jueves, 31 de marzo de 2011

CAPITULO 31: MIDNIGHT COWBOY - PERDIDOS EN LA NOCHE (1969)




Un joven tejano marcado por las experiencias sufridas con su abuela y su novia, abandona su puesto de trabajo en su cálida ciudad natal para probar fortuna como gigoló en las lejanas y frías tierras de Nueva York. “Un vividor”, como el mismo se califica que con su zamarra de flecos, su sombrero de cowboy, su inseparable radio y su maleta de piel de vaca intentara vivir de sus artes amatorias con adineradas mujeres sedientas del sexo de chicarrones del salvaje oeste. Los suelos que se había hecho toparan raudamente con la cruel realidad, una destemplada realidad que terminara compartiendo con un enfermizo ladronzuelo.
El autoproclamado “vividor” aprenderá a aparcar sus ansias de grandeza y tendrá que instruirse en la lucha por la supervivencia en una ciudad sin sentimientos, una metrópoli que implacablemente observa cómo sus habitantes pierden sus ilusiones y las pervierten, en hipnóticos trayectos hacia lo más obscuro suburbano establecido en una época agitada, como fueron los años finales a de la década de los 60.
Film basado en la novela del mismo nombre de James Leo Herlihy. Un relato ácido y desesperado de dos jóvenes que intentan salir de su condición de marginados. Un joven tejano, Joe Buck (Jon Voight), viaja a Nueva York donde espera hacer fortuna. Comienza a trabajar como hombre de compañí­a para las mujeres ricas de la ciudad, vestido de cowboy. Conoce a un indigente, Ratso Rizzo (Dustin Hoffman) que le ofrece ser su manager a cambio de una paga. La salud de Rizzo comienza a deteriorarse seriamente. Los dos intentan sobrevivir en la ciudad, hasta que comprenden que no pueden.
Destaca una interpretación desarmada por parte de John Voight, con una especial alma e ilusión en sus ojos, que no se deja vencer por la desesperanza y el hambre, así como una buena interpretación de Dustin Hoffman que borda su papel de patético, tragicómico, tullido, enfermo y rata de alcantarilla, que le da espesura dramática, logrando generar ternura con su sentido trabajo. (conocidísima su frase "I'm walkin' here, I'm walkin' here" que suelta cuando un taxi está a punto de atropellarle). En definitiva los dos actores protagónicos entregan trabajos brillantes. Jon Voight, un desconocido en aquel entonces, está perfecto como ese “vaquero” inocente aunque resentido, en un papel muy distante a los villanos que ha venido interpretando durante los últimos años. Dustin Hoffman, por su parte, siguiendo el éxito de “El Graduado” de 1967, se despachó con un personaje diametralmente distinto, que demostraría su gran rango actoral.



El director John Shlesinger conjuga la historia de Joe y Ratso como “ciego y lazarillo” en la jungla de Nueva York, con los recuerdos y los sueños de ambos protagonistas, resultando estas escenas un tanto chocantes para el espectador, pero necesarias para definir a los personajes. Quizás la secuencia que parece más anticuada es la de la fiesta, con un claro aire sesentero, a lo Warhol.
Por un lado, Joe Buck es la representación del sueño americano en toda su pureza e inocencia. Un personaje que tiene únicamente un objetivo en su vida: cobrar a cambio de sus favores sexuales (el hedonismo en su más clara representación) y que ve en una megalópoli como Nueva York el lugar ideal para llevarlo a cabo. A este respecto, no es nada circunstancial la indumentaria de cowboy que lleva, prácticamente, durante todo el film. Ello resulta, en el fondo, una metonimia de la idea primitiva que constituye la idiosincrasia americana. No solo su identidad, sino su esencia misma. Algo que, no obstante, no se corresponde con la realidad como bien pronto descubrirá. “Perdidos en la Noche” es, por consiguiente, un viaje iniciático que muestra el tránsito a la madurez. El abandono de los ideales inculcados y el enfrentamiento cara a cara ante un entorno social que poco tiene de utópico y mucho de deshumanizado.


Es precisamente la sobrecogedora sensación de verosimilitud que la cinta produce lo que eleva los niveles de aproximación a los personajes hasta extremos verdaderamente emotivos. Sin ningún género de dudas, uno de los elementos más interesantes del film se halla en la relación entre Joe y Ratso, en su mutua dependencia y en la compasión que despiertan en el espectador.

La capacidad de John Schlesinger a la hora de mostrarnos a dos seres abocados al fracaso más absoluto en sus vidas, completamente cercados por toda una infraestructura social que les da, irremisiblemente, la espalda, es el punto clave de una cinta cuya dureza temática y formal se convierte en una airada y provocadora respuesta ante las atrocidades de un sistema que se autodestruye sin remedio.



También merecen especial consideración el guión y la banda sonora, sin lugar a duda la música es otro valor importante de la cinta. Ya sean las melancólicas tonadas creadas por John Barry para la partitura del film sobre todo la conocidísima canción “Everybody's talking” interpretada por Harry Nilsson, sin la cual no podría entenderse este film en la que los personajes sólo buscan refugio en un hipotético futuro en el que sus sueños, en Nueva York o en Florida, se vean cumplidos. Y, como buen clásico, tiene sus escenas memorables: el happening psicodélico/lisérgico en el que participan (y donde hacen cameos integrantes de la Factory de Warhol), el taxi que casi los atropella al cruzar la calle, el final arriba del ómnibus... En fin, una gran cinta de una época irrepetible del cine norteamericano. La frase de Ratso (I'm walking here!) está considerada una de las más famosas de la historia del cine.
Este film es uno de los grandes clásicos norteamericanos y uno de los que iniciaron una época dorada del cine estadounidense, que se extendería hasta fines de los años 70, en la que hubo una predominancia de temáticas adultas y comprometidas. Estilísticamente, el film fue de avanzada. John Schlesinger, utilizó tomas extravagantes y una edición rápida para filmar las escenas de sexo, lo mismo que en algunas secuencias oníricas y fantasiosas. El uso recurrente de flashbacks fue otro elemento innovador del cual se valió para este film. Temáticamente hablando también fue un film pionero, abordando cuestiones como el sexo, las drogas y el homosexualismo de una manera natural y abierta.
El trabajo de dirección de Schlesinger resulta, en este punto, verdaderamente extraordinario al concebir un buen número de secuencias que se hallan al borde mismo entre la ficción y el documental, proponiendo una visión en la que la línea que separa ambos géneros está tan difusa que apenas se advierte.
Definitivamente memorable historia de dos marginales: un gigoló y un indigente tuberculoso en el corazón de New York, donde ambos establecen una mutua dependencia. Más allá de sus imágenes -algunas acentuadas en cierta psicodelia de la época-, de sus premios ganados (entre ellos a mejor film), de su célebre canción “Everybody’s talking”, y de las impresionantes actuaciones del dúo protagonista, es un canto a la amistad y a la solidaridad existente entre dos auténticos indigentes.
John Shlesinger,  logró su mejor trabajo con esta desgarradora y cruda cinta en la que se nos desmitifica el manoseado “sueño americano” a pesar de ser un titulo clasificado X. El film logro 7 nominaciones al Oscar (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor Protagonista –doble nominación, Mejor Actriz de Reparto, Mejor Guion Adaptado y Mejor Montaje); ganando tres Oscar (Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion Adaptado). Sin duda hizo historia, todo un clásico.

2 comentarios:

  1. Buena critica.
    Por fin encuentro un texto en el cual no se habla de la supuesta relación homosexual entre los dos protagonistas. ¡ Que alivio !
    Es que hay cosas tan evidentes y sencillas como la amistad entre 2 hombres que la moda del momento no puede ver sin usar de clichés pesados.
    Claro ! si Dustin abraza el cuerpo de Voigth cuando esta en la escalera de la fiesta psichédélica es que son casi parejas ! Vaya atajos de una epoca cegada por los guetos ideologicos. Y si Dustin le hace de comer al cowboy es otra prueba más... El retrato de la relación entre estos dos hombres no deja lugar a duda. Se quieren. Si. Y mucho.Sea por necesidad o por lo que sea. Eso a mi me basta y me sobra y no veo la necesidad de ver un deseo ambiguo detras de esta relación amistosa realmente emocionante. A mi me gustaría morirme entre los brazos de un buen amigo, de una persona masculina con quien habría vivido cosas duras y bellas. Pero acostarme con el, buuaahh !
    Vaya tontería...

    Gracias otra vez.

    Laurent Dif.

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