jueves, 24 de marzo de 2011

CAPITULO 24: AN AMERICAN IN PARIS - SINFONIA DE PARIS (1951)





“Sinfonía de Paris” es, sin duda, uno de los mejores y más celebrados musicales de la historia del cine. No hay nadie que pueda ignorar, aunque no le gusten los musicales, el auténtico valor artístico de este film del género; hasta el gobierno de Francia, conocido por su duro criticismo para con aquellos films que osaran tocar el tema de su amada Ciudad Luz, convinieron que la costosa producción estaba excelentemente emplazada hasta el más mínimo detalle. Y aunque las tomas filmadas realmente en París eran muy pocas (las del comienzo), la ambientación lograda en los estudios de la Metro-Goldwyn-Mayer en California fue tan impactante que hasta el más ávido conocedor de la ciudad europea quedaría sorprendido. El vecindario parisino fue reproducido meticulosamente y ultimando cuidados, supervisado enteramente por Gene Kelly.
Durante todo el film se glorifica la alegría de vivir gloriosamente en esa ciudad, más aún después de los desastres ocasionados por la Segunda Guerra Mundial. Su carácter optimista la ubican en una de las cintas más taquilleras del Hollywood de posguerra, teniendo a París como su centro. “Sinfonía de Paris” es, realmente, un regalo para los oídos y los ojos, ya que todo su entorno está maravillosamente bien cuidado y cada movimiento llevado casi a la perfección. Los personajes no cantan ni bailan para vivir, sino que parecería que lo hacen como algo natural, como si fuera ésa su forma de vida.
Aunque la historia en sí es simple y todo indicaría que se trata de un film más de las que en los años ’50 abundaban en Hollywood (como sucedía con la mayoría de los musicales), el argumento y la puesta en escena funcionaron maravillosamente juntos, brindando resultados más que convincentes.



Kelly, que personalmente se encargó de la coreografía, protagoniza al yanqui Jerry Mulligan, quien decide instalarse en París con el objeto de estudiar pintura. Aunque no lograr triunfar ni destacarse en lo suyo, puede decirse que vive feliz en el pequeño desván de un viejo edificio en Montmartre. Comparte sus días junto a dos amigos, totalmente diferentes el uno del otro, y que inciden directamente en sus opiniones: Adam Cook (Oscar Levant), un pianista de café malhumorado y sarcástico que no hace otra cosa que tirarle a Kelly “mala suerte”, y Henri Baurel (Georges Guétary), un talentoso cantante que en cambio está siempre brindando optimismo a sus amigos. Los tres amigos tratan de diferentes maneras de salir adelante, y también de hallar en la romántica París el amor de sus vidas.
Baurel informa a sus amigos que ha conocido a una jovencísima bailarina que logró rescatar de los nazis durante la guerra, Lise Bouvier (Leslie Caron), a quien ama profundamente y con quien planea casarse ni bien pueda. Por su parte, Jerry comparte con ellos la novedad que, gracias a una exposición de sus pinturas, ha conocido a una adinerada viuda, Milo Roberts (Nina Foch), con la que aparentemente ha congraciado y que le ha comprado buena parte de sus obras, haciendo que sus ricas amistades procedan de igual manera. La mujer ha quedado prendada del joven pintor y planea abrirle un montón de puertas para que alcance el éxito. Jerry, inocentemente encandilado por su supuesta “suerte”, disfruta al máximo del radical cambio que su vida ha tenido.



Durante una noche de festejo, visita un club nocturno, donde conoce a una bella bailarina de la que se enamora...y que no es otra que Lise Bouvier. Ésta, en un principio, le aclara que está comprometida con un hombre y que no aceptará de ningún modo verse con él, pero más adelante cede a su corazón a decide darle al recién conocido la oportunidad de una nueva cita. El pintor no cabe en su alegría, y cree que el destino que le toca vivir no puede ser mejor. Y es en el segundo encuentro cuando la bailarina le confiesa a Jerry que el hombre con el que está comprometida es Baurel, su amigo. Aunque ya para ese entonces ambos han comprendido que se aman, los dos se ponen de acuerdo en no volver a verse, sacrificando así su propia felicidad a favor de la de un tercero, a quien respetan profundamente. Pero Jerry debe pagar un precio aún más amargo, ya que al rechazar firmemente la posibilidad de ser un “mantenido” de la adinerada Roberts, no sólo la pierde para siempre, sino que prácticamente cierra su acceso a una vida cómoda y a una serie de contactos más que convenientes para su carrera. Debido a toda esta situación, Jerry se siente descorazonado, y no encuentra una salida para su desdichada vida. Pero Baurel, que se ha puesto al tanto de todo lo que sucede, realiza un gesto más que noble para con su amada y su fiel amigo: dándose cuenta que Lise ama a Jerry y que es correspondida, renuncia a ella, posibilitándole a la pareja la chance de ser felices juntos.
Considerada un clásico entre clásicos, “Sinfonía de Paris” contó con la música del afamado George Gershwin, que brindó al film una frescura y un encanto raramente vistos en el género. Fue este film el que identificó a la MGM con los musicales de allí en más. Todas las canciones y los números de baile se complementan a la perfección con el argumento.
Uno de los números musicales más logrados e inolvidables que tiene a Gene Kelly como protagonista, es en la escena donde sale bailando con un grupo de chicos en las calles de París, intercalando sus famosos saltos acrobáticos y zapateos. Otra puesta en escena realmente deliciosa la comparten Kelly y Georges Guétary, donde ambos entonan canciones de amor para una mujer, sin darse cuenta de que se trata de la misma persona.
Sin embargo, la verdadera “impresionante” del film es un ambicioso, colorido e imaginativo número de baile de 17 minutos de duración ininterrumpidos, donde se reconstruyó magníficamente el Palacio de la Concordia, con un estilo francés realmente logrado, y cuya puesta en escena costó al estudio casi medio millón de dólares. Pero sin duda la inversión no tiene desperdicio, ya que la magia alcanzada por el momento y la ambientación es total.
Puede decirse que prácticamente todo en el film es soberbio, desde la cuidada dirección de Vincent Minnelli hasta la adecuada aplicación en espacio y tiempo de cada una de las 22 canciones de Gershwin utilizadas en el rodaje. Los números musicales de Kelly son, en verdad, espectaculares, y ponen en clara evidencia su genio como coreógrafo, y su gracia y distinción como bailarín y artista.
“Sinfonía de Paris” ganó justamente seis premios Oscar, recibiendo galardones como Mejor Película (productor: Arthur Freed), Mejor Argumento y Guión (Alan Jay Lerner), Mejor Fotografía en Color (Alfred Gilks y John Alton), Mejor Dirección Artística y Escenografía en Color (Cedric Gibbons y Preston Ames, y Edwin B. Willis y Keogh Gleason, respectivamente), Mejor Partitura de un Musical (John Green y Saul Chaplin) y Mejor Diseño de Vestuario en Color (Walter Plunkett, Irene Sharaff y Orry-Kelly). Aunque Minnelli fue también nominado como Mejor Director y Adrienne Fazan como responsable del rubro Mejor Edición, no ganaron el premio.



Ha sido poco habitual que la Academia le otorgue el Oscar® a la Mejor Película a un simple pasatiempo musical. Otra de las nominadas era del mismo estudio, la MGM, “Quo Vadis”. Pero sobre la base del verdadero mérito artístico de las nominadas, el premio debería haber sido para “Un tranvía llamado deseo” o para “Ambiciones que matan”. Es significativo que Minnelli no haya ganado como Mejor Director. En su lugar gano George Stevens por “Ambiciones que matan” que ya había ganado el mismo premio del Sindicato de Directores. Quizás los dos films dramáticos se dividieron el voto y resultó ganadora “Sinfonía de Paris”, pero la más sorprendida de todos fue la misma MGM. En un gesto poco habitual en el ambiente cinematográfico, al día siguiente sacaron un aviso en el diario del espectáculo, Variety, en que el león de la Metro mira su Oscar® con incredibilidad y dice: “Honestamente, yo estaba sentado al sol esperando un tranvía”. Hacía un juego de palabras con los dos títulos, ya que la traducción literal de “A Place in the Sun” es “Un lugar en el sol”.
Pero sin duda el más galardonado fue Gene Kelly, verdadero artífice del film en su totalidad. El actor fue distinguido con un Premio Especial de la Academia, en reconocimiento a su versatilidad como cantante, director y bailarín, y especialmente por sus brillantes logros en el arte de la coreografía del film. Además, también habría que otorgar a Kelly un merecido premio por su sagaz elección, ya que fue él quien eligió a Leslie Caron (de 19 años de edad) entre muchísimas bailarinas del Ballet de los Champs Elysees, y convirtió a esta maravillosa bailarina en una estrella de un día para otro.
Pero la mayoría de los críticos y el público en general ven su temática y su espléndido final como una maravillosa experiencia romántica, y muy satisfactoria. “Sinfonía de Paris” un musical tan brillante y maravilloso, considerada como una de las mejores producciones en la historia de Hollywood. Simplemente maravillosa mirándola desde lo profundo del corazón.

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