lunes, 4 de abril de 2011

CAPITULO 35: DANGEROUS LIAISONS - RELACIONES PELIGROSAS (1988)




Francia, siglo XVIII. La perversa y fascinante Marquesa de Merteuil planea vengarse de su último amante con la ayuda de su viejo amigo, el Vizconde de Valmont, tan amoral y depravado como ella. Una virtuosa mujer casada, Madame de Tourvel, de la que Valmont se enamora, se verá involucrada en las insidiosas maquinaciones de la marques. El juego de la conquista está servido. Cualquier cosa puede pasar cuando una manipuladora y adinerada viuda, Madame de Merteuil (Glenn Close), desafí­a a un conocido libertino, el vizconde de Valmont (John Malkovich), para que seduzca a una hermosa joven recién casada, Madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer). Pero, esta vez, una de las principales reglas del juego será quebrantada: dos de los jugadores se enamorarán con trágicos resultados.
“Relaciones Peligrosas” de 1988 es la mejor de todas las adaptaciones por una simple razón: contiene dos de las mejores interpretaciones de la Historia del Cine. Glenn Close y John Malkovich, claro, porque Michelle Pfeiffer “sólo” lo hace magní­ficamente y Uma Thurman le falló su fí­sico, pero no su talento (era casi tan alta como el propio Malkovich y su cuerpo ya estaba muy desarrollado como para pasar eficazmente por niña indefensa). Glenn Close está enorme, superlativa, tremenda... su papel de mujer maquiavélica, casi obligada por la sociedad a ser como es, y aún así frágil... es espectacular. John Malkovich tiene muchas más líneas de diálogo y varios momentos de ruptura con el mismo: hay varias ocasiones en las que se le quiebra la voluntad y cede a sus sentimientos, mostrando un alma humana detrás de la careta de monstruo con la que se viste su personaje, un Don Juan, un burlador,.. Un amante caradura que sólo goza con la conquista, no con mantener lo conquistado, persiguiendo y deshonrando a sus víctimas según caen en sus brazos.



Evidenciando algunos escalafones sociales, el film se centra en otro tipo de escala: la (a) moral, en la que Glen Close y John Malkovich ocupan los lugares más privilegiados y nos brindan actuaciones memorables, cargadas de personalidad. Los falsos juegos de seducción elaborados con gran maestrí­a gracias a la casi total ausencia de moralidad, nos muestran lo maleable que son las personas y lo fácil que es obtener de ellas lo que se desea. En estos juegos nos encontramos ante diálogos lapidarios que merecen ser escuchados cientos de veces y transmitidos de boca en boca.
Valmont es el más cí­nico, mendaz y temible de todos los vistos hasta el momento en imágenes. Es al que menos le tiembla el pulso a la hora de destruir su verdadero amor -porque es el más incapaz de reconocerlo- y el que mejor oculta sus mentiras -porque es el único que le dice “no puedo evitarlo” a Madame Tourvel en persona sin más gesto de compasión hacia ella que apartar su, arrepentida mirada-. Algo muy similar se puede aplicar a la Marquesa de Merteuil, de doble cara: la recatada, que muestra en público, y la perversa, que descubre en privado; y todo lo contrario a la Señora de Tourvel, que es la más cándida y angelical de todas, la que más sufre y a la que más les costaría engañar.
Las interpretaciones cargadas de erotismo y sensualidad que embriagan al espectador con un exquisito aroma de falsedad y ética clásica a partes iguales, hacen desear a todas y cada una de las bellezas que aparecen por la pantalla, sin importar su edad.




Hay un mayor interés por la psicología de los personajes que la escenografía donde se mueven, es decir, que no busca la representación directa de la Historia, indaga en los aspectos contemporáneos de las actuaciones de los personajes, sin desarrollar una explicación didáctica del siglo XVIII, sin embargo, podemos ver reflejados los siguientes aspectos de la historia del momento: expone las conductas en el galanteo de la Francia del siglo XVIII a través de unos personajes especialmente inmersos en el juego de las relaciones de poder en el amor; los preparativos para el embellecimiento de un hombre y de una mujer, con sus vestidos, calzados, zarcillos, pelucas, polvos, etc., perfectamente reproducidos en la primera secuencia; la vida y los comportamientos de la aristocracia cortesana francesa; las concepciones sobre amor y sexo en diversos grupos dentro de dicho estamento, aunque las relaciones sexuales puestas de manifiesto son bastante modernas, con una mezcla de romanticismo y de cinismo; una imagen de las relaciones sexuales que, por un lado, se hallan estrechamente ligadas a las relaciones de poder y de dominación entre las personas y, por otro, entra frecuentemente en conflicto con el mundo de los sentimientos; una visión peculiar y estereotipada de las mujeres; introduce algunas reflexiones que muestran la práctica de métodos de contra concepción aunque no explica cuáles, madame de Merteuil dice a Cecil que puede hacer el amor con cuantos hombres desea tomando precauciones; una idea del funcionamiento de la política en aquellos tiempos la podemos hallar en la complejidad de las relaciones sexuales y del tráfico de influencias; aparecen las cortesanas, que eran mujeres que ejercían la prostitución en la corte; se habla de donaciones a hospitales y repartos de sopa a los pobres, estas acciones de beneficencia llegaron a ser una especie de “moda social” en el siglo XVIII, además, era una forma de ganar la eternidad para los creyentes.
Por otro lado está un guión magní­fico ganador del Oscar que el dramaturgo Christopher Hampton se empeñó en escribir tras haber adaptado con éxito la novela al teatro. “Relaciones Peligrosas” es una novela epistolar de finales del siglo XVIII que se apoya en lo más decadente de la decadente aristocracia de la Francia pre revolucionaria. Viendo sus excesos no debe extrañarnos lo más mínimo que la burguesía acabara por lanzarse a cortar cabezas a diestro y siniestro. En definitiva, una de las mejores exploraciones jamás hechas en el cine (y en la literatura) sobre la seducción, la manipulación, la debilidad, la venganza y, por ende, sobre la mezquina naturaleza humana. El poder de las palabras cobra su máximo esplendor en este film en la que el guión está cuidado de forma milimétrica.
Hay cambios respecto a la novela y también a la obra teatral. La acción está basada en la novela, mientras que los diálogos son de la obra dramática. Dada la estructura epistolar de la novela, los dos personajes principales sólo están juntos una vez, pero aquí se amplía el número de encuentros con lo que consigue dramatizar más la situación existente entre ellos, que constituyen la estructura del film. La utilización de la correspondencia se mantiene en parte confiriendo un contrapunto romántico a la acción y se potencia el aspecto lúdico del relato. Los rasgos de comedia, el sentido irónico y el cinismo en las relaciones de los personajes los podemos ver reflejados en la propia novela.



Es el primer film que el director, Stephen Frears, realizó en Estados Unidos, tratando de hacer una síntesis de la cultura europea y de la cultura norteamericana; en esta ocasión, al igual que en sus otras cintas británicas, la historia está escrita por un autor teatral. Ha sido criticada por el hecho de supeditar la puesta en escena a la dirección de actores, con lo que adquiere las formas de un drama televisivo, con un claro predominio de los primeros planos, con lo que el ambiente cortesano y los decorados son secundarios y se centra más en las figuras humanas. Este aclamado film contó con un alto presupuesto para recrear las intrigas libertinas de la aristocracia francesa y fue nominado a 7 Oscar de la Academia incluyendo Mejor Película, ganando 3 Oscar (Mejor Guion Adaptado, Mejor Dirección Artística y Mejor Diseño de Vestuario) impresiono con la grandeza de sus decorados y el diseño de vestuario del siglo XVIII. Nominada también a 10 premios BAFTA incluyendo Mejor Película ganando en las categorías de Mejor Guion Adaptado y Mejor Actriz de Reparto. A pesar de ser una obra de época el tema de fondo es actual: la manipulación ejercida a través del sexo y el poder.
Lujo, seducción, erotismo y venganzas al más alto nivel se dan cita en este espléndido drama de época ambientado en el siglo XVIII. Un gran duelo interpretativo sostiene el magistral texto de Laclos, un viaje embriagador a la esencia y misterio de la atracción entre los sexos que empequeñece la práctica totalidad de los guiones de cine de las últimas décadas que intentan desentrañar el juego de la seducción. Una joya.

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