miércoles, 13 de abril de 2011

CAPITULO 44: STAR WARS: EPISODE IV: A NEW HOPE - STAR WARS: EPISODIO IV: UNA NUEVA ESPERANZA (1977)




El cine fantástico de Hollywood, y en concreto la ciencia-ficción, de los 70 se caracterizaba en su gran mayoría por films de marcado tono pesimista, acorde con la situación que se vivía en Estados Unidos debido a la Guerra de Vietnam. Incluso las grandes superproducciones hollywoodienses se basaban en terroríficos acontecimientos, proliferando el cine de catástrofes. Todo esto cambiaría a finales de la década, concretamente en 1977.
George Lucas pertenecía al grupo formado por Steven Spielberg, Brian De Palma, Martín Scorsese y Francis Ford Coppola, fue con éste último con el que se alío para crear American Zoetrope, su soñada productora de cine independiente. Coppola apadrinó a Lucas tras obtener excelentes resultados con su trabajo fin de carrera en la Universidad de Cine de California, de donde procedía parte de la nueva camada de directores. “THX1138” era un corto que llamó mucho la atención, por tanto no fue difícil venderles el proyecto a la Warner Bros Pictures. El film sería el primero de la nueva productora independiente que necesitaba de la distribución del gigante empresarial. Desgraciadamente fue un fracaso y casi dio al traste con Zoetrope. Lucas empezó a darle vueltas a la cabeza y decidió establecerse por su cuenta bajo el sello LUCASFILM LTD. Aún así siguió apoyando a Coppola y coprodujo junto a Zoetrope “American Graffiti”, la cual otorgaría al director la posibilidad de llevar a la realidad su gran sueño.
Antes incluso de realizar el nostálgico film ambientado en los 60, Lucas escribió una larga historia basada en los seriales televisivos al estilo de “Flash Gordon” o “Buck Rogers”, de hecho su primera opción fue llevar al cine su visión de Falsh Gordon pero no pudo adquirir los derechos. La historia en cuestión relataba las hazañas galácticas del intrépido Luke Starkiller en su lucha por acabar con el malvado Darth Vader. Lucas tenía esbozada la historia en un montón de hojas, así que una vez terminada “American Graffiti”, y tras las buenas críticas que había conseguido, se puso a buscar una productora que quisiera financiársela. En primer lugar se la ofreció a Universal, pero no veían rentable realizar un film de ciencia-ficción, el más exitoso hasta ese momento había sido “2001: Odisea del Espacio” de Stanley Kubrick, en 1968. La United Artists tampoco quiso inmiscuirse en llevarla a cabo. Finalmente fue la FOX, a través de Alan Ladd Jr., quien acepto producir la cinta con un coste de 11 millones de $. Por supuesto los directivos no aceptaron a la primera, sino que intervinieron dos factores. En primer lugar la presión de Ladd al estudio, pues veía en Lucas un valor seguro que se afianzaría con el éxito taquillero de “American Graffiti”. En segundo lugar los bocetos gráficos de Ralph McQuarrie, de enorme impacto, que Lucas prometió cobrarían vida en la pantalla. Así pues la FOX dio luz verde, no sin antes acordar un trato con Lucas. Puesto que ante todo el director quería mantener su independencia solicitó poseer los derechos absolutos de la obra para futuras secuelas (pues la cinta que iba a realizar no era sino un tercio de toda la Historia escrita) y beneficios del merchandising. Los directivos pusieron algo de resistencia en el primer término cediendo al final, pero no pusieron impedimento alguno en lo del merchandising, pues no veían mucho beneficio en ello. El tiempo demostraría cuánto se equivocaron.
Lo primero que hizo Lucas fue reunir a un grupo de gente para crear los efectos visuales de la cinta. Se trataba de un grupo experto en diferentes tareas, maquetadores, pintores, diseñadores visuales, informáticos. Con ellos Lucas crearía la ILM (Industrial Light and Magic). El reparto debía ser desconocido. Junto con De Palma, que preparaba “Carrie”, Lucas realizó pruebas para la Princesa Leia, escogiendo finalmente a Carrie Fisher, hija de Debbie Reynolds, con la condición de que adelgazara 5 kilos. Para el joven Luke fue seleccionado Mark Hamill. Harrison Ford tan solo debía leer las frases de Han Solo para los actores que llegaban a hacer las pruebas hasta escoger un actor que diera vida al contrabandista. Ford ya trabajó con Lucas en su anterior film y, aunque al principio el director se demostró reticente, acabo escogiéndolo. Puesto que los directivos veían un riesgo tener un elenco desconocido sugirieron que se debía contratar algún rostro conocido. Finalmente se eligió a dos prestigiosos actores ingleses. Alec Guinness, famoso por sus films con David Lean, se encargaría de dar vida a Obi-Wan Kenobi, mientras que Peter Cushing, rostro familiar en las producciones Hammer, sería el Gobernador Tarkin. Peter Mayhew fue elegido por su alta estatura para Chewbacca mientras razones parecidas hicieron que David Prowse se enfundara el traje de Darth Vader. El mimo Anthony Daniels sería el droide C-3PO, sufriendo bastante dentro del incomodo traje, mientras el pequeño Kenny Baker se encerraría en el androide R2-D2.




El rodaje no estuvo exento de problemas. Lucas decidió rodar en Túnez los exteriores, sufriendo las consecuencias del clima, que estropeó los decorados en los primeros días debido a una tormenta. El calor hacía casi insoportable el rodaje. Mientras todo el equipo mostraba su queja el actor Alec Guinness se mostró muy profesional dando ánimos. Parecía que todo iría mucho mejor en los estudios Elstree en Inglaterra, pero no fue así. Lucas no dejaba de enfrentarse con el director de fotografía Gilbert Taylor, las secuencias no parecían quedar cómo tenía en mente, los actores gastaban bromas porque no veían sentido al guión y los del estudio no hacían más que impacientarse.
El estreno estaba previsto para Navidad del 76 y tuvo que posponerse a verano del siguiente año, cosa que no gustó en la FOX, que acabó pidiendo explicaciones a Ladd Jr. Las noticias llegaron a Lucas y se puso a trabajar más y más hasta que un fuerte dolor en el pecho hizo que acabará en Urgencias. Le diagnosticaron agotamiento debido al estrés que padecía. Finalmente concluyó el rodaje y se fue a la sala de montaje. Lo que vio allí no le gustó nada. La historia era aburrida, no tenía ritmo ni sentido. Decidió contar con su esposa Marcia para que lo aconsejara, y contrató a Richard Crew y Paul Hirsch para que intentaran dar vida a la cinta montándola de nuevo.
En el departamento de efectos especiales las cosas no iban mejor, el tiempo se echaba encima y faltaban muchas secuencias de maquetas por realizar y animaciones por dar vida. Fue el aviso del estudio por dar el cierre al proyecto lo que empujó a los artistas a trabajar sin descanso hasta concluir todos los trucos y montarlos en el film.
Sin acabar el film Lucas se la mostró a un grupo de amigos entre los que estaban Spielberg y De Palma. Aunque la mayoría admitió que no les había gustado, Steven Spielberg apoyó a su amigo y le dijo que le pareció buena. Sería en el pase a los ejecutivos en donde los ánimos de Lucas se incrementarían. Les mostró la copia que tenían, aún sin Banda Sonora, y los convenció. Todo iba bien, ahora había que acabarla.
Por recomendación de Spielberg eligió para la Banda Sonora a John Williams, quien se encargaría de crear una composición sinfónica con la Filarmónica de Londres, algo que otorgaba clasicismo a la cinta e iba en contra de las modas, pues utilizar música de corte clásico en un film fantástico no casaba con lo establecido en la época.
El día del estreno los nervios del equipo estaban de punta. La mayoría de los cines se había negado a exhibirla y sólo encontró exhibición en 37 cines. George Lucas y el productor Gary Kurtz no sabían qué respuesta esperar. La solución vio la luz una fecha que pasará a la Historia. El 25 de Mayo de 1977.
Los clásicos rótulos amarillos nos ponen un poco en situación. Una situación de tiranía absoluta en toda la galaxia, a la que se opone un grupo de rebeldes. Ya desde el comienzo, los rebeldes son los buenos y los imperiales son los malos. Estamos en el terreno más básico de folletín de aventuras, sin el menor complejo ni la menor vuelta de hoja. Las letras amarillas se pierden en el espacio, hay una clásica panorámica hasta encontrar un planeta en primer término, y somos testigos de la primera de muchas batallas galácticas. Una nave intenta zafarse de otra muchísimo más grande que ella, que la acaba fagocitando, por así decirlo.
Pero antes conocemos a los primeros personajes, que son dos droides (los famosos C3po y R2d2), los primeros que hablan. El alto y dorado es un quejica y un llorón, mientras que su bajito acompañante habla un lenguaje binario incomprensible, que sin embargo es explícito en sus emociones. En cuanto los soldados imperiales entran en la pequeña nave, se desata una batalla campal de rayos láser. Los rebeldes tienen las de perder, y de la humareda de los disparos emerge una figura enorme y oscura, con un extraño casco y larga capa. Es imposible imaginar cómo debió ser la recepción de estas imágenes en el público, aquel lejano verano de 1977.



Lo primero y más importante que desprenden estas imágenes iniciales son su sencillez y desvergüenza, su absoluta entrega a la aventura más primaria. De tal forma, los viejos arquetipos (el malvado opresor, la valiente princesa, los secundarios cómicos) funcionan con inusitada pureza clásica. No hay, por el momento, profundidad psicológica. Los diseños interiores de las estructuras tecnológicas son soberbios, aunque se percibe cierto aire setentero en las caracterizaciones y en algunos recursos lumínicos. Y es imposible abstraerse de la influencia inicial de “2001: Odisea del Espacio” en algunos planos.
Carrie Fisher clava a Leia Organa en cada enfrentamiento verbal con Darth Vader, aunque la limitada dirección de actores de George Lucas (que no mejorará con los años) limita un poco su capacidad interpretativa. A Lucas se le da mucho mejor el montaje y la planificación, que son excelentes. Y como escritor no tiene prisa en ir contándonos acontecimientos: los droides llegan a Tatooine y, tras una larga discusión, se separan. Las cortinillas de diversos formatos comienzan a hacer acto de presencia para pasar de una secuencia a otra. Sea como fuere, ambos droides terminan en manos de los jawas, que se dedican a venderlos a terceros. El destino, o la providencia, o la fuerza, determinan que acaben en manos de la familia Skywalker.
Lo cierto es que todo este bloque inicial es bastante lento. Observamos con todo detalle a los droides compañeros de viaje de C3po y R2d2, y hasta empezamos a temer por su destino. Conocemos, eso sí, por fin, a los Skywalker, y el bello tema musical que oímos en cuanto Beru llama a su sobrino (“¿Luke?”) ya le señala como el atípico protagonista de la historia. Luke es un muchacho aparentemente huérfano y soñador, aburrido de la vida en la granja con sus tíos, que espera algo más de la existencia que pudrirse en medio del desierto. El habitualmente denostado Mark Hamill clava a este adolescente melancólico, en el que fue su debut para el cine. Podemos percibir con total nitidez su soledad y su frustración juvenil.
Con su atuendo casi totalmente blanco, y su aspecto de no haber roto un plato en su vida, Luke es el perfecto “don nadie” que ha de demostrar lo que tiene de especial en su interior, porque en realidad es un “diamante en bruto”. Es muy hermoso, además, de qué manera Lucas une a Luke y Obi-Wan Kenobi, con el diálogo que el primero tiene con su tío Owen Lars, en el que hablan del misterioso ermitaño que vive en Tatooine. Además, se nombra por primera vez al padre de Luke, de una forma tremendamente hábil y misteriosa, aunque quizá por enésima vez a Luke su tío le escatima cualquier información sobre ambos.
¿Y qué imagen existe más expresiva de la necesidad de realizar el propio destino, que ese momento famoso en el que Luke, hastiado de su vida, observa a los soles gemelos de Tatooine? Al mirar a ambos soles, Luke sin duda intenta averiguar qué ha de hacer para cambiar su vida, que es la clave de las tres iniciales cintas.
Pero una vez más, R2d2 va a ser fundamental para hacer avanzar la historia, y como está obsesionado por encontrar al que él cree que es su dueño (Kenobi), propicia el encuentro de este con Luke al escaparse. Y también sabe Lucas cómo electrizar la acción, con la aparición de los moradores de las arenas, grimosas criaturas que le pegan un buen susto a Luke (y al espectador), y que son espantadas por Obi-Wan de manera muy ingeniosa, pues para asustarlas imita el sonido y la apariencia (al menos lejana) de una enorme criatura del desierto.
El marcaje de actores de Lucas (sus órdenes en cuanto a movimiento y fisicidad de los actores) se demuestra torpe una vez más, y hasta un actor de la experiencia de Alec Guinnes, en la presentación de su personaje, gira primero la cabeza y luego se quita la capucha, cuando lo lógico hubiera sido al revés o al mismo tiempo. Pero Guinnes, uno de los mejores intérpretes de su generación, está siempre apagado y poco carismático como Obi-Wan Kenobi. Años más tarde, renegaría del papel, tildándolo incluso de estúpido. Por cierto, que el encuentro entre Kenobi y Skywalker es un sinsentido respecto del final del Episodio III, en el que Kenobi deja al bebé Luke en manos de los Lars. También es un sinsentido que no reconozca a R2d2, con el que corre tantas aventuras en su juventud, y es que Lucas fue tremendamente incoherente en muchos detalles uniendo el episodio III y el IV. Es un disparate que quiera contarnos que lo tenía todo pensado de antemano, cuando se observa en el gesto de Guinnes que no tiene ni idea de quién es Luke y qué ha venido a hacer allí.



Es formidable la secuencia de diálogo en casa del ermitaño, cómo Kenobi le cuenta a Luke acerca de su padre, y le entrega su antigua espada láser. Es evidente que Obi-Wan miente a Luke cuando le cuenta cómo murió su padre, y es muy emocionante cuando por fin le habla de la Fuerza, concepto que Lucas maneja con total familiaridad, como si toda su vida hubiera sido un jedi. Así las cosas, queda completamente natural que Kenobi le pida a Luke que le acompañe en su cruzada para salvar a la princesa. Y, como tantos héroes, cuando por fin le dan la oportunidad de cambiar su vida, no se atreve, y en un principio se niega a ir con él.
A continuación conocemos por fin la Estrella de la Muerte, en la que manda un siervo del emperador, el Grand Moff Tarkin, interpretado con gran talento por el inolvidable Peter Cushing, también británico y de la misma generación que Alec Guinnes. A su lado, Darth Vader es poco más que un lacayo brutal, aunque parece disfrutar de un rango suficiente como para asfixiar a los subalternos. El diálogo sobre el poder de esa estación espacial incide en el tono semi-medieval, culto y literario, tan clásico a oídos de los espectadores. Pero volvemos a Luke, que descubre que los soldados imperiales, buscando a los droides, han arrasado a los jawas y a la misma cabaña de los Lars. Y el homenaje a “Más corazón que odio” es evidente, y con él termina el primer acto del film y comienza el segundo.
Con el homenaje a “Mas corazón que odio” (John Ford, 1956) que significaba la muerte de los tíos de Luke, pasamos a una parte mucho más intensa del film. La acción se acelera. Para salir del planeta, el cuarteto (Luke, Obi-Wan, C3po y R2d2) viaja hasta el puerto de la ciudad de Moss Eisley, que es básicamente un escenario de western, y allí tendrá lugar la estupenda presentación de un personaje fundamental de la saga: el cínico Han Solo, acompañado de su fiel socio Chewbacca. Harrison Ford está muy bien como Solo, sabe darle un punto canalla y encantador, y quizá posee las mejores frases de la cinta.




La precipitada huida de Moss Eisley, pues los imperiales les pisan los talones, termina momentáneamente con el primer uso de la velocidad de la luz, dispuestos a llegar a la base rebelde de Alderaan. Aquí entra un montaje en paralelo muy hábil, con Leia retando al Grand Moff Tarkin y a Darth Vader, pero viendo cómo la Estrella de la Muerte destruye Alderaan, crueldad extrema que Obi-Wan percibe con estupefacción. Mientras, Luke sigue practicando con la espada de luz de su padre y Han Solo, que a fin de cuentas funciona como la conciencia del espectador, se ríe de la Fuerza y clama por sus ideas pragmáticas, mientras que Obi-Wan le demuestra que se equivoca. Comienza un bloque de pura fuerza imaginativa.
Una vez que el Halcón Milenario, después de que el grupo protagonista, se vea atrapado por un rayo tractor de la Estrella de la Muerte, nos vemos inmersos en una aventura, en un crescendo de acción y tensión, en una colección de situaciones, cada una más ingeniosa y audaz que la anterior (y estamos en 1977), que son la verdadera razón de que esta cinta sea lo importante que es, más allá de haber cambiado las ‘Space Opera’, o de haber introducido términos como el de la Fuerza. Prácticamente, se puede rastrear el 95% del cine de acción y aventuras posterior, y todo él saca ideas de “Star Wars”.
El grupo no tiene más remedio que esconderse en los compartimentos en los que Solo, contrabandista consumado, oculta sus cargamentos ilegales. A continuación, roban dos uniformes imperiales. Mientras Luke, al averiguar que la princesa se encuentra allí, no piensa irse sin rescatarla, Solo por su parte sólo se mueve por motivos económicos. Un idealista contra un superviviente. Obi-Wan, por su parte, sabe que Darth Vader le espera en alguna parte de la estación, y sale a su encuentro. De modo que cada uno de ellos se define por sus actos: idealismo, pragmatismo, sacrificio.
A la divertida y trepidante secuencia del tiroteo en el bloque prisión (con un delirante diálogo entre Han Solo haciéndose pasar por imperial y los verdaderos imperiales pidiendo explicaciones), le sigue una no menos divertida y frenética huida, en la que los cuatro personajes dan con sus huesos en un compartimento de residuos. No paramos de reír con Han Solo: “¡qué olor tan delicioso nos has hecho descubrir!”, y aunque la grimosa criatura que atrapa por unos segundos a Luke ha quedado muy anticuada, la secuencia funciona muy bien: nos angustiamos porque tememos que realmente queden aplastados entre la basura.
Y de manera muy ágil, pasamos de esa secuencia a la persecución por los pasillos de la estación: Luke y Leia se separan de Han y Chewbacca. Parece que Leia se lleva mucho mejor con Luke que con Han. El supuesto trío amoroso quedará luego desvirtuado por las razones que todos conocemos, pero de momento se inicia casi como una broma. Antes de que todos puedan coger la nave (ya que Obi-Wan ha logrado desconectar los mecanismos de tracción), el anciano Jedi se sacrificará para que todos puedan salir. No es una gran secuencia de esgrima, pero lo que importa es la sensación de presenciar la mitológica entre el bien (la luz blanca, la serenidad, la compasión) y el mal (las tinieblas, la cólera, la crueldad).




Y aunque Luke siente mucho la pérdida de su fugaz maestro (al que parece considerar como un padre), estamos en un tono jovial y vitalista tan marcado, que enseguida le muda el carácter sombrío a Luke, y junto a Han destruyen varios cazas perseguidores, en su camino a la base rebelde. Esta secuencia es una secuencia de pura alegría, como pura alegría se desprende de un momento tan tenso como atacar una inexpugnable estación espacial con un puñado de naves.
Observamos, antes, un leve cambio en alguien tan egoísta como Han, quien le dice a Luke, de manera sorprendente: “que la Fuerza te acompañe”. Aunque esas palabras no quedan muy creíbles todavía en su boca. Uno de las imágenes más emocionantes es la parcial transformación interior de este sinvergüenza redomado, que no va a cambiar sus esencias, pero va a dejar de pensar exclusivamente en sí mismo. El viaje de Luke es muy diferente. Podría decirse que es un viaje desde la soledad hacia la comunión con el universo entero, en su inicio de la comprensión de la Fuerza. Por supuesto, no sabe que para entrar en equilibrio con ella tendrá que entregar sacrificios, del que Obi-Wan es solo el primero.
El suicida ataque a la Estrella de la Muerte viene a ser una puesta al día del viejo mito de David contra Goliath, en la que David sólo vencerá al gigante (con un minúsculo punto débil…) no ya gracias a una honda, sino gracias a la fe en sí mismo. Obi-Wan le transmite un mensaje mental desde el más allá, y Luke lo intenta a la desesperada, con Darth Vader pegado a su nuca y a punto de cazarle. La hazaña de destruir la estación (previa ayuda de Han, que deja fuera de combate a Vader), es una subida de alegría incomparable. Casi parece que nosotros mismos hemos disparado.
La secuencia de la batalla es una narración frenética, por un lado, y de tensión por otro, pues los rebeldes tienen un tiempo límite antes de que su estación quede a tiro del mortal rayo de la Estrella. Por supuesto, palidece en comparación con las batallas espaciales de “El Imperio Contraataca”, sólo tres años posterior, o sobre todo con la final de “El Retorno del Jedi”, pero tiene un mérito enorme. Las técnicas de pantalla azul, control de movimiento de maquetas, cámaras por ordenador, estaban en pañales en aquel entonces, y el salto es de gigante en “Una Nueva Esperanza”, si bien se percibe poca velocidad en las naves, y esquematismo en los planos y panorámicas.



Muy diferente a sus dos continuaciones, tanto en tono, como en aspecto, “Una Nueva Esperanza” es quizá la más hermosa cinta de aventuras jamás realizada. Hermosa por su desprejuiciado tono jovial, por proponer una visión ligera pero rotunda del viaje del héroe, por la valentía y la mirada limpia de Lucas, por la música de John Williams. Una suma de cosas que cristaliza una mitología a explotar, con un final abierto (Darth Vader no muere), por si era posible hacer secuelas. Que nadie piense en una concepción de trilogía, pues es falsa.
Su aparente tosquedad, su sencillez, son sus máximos valores, pues la vida que narran, la energía y el ingenio, no pueden describirse con palabras. Tampoco puede describirse con palabras el valor que por tanto tiene su segunda parte, “El Imperio Contraataca”, pues superó lo que parecía insuperable.
A partir de su lanzamiento mundial, el 25 de mayo de 1977, ha sido considerada como un hito en la historia del cine, principalmente por el uso de efectos especiales innovadores durante esa época. Además, es una de las cintas más exitosas de todos los tiempos, así como una de las más influyentes en la cinematografía contemporánea. Obtuvo 6 premios Óscar (Mejor Dirección Artística, Mejor Diseño de Vestuario, Mejor Efectos Visuales, Mejor Montaje, Mejor Banda Sonora y Mejor Sonido) de un total de 10 Nominaciones, incluyendo a Mejor Película. También Nominada a 4 Globos de Oro (Mejor Película Drama, Mejor Director, Mejor Actor de Reparto y Mejor Banda Sonora – obteniendo 1 premio por esta última categoría)
“Star Wars: Episodio IV: Una Nueva Esperanza” se convirtió en la cinta más taquillera de todos los tiempos, alcanzando una cifra superior a 775 millones USD. El récord lo mantuvo hasta 1982, año en que fue superada por “E.T.: El Extraterrestre” de Steven Spielberg. Aunque ha influido directamente en films y directores, “Star Wars: Episodio IV: Una Nueva Esperanza” ha sido culpada por haber arruinado a Hollywood al desviar la atención de los estudios en films clásicos como “El Padrino” de 1972, “Taxi Driver” de 1976 y “Annie Hall” de 1977 para empezar a concentrarse en «espectáculos juveniles de fantasía».
“Star Wars: Episodio IV: Una Nueva Esperanza” es toda luz, a pesar de lo que nos sugiere el lado tenebroso de la fuerza, y aunque muchos la tildaron en su momento de espectáculo vacío, es en realidad todo un canto al cine como espectáculo, un acto de amor al entretenimiento más digno, con unos efectos visuales necesarios (las batallas en el espacio nunca habían sido tan reales) al total servicio de la historia, y una banda sonora obra de John Williams, ya mítica. Con él George Lucas demostró ser un completo visionario, abriendo nuevos caminos al séptimo arte, dejando en el género fantástico una de las cotas más altas jamás alcanzadas por éste. Había nacido una leyenda y ya nada volvería a ser lo mismo.

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