domingo, 27 de marzo de 2011

CAPITULO 27: GENTLEMAN'S AGREEMENT - LA LUZ ES PARA TODOS (1947)





Un periodista se hace pasar por judí­o para lograr más información sobre el antisemitismo para un libro, durante seis semanas. Las reacciones de sus más allegados no se hacen esperar y son de distinto tipo, reflejando el film la sorpresa de algunas personas ante este hecho. El protagonista quiere escribir varios artí­culos sobre el tema y quiere experimentar en primera persona la problemática a la que está sometido el colectivo judí­o norteamericano en la época en la que se desarrolla el film.
El film plantea la difí­cil decisión de un periodista de integrarse en el colectivo judí­o y convivir con sus miembros, para conocer los motivos de la oleada antisemita existente después de la II Guerra Mundial. Fue en su dí­a un film valiente y audaz pues hasta ese momento nadie habí­a llevado al cine un tema tan espinoso. Es un film en la que la violencia no se basaba en los golpes al cuerpo, sino al alma, con insultos diarios y repulsas de todo tipo. También se muestra la nula reacción hacia ese injustificado racismo por parte de los que no están de acuerdo; no se mojan para evitarlo. Esto se ve por ejemplo en la escena en la que durante una cena, la protagonista por no montar un espectáculo ante el disgusto que siente después de haber oí­do una historia antisemita se calla, al igual que otros que la rodean que piensan como ella. “La Luz es para Todos” fue un gran éxito en su momento ganando el Oscar a mejor pelí­cula, mejor director y mejor actriz secundaria. También estuvo nominada a mejor actor protagonista, mejor actriz protagonista, mejor montaje y mejor guión adaptado. Protagonizada por Gregory Peck, Dorothy McGuire, John Garfield y Celeste Holm. Su director fue Elia Kazan. Es un film imprescindible para poder ver lo irracional que del odio sin sentido.



Aunque no carece de elementos atractivos, este es uno de los films menos interesantes de la notable trayectoria de Elia Kazan. O al menos una de las que no han resistido tan bien el paso del tiempo. Sin embargo, no se puede cuestionar el rigor formal de su puesta en escena, la claridad con que el cineasta conduce el relato y la habitual maestrí­a de su dirección de actores. Sin embargo, lo que en su época impactó a las audiencias e hizo reflexionar a toda una nación -la necesaria mirada al antisemitismo que el estadounidense no estaba dispuesto a reconocer aunque lo practicaba casi a diario-, hoy aparece algo avejentado. No porque dicho antisemitismo haya dejado de existir, sino porque el enfoque del guión del prestigioso Moss Hart es demasiado obvio, blando y didáctico, y sus buenas intenciones lo hacen caer en la ingenuidad y la simpleza, lo que incluso puede hacer que el espectador actual la juzgue como exagerada y superficial; por lo mismo Kazan no alcanza los niveles de agudeza, precisión e intensidad que sí­ alcanzó en clásicos como “Al Este del Paraiso”, “Nido de Ratas o “Esplendor en la hierba”, por nombrar algunos. De todos modos “La Luz es para todos” es válida como testimonio de la sociedad del Estados Unidos de posguerra, siempre dispuesta a cuestionar la doble moral e intolerancia de los demás pero reticente a admitir la propia: un presagio de la célebre Caza de Brujas en la que posteriormente se verí­a tristemente implicado el propio Kazan. Los actores están muy bien y son quizás la única razón de peso para darle una oportunidad a esta cinta: la habitual credibilidad y humanidad de Gregory Peck (como Philip Schuyler) en uno de sus tí­picos roles positivos, la presencia de John Garfield (como Dave Goldman), los sólidos desempeños secundarios de Celeste Holm (como Anne Dettrey) y Anne Revere (como Mrs. Green), y sobre todo la estupenda y habitualmente subvalorada Dorothy McGuire (como Kathy Lacey), conmovedora y creí­ble en su proceso interno, como queda demostrado en su diálogo junto a Garfield. Una gran actriz a la que no se recuerda lo suficiente.
“La Luz es para todos” es una de esos films que son especialmente deudoras de su época, y que vistas hoy en día, sin las circunstancias que las rodeaban en su momento, pierden algo de fuerza.
Si por algo es destacable y será recordada esta cinta es por ser una de los primeros films de Hollywood que se atrevió a denunciar el antisemitismo de forma directa. El protagonista es Philip Schuyler Green, un escritor que debe escribir un artículo sobre antisemitismo para una revista y que para huir de los tópicos habituales decide hacerse pasar por judío para vivir él mismo el tipo de discriminación que sufren. Paralelamente Philip conocerá a Kathy, una mujer de la que se enamorará pero cuya relación peligrará en más de un momento por su experimento.


En su momento “La Luz es para todos” fue el gran film polémico de la temporada, de hecho no fueron pocos los que aconsejaron tanto al productor Darryl Zanuck como al director Elia Kazan que abandonaran el proyecto (irónicamente, Zanuck debía ser de los pocos productores no judíos que había en Hollywood). El film además hacía mención explícita a tres antisemitas bastante conocidos en los Estados Unidos por entonces y atacaba no sólo a la gente que despreciaba abiertamente a los judíos sino a esa mayoría silenciosa que desaprueba el antisemitismo pero que luego no pone a la práctica sus creencias. Cabe reconocer la enorme valentía de todos los que se involucraron en este proyecto sabiendo que no era un tema especialmente agradable a tratar, aún cuando la opinión popular hacia el pueblo judío empezaba a cambiar tras descubrirse la masacre que perpetraron los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
El problema se encuentra en que “La Luz es para todos” nos muestra una historia que nos es conocida de sobras y que apenas se escapa de los tópicos que suelen abundar en este tipo de narraciones (por ejemplo, ¿hay alguien que no se imaginara desde el principio que el hijo de Philip acabaría siendo humillado por ser hijo de un judío?). El film cobra cierto interés al final, cuando empieza a tratar la ambigüedad de posicionamiento del personaje de Kathy, con el que muchos se sentirán dolorosamente identificados y es el tipo de personas a los que se quería atacar: a aquellos que dicen ser respetuosos con los judíos pero luego consienten que exista esa discriminación. Kathy es la clásica persona progresista que adora la idea de que su prometido lleve a cabo una empresa tan valiente, pero que aún así no quiere pagar con las consecuencias que eso acarrea, por ejemplo intenta que en su fiesta de presentación a sus amigos se sepa que no es judío realmente para evitar problemas. No es antisemita por eso, simplemente una persona que no quiere implicarse tanto en el problema hasta el punto de que le afecte en su vida privada.




En cierto momento Kathy dice una frase muy sincera y reveladora en mitad de una discusión que refleja una mentalidad que está más generalizada de lo que se quisiera reconocer, ella le espeta a Philip que está harta de sentirse culpable y que no puede evitar estar contenta de ser cristiana y no judía, del mismo modo que uno está contento de ser guapo y no feo, simplemente porque es la opción que ofrece menos problemas. Este tipo de diálogos sí que parecen bastante modernos para la época y totalmente vigentes hoy en día. Esa actitud antisemita también se nos muestra que está interiorizada inconscientemente tanto en los no judíos como en los propios judíos (la secretaria de Philip tiene objeciones a que se contrate a cierto tipo de judías como secretarias porque darían una mala imagen sobre las mujeres judías). En el inevitable momento en que Tommy, el hijo de Philip, es insultado por unos amigos, sale a la luz este aspecto cuando el niño dice que le han llamado “sucio judío” y Kathy no puede evitar responderle “No llores, tú no eres judío”. Inconscientemente Kathy ha consolado al niño no recriminando la actitud de sus agresores sino diciendo que él no es judío, como si eso fuera algo malo. Este tipo de detalles son lo que más interesa en el film o como cuando en un restaurante un borracho insulta a Dave por ser judío o cuando Philip va a un hotel discriminatorio y es expulsado amablemente.
El trabajo de dirección de Elia Kazan es bueno pero está muy lejos de sus mejores obras (de hecho ésta es una de sus primeras cintas) y al guión le falta fuerza, sobre todo en lo concerniente a las relaciones entre los personajes. Aún así, el film fue un éxito tremendo que se tradujo en tres premios de la Academia. Sin embargo aunque es de aplaudir la valentía de todos los que participaron en ella y pese a que el mensaje que transmitía era valiente y necesario, con el paso del tiempo “La Luz es para todos” no deja de ser más que una buen film que no habría pasado a la historia de no ser por el conflictivo tema que se atrevió a poner sobre la mesa.

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