sábado, 16 de abril de 2011

CAPITULO 47: CASABLANCA (1943)





¿Quién no se enamoró de Casablanca” al verla por primera vez? Y por segunda, por tercera o por vigésima. El poder de seducción de la cinta que el Instituto de Cine norteamericano (AFI) consideró como la mejor del siglo XX después de “Ciudadano Kane” de 1941 sigue intacto. De todas las ganadoras del Oscar®, “Casablanca” es quizás la única que es al mismo tiempo un éxito de taquilla y un film de culto, amada igualmente por los críticos, los cinéfilos y el gran público del mundo entero. En la década del ’70 fue la cinta favorita de los campus universitarios en Estados Unidos, en los que un público que no había nacido cuando la cinta se estrenó llenaba las salas para aplaudir determinadas escenas y líneas de diálogo y estremecerse con el intercambio de miradas entre Rick Blaine y su amada llsa Lund.
Hay cosas que no permiten mucha discusión. Como que si “Star Wars” se hiciera hoy día, sería recibida con gran escepticismo, y quizá hasta con virulencia (por mucho que sus numerosos fans no puedan concebirlo) o que “Casablanca” es el resultado de una mítica que ya no existe en el cine, posiblemente porque, mal que les pese a algunos, el pasado no retorna. Considerada como el “clásico entre los clásicos” por varias generaciones de cinéfilos, es ya una vaca sagrada, una intocable, sobre la que se ha escrito ya de todo, y acerca de la cual no caben más comentarios críticos.



Puestos a buscar las razones de la magia indudable de “Casablanca”, una de las principales es tal vez que la cinta no puede catalogarse en un género determinado, o mejor sería decir que reúne los mejores elementos de diversos géneros: es al mismo tiempo una cinta romántica, un suspenso, un film noir, un drama bélico y un folletín de aventuras, y hasta tiene momentos de comedia. Para todos los gustos.
Pero quizás lo que más contribuyó a su legendario encanto es el hecho de que en este caso todos los aspectos positivos del sistema de Hollywood funcionaron a la perfección. Hal B. Wallis, el productor, consiguió ensamblar un equipo de profesionales de primer nivel en todos los rubros. El guión estuvo en manos de diferentes especialistas, cada uno de los cuales le aportó lo que mejor sabía escribir; la dirección estuvo a cargo de uno de esos “artesanos” que eran capaces de llevar a buen puerto cualquier material: Michael Curtiz, a veces soslayado por la crítica, pero con una filmografía que se defiende sola.
Y sobre todo, ese elenco incomparable: Humphrey Bogart (interpretando a Rick Blaine), definiendo para siempre ese personaje duro pero vulnerable en el fondo que había estrenado en “El Halcón Maltes” de 1941. Ingrid Bergman (interpretando a llsa Lund), con esa espiritualidad que trascendía su considerable belleza y la hacía irresistible. Paul Henreid (interpretando a Victor Laszlo), un dechado de dignidad. Claude Rains (interpretando al capitán Louis Renault), en su mejor versión del hombre de mundo cínico y amoral que nos sorprende con una imprevista hidalguía. Conrad Veidt (interpretando al mayor Strasser), la personificación del nazi arrogante, un villano perfecto para temer y odiar. Sydney Greenstreet (interpretando al señor ferrari), transmitiendo decadencia y corrupción en cada pequeño gesto de su personaje, primo hermano de su Kaspar Gutman, también de “El Halcón Maltes”. Peter Lorre (interpretando al Sr. Ugarte), otro vínculo entre los dos clásicos, añadiendo otra rata (pero esta vez con un lado heroico) a su galería de personajes sinuosos. Algunas viñetas recordables: S.Z. Sakall, Marcel Dalio, Leonid Kinsky, Joy Page, Helmut Dantine, Curt Bois, Madeleine LeBeau.



Ese elenco perfecto pudo haber sido muy diferente, y en general mucho menos interesante, si algunas propuestas de casting hubieran prosperado. La primera publicidad que acompañó a la compra del libro (una obra teatral inédita) hablaba de Ronald Reagan, Ann Sheridan y Dennis Morgan como el terceto central. Se barajó el nombre de George Raft para el personaje de Rick Blaine, el de Joseph Cotten como un posible Victor Laszlo, y los de Hedy Lamarr y Michèle Morgan para llsa. Incluso en un momento se pensó en un cambio de sexo para el personaje de Sam, que pudo haber interpretado nada menos que Ella Fitzgerald.
Cuando uno piensa en qué podría haber resultado si se hubieran cometido algunas de esas modificaciones en el reparto, tiene que convenir en que “Casablanca” es, como han comentado muchos, un feliz accidente.
Muy poca gente se acuerda hoy de Murray Burnett y Joan Allison, pero en honor a la justicia todo empezó con ellos, los autores de una obra teatral llamada “Everybody Comes to Rick’s”, la historia de un norteamericano exiliado en Casablanca que termina envuelto en una intriga en la que participan su ex amante, un líder de la resistencia anti nazi, un oficial francés de Vichy y un capitán alemán. La historia básica es la misma que la de la cinta, con dos variantes significativas: en el original el amor perdido de Rick es una americana de dudosa reputación llamada Lois Meredith (de ahí que haya circulado el nombre de Ann Sheridan para el papel) y al final el héroe termina en la cárcel.
El libro llegó a la Warner Bros. el 8 de diciembre de 1941, un día después del ataque a Pearl Harbor. Uno de los lectores del estudio, Stephen Karnot, lo recomendó a Hal B. Wallis, entonces uno de los principales productores de la Warner, que dos semanas después dio luz verde al proyecto.
La obra pasó por varias manos en el proceso de adaptación: después de una pulida inicial a cargo de los guionistas Aeneas McKenzie y Wally Kline, Wallis designó a los mellizos Julius y Philip Epstein como responsables del libreto. Los hermanos tenían un don para el diálogo irónico y mordaz, y muchas de las líneas inmortales de “Casablanca” (“los sospechosos de siempre”, “soy sólo un pobre oficial corrupto”, “vine a Casablanca por el agua”) son de su cosecha. Habían trabajado antes con Claude Rains y reescribieron el personaje de Renault (Rinaldi en el libro original) con el actor en mente.
En tanto, Wallis designó al director, Michael Curtiz, y el elenco fue tomando forma. Algunas decisiones al respecto influyeron en el guión: cuando Wallis negoció con David O. Selznick la contratación de Ingrid Bergman para el principal papel femenino, Lois Meredith se transformó en llsa y el personaje fue reescrito para hacerla no solamente europea sino también idealista y más etérea, de acuerdo con la personalidad de la actriz. Curtiz recomendó que el villano tuviera más entidad, y así el capitán Strasser del libro original fue ascendido a mayor y cobró más peso y amenaza.
Humphrey Bogart aceptó el papel de Rick pero pensaba que el personaje todavía no estaba bien desarrollado, a partir de lo cual Wallis incorporó a Howard Koch al equipo de guión. Koch, que había sido el adaptador de la célebre versión de “La Guerra de los Mundos” de Orson Welles, trabajó en la historia previa del personaje y le dio un perfil más heroico y más comprometido políticamente, incorporando su actuación en la guerra civil española y en Etiopía. También fue estableciendo la posición de Renault, que en definitiva daría pie a la célebre vuelta de tuerca final.
En este punto Hal B. Wallis le pasó el guión a Casey Robinson, uno de los especialistas en melodrama de la Warner, que había escrito varias de las aventuras que protagonizaba Errol Flynn e historias románticas para Bette Davis. Robinson fue el responsable del flashback de París y replanteó el encuentro de llsa y Rick en el departamento de él en Casablanca.
Aunque el final todavía no estaba resuelto, la filmación empezó el 25 de mayo de 1942. La confusión sobre cómo iba a terminar la historia influyó en la actuación de Ingrid Bergman, que al no saber con quién iba a quedarse transmitió la misma inseguridad a su personaje.



Nadie estaba conforme con la solución de la obra: Rick deja escapar a llsa con Laszlo y se entrega a las autoridades, que lo encarcelan. Con Estados Unidos en guerra, el protagonista no podía tener un final tan deslucido. Las posibilidades más claras eran: 1) Rick promueve el escape de llsa y Laszlo y muere heroicamente cubriendo la huída; 2) Se produce un enfrentamiento en el aeropuerto, Strasser mata a Laszlo, Rick mata a Strasser y se queda con llsa. Ninguna de las dos versiones lo convencía a Hal B. Wallis: en una terminábamos con Bogart muerto y en la otra, si bien había un final feliz, se minimizaba la causa al eliminar al personaje que encarnaba la resistencia al régimen nazi.
A esta altura el guión volvió a manos de los mellizos Epstein, para trabajar el último acto de una vez por todas. Según la leyenda, los dos volvían del estudio después de haberse devanado los sesos tratando de encontrar un final satisfactorio, y detenidos en un semáforo dijeron a la vez: “¡Los sospechosos de siempre!” La solución era hacer intervenir a Renault a favor de Rick y de esa manera podía terminar la cinta con el renunciamiento del héroe y el triunfo final de los buenos. De paso el tono agridulce esquivaba el final feliz convencional.
Con el tema arreglado, la filmación siguió adelante y finalizó el 3 de agosto. Aún había un detalle pendiente: la línea final no estaba escrita. Deliberadamente Curtiz había elegido un plano general de Rick y Renault de espaldas para dar margen a insertar cualquier entrada de diálogo en un doblaje posterior. Había cuatro posibilidades para la respuesta de Rick a “los diez mil francos deberían cubrir nuestros gastos”, de Renault:
1.- Louis, empiezo a ver la razón de tu repentino ataque de patriotismo. Al defender a tu país, estás protegiendo tu inversión.
2.- Si llegas a morir como un héroe, Dios proteja a los ángeles.
3.- Louis, debería haber previsto que ibas a mezclar tu patriotismo con un poco de interés.
4.- Louis, creo que éste es el comienzo de una hermosa amistad.
Con muy buen criterio, Wallis terminó decidiéndose por la última (que él mismo había ideado).
“Casablanca” es uno de los films con mejores diálogos en toda la historia del cine, comparados con los de “Ciudadano Kane” de 1941 y “Red Social” del 2010; en lo que reside una buena parte de su atractivo. Algunas citas:
UGARTE (Peter Lorre): Usted me desprecia, Rick, ¿verdad?
RICK: Si alguna vez pensara en usted lo despreciaría.
YVONNE: ¿Dónde estuviste anoche?
RICK: Fue hace tanto tiempo que no me acuerdo.
YVONNNE: ¿Te veré esta noche?
RICK: Nunca hago planes con tanta anticipación.
RENAULT: A veces me pregunto por qué no vuelve a Estados Unidos. ¿Se robó los fondos de una iglesia, se escapó con la mujer de un senador o mató a alguien?
RICK: Es una combinación de las tres cosas.
RENAULT: En nombre del cielo, ¿qué lo trajo a Casablanca?
RICK: Mi salud. Vine a Casablanca por el agua.
RENAULT: ¿El agua? ¿Qué agua? Si estamos en el desierto.
RICK: Me informaron mal.
STRASSER: ¿Cuál es su nacionalidad?
RICK: Borracho.
RICK: Si es diciembre de 1941 en Casablanca, ¿qué hora es en Nueva York?
SAM: No sé. Se me paró el reloj.
RICK: Este revólver apunta a tu corazón.
RENAULT: Es mi punto menos vulnerable.
Hay que recordar que nadie (ni Rick, ni llsa) dice nunca en la cinta “Tócala de nuevo, Sam”. Otras líneas pasaron a formar parte del folklore universal, como el intraducible brindis de Rick a llsa (“Here’s looking at you, kid”), toda la tirada final en la despedida entre los dos, especialmente “We’ll always have Paris”, y la famosa salida de Renault después del clímax: “El mayor Strasser ha sido asesinado. Arresten a los sospechosos de siempre”, amén de la inmortal frase de cierre. En “Cuando Harry conoció a Sally”, sin lugar a dudas es la mejor línea final de una cinta de todos los tiempos.



“Casablanca” contiene las resonancias míticas, en el que determina la presencia de algunas constantes narrativas que la acercan a temas universales. Entre ellas destaca el amor que no puede concretarse, el vuelo como metáfora de la huída (la única salida es el avión), el pasaje a la tierra prometida (en este caso, Estados Unidos por vía de Lisboa), la guerra santa (Laszlo es el idealista opuesto a una dictadura monstruosa), la espera (recordemos que la escena inicial de la película es un pseudo documental sobre la situación en Casablanca, y la voz del narrador termina repitiendo que los refugiados “esperan... esperan... y esperan”), la llave mágica para resolver el juego fatal (en este caso las visas de tránsito, McGuffin si los hay) y por sobre todo el triunfo de la pureza: los únicos que pueden concretar su deseo y encontrar la libertad son los puros de corazón (llsa y Laszlo), en tanto que Rick alcanza la pureza a través del sacrificio de su amor, lo que le asegura la redención final.
De esa redención participa Renault, no sólo como agente de la salvación de Rick sino encontrando su propio camino con su decisión, que lo convertirá en otro prófugo y en definitiva en un héroe a pesar suyo.
Y es que tal vez ahí encontremos la magia imperecedera de “Casablanca”: es la historia de alguien que en un ambiente ambiguo, corrupto, plagado de intrigas, se permite la nobleza de renunciar a su amor. Nos gustaría creer que todavía hay un lugar para los Ricks en un mundo en el que los ideales parecen cosa del pasado.
Este film es uno de los mayores mitos de la historia del cine, y por supuesto no faltan opiniones para todos los gustos, desde aquellos que opinan que está excesivamente sobrevalorado hasta los que lo colocan en el altar de la mejor cinta de todos los tiempos, un calificativo ciertamente exagerado, fuese cual fuese la cinta a la que se aplica. Simplemente es considera como una obra maestra, de ahí que este gran film se ha hecho mejor con el tiempo y cada dí­a que pasa es más atemporal y su mensaje más universal y de hecho parte de la grandeza de su leyenda consiste en que el público la ha hecho suya. []






“Casablanca” es una de las cintas mejor valoradas de la cinematografía estadounidense, ganadora de 3 premios Óscar (Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion Adaptado), fue nominada a otros 5 (Mejor Actor Protagonista, Mejor Actor de Reparto, Mejor Montaje, Mejor Fotografía y Mejor Banda Sonora). En su tiempo el film tenía todo para destacar ampliamente, con actores renombrados y guionistas notables, sin embargo ninguno de los involucrados en su producción esperaba que éste pudiese ser algo fuera de lo normal. Se trataba simplemente de una de las docenas de producciones anuales de la maquinaria hollywoodense. El film tuvo un sólido inicio pero no espectacular y, sin embargo, fue ganando popularidad a medida que pasó el tiempo y se fue colocando siempre entre los primeros lugares de las listas de mejores films. La crítica ha alabado las actuaciones carismáticas de Bogart y Bergman y la química entre ellos, así como la profundidad de las caracterizaciones, la intensidad de la dirección, el ingenio del guion y el impacto emocional de la obra en su conjunto.

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