viernes, 15 de abril de 2011

CAPITULO 46: FROM HERE TO ETERNITY - DE AQUI A LA ETERNIDAD (1953)





Probablemente el momento cumbre de ese excepcional director llamado Fred Zinnemann tuvo lugar a principios de los años cincuenta, cuando encadenó de manera consecutiva los rodajes de “A la Hora Señalada” de 1952 y “De Aquí a la Eternidad” de 1953. Primero se saltó las reglas del western, poniendo en duda la heroicidad de sus protagonistas y haciendo paralelismos entre la caza de brujas que se vivía en Hollywood y la infinita soledad que sentía Gary Cooper cada vez que miraba el reloj. Después se alzaría con el Oscar al Mejor Director por este melodrama bélico protagonizado por Burt Lancaster, Montgomery Clift, Deborah Kerr, Donna Reed y Frank Sinatra.
Basada en la novela del mismo título de James Jones. Ganó 8 Premios Óscar (a la Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor de Reparto (Frank Sinatra), Mejor Actriz de Reparto (Donna Reed), Mejor Guión Adaptado, Mejor Fotografía blanco y negro, Mejor Montaje, y Mejor Sonido, y fue nominada a otros 5 Oscar (Mejor Actor Protagonista (Burt Lancaster) y (Montgomery Clift), Mejor Actriz Principal (Deborah Kerr), Mejor Música y Mejor Diseño de Vestuario).

Rodada en escenarios reales de Hawai, refleja perfectamente la vida en un acuartelamiento militar en periodo de paz, aunque en vísperas del ataque japonés. El ambiente militar está perfectamente plasmado en todo el desarrollo. Supone un inolvidable retrato de las experiencias de los soldados y oficiales de la base militar de Pearl Harbor, de sus mujeres, de sus anhelos, de sus miedos e ilusiones, mientras permanecían ajenos a los horribles acontecimientos que les esperaban. El acuartelamiento de Schofield, era todo un mundo, toda una colmena. Un capitán obsesionado por ascender y un sargento mayor, amante de la esposa de su jefe. También estaba un soldado de que había sido reputado trompeta en otra unidad y que sostenía amores con una prostituta. Y un italiano, simpático y camorrista. Y otras vidas, que un día pasarán cuando los aviones japoneses ataquen Pearl Harbor.







Nos muestra las vidas entrecruzadas de los soldados Prewitt y Angelo Maggio, de los sargentos Milton Warden y James R. “Fatso” Judson, del capitán Dana Holmes, de la vulnerable Karen Holmes y de la prostituta Alma “Lorena” Burke. Todo ello da lugar a una eclosión de pasiones humanas desbordadas, que convierten la vida en el archipiélago en un polvorín de injusticias, abusos de poder, envidias, odios, afanes de venganza, extorsiones y romances imposibles, a punto de estallar.
El film se centra en el adulterio, la prostitución, la corrupción, los castigos sádicos y el alcoholismo. El director enfrenta a su héroe con dilemas morales propios del momento y la época. La humillación de los compañeros, la extorsión y el chantaje moral, la corrupción y los amores frustrados y los imposibles. Además supone una crítica evidente a los ambientes militares y sus formas de vida. Muchos de estos temas fueron aligerados en aras a superar la censura del código Hayes, que obligó a rebajar esa crítica antimilitarista y algunos aspectos de las relaciones sexuales y amorosas de los protagonistas.

“De Aquí a la Eternidad” se desarrolla en los cuarteles militares de Hawái durante los meses previos al bombardeo japonés sobre la base de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. Pero el guión de Daniel Taradash -a partir de la novela de James Jones- deja el ataque nipón en un tercer plano, como epílogo residual de una historia romántica en la que hay sitio para la pasión, la lealtad, la humillación y la venganza.
Burt Lancaster encarna al sargento Milton Warden, un ex combatiente que disfruta de la tranquila vida de despacho gestionando los asuntos de su superior, el capitán Holmes (Philip Ober). Warden trata con disciplina a sus hombres aunque todos le tienen gran admiración porque es un hombre justo. Pero Warden también tiene sus secretos, y el mayor de todos es que mantiene un impresionante amorío con Karen (Deborah Kerr), la esposa del capitán. Para la historia del cine ha quedado la bucólica escena del beso en la playa, en la que Milton Warden (Burt Lancaster) y Karen Holmes (Deborah Kerr) son arropados por las olas. Es una de las escenas más conocidas del cine clásico y llegó al máximo de erotismo que la censura de la época podía permitir. Todavía hoy hay quien se queja de Kerr por su poco atractivo físico, pero quién mejor que ella habría hecho el papel de mujer altiva, despechada, enroscada en el gigantesco torso de Lancaster. Está fantástica.








Un día llega al cuartel del sargento Warden un joven introvertido que quiere alistarse a toda costa después de abandonar -no se sabe por qué- su cómodo puesto de corneta. Su nombre es Robert E. Lee Prewitt (Montgomery Clift) y poco a poco vamos conociendo los hechos que le llevaron a tomar esa decisión. Prewitt debe aguantar un sinfín de humillaciones consentidas por el capitán Holmes simplemente porque no quiere apuntarse a un campeonato de boxeo. Las tres únicas personas que le comprenden son Warden, Angelo Maggio (Frank Sinatra) y la hermosa Lorene (Donna Reed). Montgomery Clift realiza una de sus habituales interpretaciones de personajes atormentados, llenos de sutilezas, de impulsos que luchan por salir al exterior, además de protagonizar las dos escenas más emotivas de la cinta: dos solos de corneta que ponen la carne de gallina.
Frank Sinatra -que al igual que Zinnemann y Reed también se llevó el Oscar, no así Lancaster ni Clift, que estaban igualmente nominados- tiene un papel que empieza siendo cómico y termina por resultar dramático, en un cambio gradual que el cantante lleva con bastante soltura aunque sin grandes alardes. Pero Sinatra se esfuerza por parecer un actor de primera división y realmente lo consigue. Memorable su duelo con el carcelero Judson (Ernest Borgnine).








Fred Zinnemann maneja todas estas historias con su maestría natural, apretando las clavijas sólo cuando es estrictamente necesario, soltando de vez en cuando la amenaza latente de la guerra que está al llegar (inevitable sentir un escalofrío cuando Lancaster se apoya sin más en un calendario que señala la fecha del 6 de diciembre de 1941). Pero Zinnemann no dirigió una película pro yanqui, ni que fuera baluarte de los valores estadounidenses, sino de la importancia de ser leal -con uno mismo y con los demás-, de responder ante tus actos, construyendo personajes complejos cuyas dudas profundas contrastan con la rigidez y el orden de la vida marcial. “De aquí a la eternidad” es un film brillante que, haciendo honor a su título, resiste sin problemas el paso del tiempo.

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