoreó, fue una monumental depresión. Para entonces, Fleming ya habí­a filmado la famosa e impresionante secuencia sobre la decadencia del Sur, en la que se ve lo que queda de unas tropas desperdigadas en la estación de Atlanta y a través del recorrido, de todo punto impresionante de Scarlett O’Hara sorteando los cuerpos. Cuando Vivien Leigh recogió su Oscar por este film, cuentan que fue vista llorando en un cuarto de baño porque lamentaba que George Cukor no pudiese compartir con ella ese momento. De los tres directores, sólo Victor Fleming aparece en los títulos de crédito.
El rodaje comenzó el 26 de enero y acabó el 1º de junio. Duró aproximadamente 125 días. Aunque antes de comenzar Selznick había dedicado dos años a la elección de la Scarlett O'Hara ideal y a definir la historia junto a Sidney Howard y otros. Se rodaron 170.000 metros de film y que luego al montarse se redujo a 6.600. Todo esto, unido a la calidad interpretativa de sus protagonistas, la banda sonora de Max Steiner, la grandiosidad de sus decorados, hace de “Lo que el Viento se Llevó”, un deleite visual de tres horas de duración. Pero lo que realmente se admira de este grandioso film, es cuando uno la valora y que a pesar del tiempo sigue brillando de forma deslumbrante como la primera vez.

Estábamos en plena era dorada de Hollywood, en un momento histórico en el que Europa se dirigí­a inexorablemente hacia una nueva guerra a nivel mundial y EE.UU., que acababa de sufrir los efectos de la gran depresión de 1929, no buscaba sino alejarse de las contiendas europeas. “Lo que el Viento se Llevó”, con sus ficciones y su poderoso atractivo romántico, se ajustaba perfectamente a ese deseo de evasión, a la magia nueva para todos como era el mundo de Hollywood y lo cumplió.  
La actriz Olivia de Havilland es la única superviviente del film hasta el momento, y según noticias de personas que estuvieron en contacto con ella, no le gusta que le hablen mucho de “Lo que el Viento se Llevó”, pero inevitablemente guarda recuerdos entrañables del film: tanto ella, como Vivien Leigh iban los fines de semana a casa de George Cukor para repasar el guion, una vez que el director fue expulsado del rodaje, nunca coincidieron en sus visitas hasta mucho después del fin de la cinta y eso según Olivia de Havilland, ha sido siempre motivo de regocijo por parte de ambas. Olivia de Havilland le preguntaba constantemente a Vivien Leigh como tenía esa piel, y la actriz le contestó que solo tomaba un vaso a diario, mitad agua, mitad limón, costumbre que Olivia hoy en dí­a, todavía realiza. Cuenta Olivia que las discusiones que tení­an Fleming y Vivien eran espantosas y casi a diario. Recién al final del rodaje de la cinta, Vivien le preguntó a Victor Fleming porque era que nunca la dirigía a ella y no le daba recomendaciones, y Fleming le respondió: “Lo haces tan bien que no necesitas ninguna dirección, lo haces perfecto”.





El rodaje del film no fue en orden; un dí­a rodaban la escena en que Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) vuelve a Tara luego de escapar de Atlanta y al rato rodaban otra en la que Scarlett era viuda de Charles Hamilton y ambas escenas las hací­a con naturalidad, sólo repasaba los diálogos de las escenas una sola vez y unos minutos antes de realizar las escenas.
Selznick, querí­a que la escena en que Scarlett jura que nunca más pasara hambre fuera perfecta. Deseaba que el cielo fuera exactamente como él querí­a. Por eso durante 15 dí­as se levantaban aún de noche para prepararse, así­ en la madrugada cuando sale el sol, filmaban la escena. Si bien en la cinta la escena es un atardecer, fue filmada en un amanecer. La cuestión es: que luego Vivien Leigh, después de levantarse de madrugada 15 dí­as consecutivos estaba agotada y la escena nunca salí­a bien, la secuencia que está en la cinta tiene tanta pasión porque Vivien estaba harta y furiosa de no poder dormir. Por eso cuando Scarlett “jura” es un manantial de energí­a la escena.

Jamás un film ha llegado tantísimo al corazón como “Lo que el Viento se Llevó”. Este magistral film pone de manifiesto una gran argumento combinado con una estupenda fotografía, una maravillosa banda sonora y un retrato del sur pre y pos-secesión que alcanza lo más alto de un documental. Jamás un film ha presentado un perfil psicológico de sus personajes tan elaborado. Es indiscutible que al acabar de ver la cinta, todos sabríamos decir cómo son Scarlett y Rhett, que harían ante determinada situación o como contestarían probablemente a algún comentario.
Cualquier amante de esta producción cinematográfica es incapaz de terminar de verla sin reír con los agudos comentarios de Rhett Butler, admirar a la tenaz Scarlett O’Hara durante los tiempos difíciles, emocionarse con la dulce Melanie Hamilton o decepcionarse con el trágico final que el destino depara a los protagonistas. Escenas tan inolvidables como la huida a través de la incendiada Atlanta, Scarlett caminando entre los heridos de la estación bajo la derrotada bandera confederada y, por supuesto, Scarlett jurando que jamás volverían a hundirla ponen la carne de gallina.








"Lo que el Viento se Llevó" siempre permanecerá con un valor incólume en el cinéfilo, atrapado en escenas o frases que se quedan incrustadas en un subconsciente que sabe que nunca más volverá a realizarse cinta de esta magnitud. Es un film completo, sin más rodeos. Acción, amor, intriga, historia y humor, sin eludir el tema de la esclavitud,  se mezclan en esta gran obra maestra. 
“Lo que el Viento se Llevó” es considerada una de las cintas más famosas de la entera historia del cine, auténtico icono de la leyenda dorada de Hollywood, y mito absoluto del siglo XX. Nominada a 13 Premios Oscar de la Academia, esta grandiosa cinta triunfo ganando 10 premios Oscar (Mejor Película, Mejor Director (Victor Fleming), Mejor Actriz Protagonista (Vivien Leigh), Mejor Actriz de Reparto (Hattie McDaniel), Mejor Guion Adaptado (Sidney Howard), Mejor Dirección Artística, Mejor Fotografía, Mejor Montaje, Premio en memoria de Irving Thalberg (David O. Selznick) y Oscar honorifico (William Cameron Menzies). La cinta contó con un increíble presupuesto que alcanzó 4,25 millones de dólares. Se convirtió en la cinta más larga y más cara hasta ese momento y  ajustando la recaudación por la inflación, “Lo que el Viento se Llevó” es la cinta más taquillera de toda la historia por encima de cintas como “Titanic” y “Avatar”, ambas de James Cameron.  []Y es que Selznick estaba convencido de que este film sería un clásico.
Sin duda, es una de las mejores inversiones que se han hecho en la historia del cine. Alguien dijo una vez que una película sobre la guerra civil americana nunca daría un centavo. Pues bien, no sólo lo ha dado, sino que también ha dado lugar a todo un icono del séptimo arte. David O. Selznick, Victor Fleming y Margaret Mitchell pudieron descansar sabiendo que sus esfuerzos y aspiraciones habían logrado un resultado mítico.

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