miércoles, 23 de marzo de 2011

CAPITULO 23: OLIVER! (1968)





En 1963 Oliver sería representado por primera vez en Broadway, en el Teatro Imperial el 6 de Enero de 1963, permaneciendo en cartel hasta el 14 de Noviembre de 1964, tras un total de 774 representaciones.  La obra de Broadway alcanzaría un total de diez nominaciones a los premios Tony, los principales premios del teatro americano, ganando un total de tres galardones, entre los que sobresale el de mejor composición musical para Lionel Bart. Su gran éxito teatral propiciaría su pronta adaptación al cine, en una producción británica que ganaría en 1969 el Oscar de Hollywood a la mejor película, junto a otros cinco premios más, que incluirían las estatuillas en las categorías de mejor director,  mejor sonido,  mejor dirección artística y  mejor banda sonora adaptada, además de un premio especial para la coreografía de Onna White. El film ganaría asimismo el Globo de Oro en la categoría de mejor película comedia/musical en 1969. 
“Oliver!” es una adaptación musical del clásico literario Oliver Twist dirigida por Carol Reed. Esta novela fue escrita por Charles Dickens en 1838. Es, sin lugar a dudas, la novela más conocida del escritor inglés. En ella Dickens nos ofrece un cuadro de la sociedad inglesa de la época victoriana y narra las aventuras y desventuras de Oliver, un pequeño huérfano, que pasa por mil y una penurias hasta que al final se ve realizado como persona.
Además de ser una versión musical, es al mismo tiempo la primera adaptación con fotografía en color. La adaptación musical fue realizada por Lionel Bart según su libreto para la escena teatral  y por Johnny Green. El rodaje del film comenzó el 23 de Junio de 1967 en los estudios Shepperton de Inglaterra y se extendió durante dieciséis semanas. La mayoría del equipo de producción era británico, aunque el film fue auspiciado por la productora americana Columbia Pictures. El film estaba producido por John Woolf, quien al frente de la productora británica Romulus Film, en los años cincuenta, había impulsado dos importantes films dirigidos por John  Huston, “La reina de África” (1951) y “Moulin Rouge” (1952).
La elección de Carol Reed como director del film fue criticada en un principio por cierto sector del mundo del cine. Nacido en 1906 en Londres, Carol Reed había alcanzado notoriedad en los años cuarenta como cineasta con dos películas importantes, “El ídolo caído” en 1948 y “El tercer hombre” en 1949, ambas según escritos de Graham Greene. Reed llegaría a rodar films de producción americana como “Trapecio” en 1956, una interesante historia protagonizada por Tony Curtis, Burt Lancaster y Gina Lollobrigida, que no alcanzó el éxito esperado. En 1967, la elección de Reed para dirigir “Oliver!” fue criticada ya que se consideraba que Reed era un director en declive que además nunca había dirigido un musical. El hecho de que Carol Reed situara a su sobrino Oliver Reed dentro del reparto del film, al asignarle el papel de Bill Sikes, también fue motivo de disputa con respecto a la elección del cineasta.
No obstante, entre los motivos que afianzaron la opción de Reed se encontraba la naturaleza británica del proyecto, ya que al ser un film rodado en Inglaterra, Reed era aún en ese momento uno de los directores británicos más prestigiosos. El hecho de que los anteriores films, “El tormento” y “el éxtasis”, en 1965, hubiese sido un éxito de taquilla, también ayudó a decidir la balanza a favor de Carol Reed. Sin duda, la elección de Carol Reed resultaría un acierto incuestionable, habida cuenta del éxito posterior del film. Precisamente, Carol Reed ganaría el Oscar al mejor director por este film, emulando así a George Cukor, quien en 1965, con “My Fair Lady”, era otro de los grandes y veteranos directores que alcanzaría la estatuilla merced a la dirección de un musical en la gran pantalla.



En el reparto del film, Ron Moody fue el único actor que repitió protagonismo en el film respecto al original escénico, después de que Peter Sellers y Peter O´Toole fueran desestimados para el papel. El personaje de Oliver fue interpretado por el pequeño Mark Lester, el de su amigo, Pequeño Dodger, por Jack Wild, el del rufián Bill Sikes fue encarnado por el sobrino del director, Oliver Reed, y el de la protagonista femenina, Nancy, lo interpretaría la actriz y cantante británica Shanni Wallis, habitual del West End londinense, aunque nunca antes había representado el musical Oliver sobre la escena.
La brillantez del reparto queda manifestada por el hecho de que tanto Ron Moody como Jack Wild fueron nominados al Oscar en las categorías de intérprete principal y secundario, respectivamente. Ninguno de los dos resultaría vencedor en su categoría, aunque Ron Moody fue premiado con el Globo de Oro al mejor actor de comedia/musical y ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cine de Moscú en 1969, por su brillantísima interpretación de Fagin.
El film de “Oliver!” fue escrito por Vernon Harris, según el libreto musical de Lionel Bart y la obra original de Charles Dickens. El film se diferencia en algunos aspectos respecto a la obra escénica, así por ejemplo, el papel del magistrado borrachín interpretado por Hugh Griffith (actor premiado por el Oscar como secundario en 1960 por el film “Ben-Hur”), fue añadido expresamente para el film. De igual forma, el personaje de Bill Sikes aparece antes en el film que en la obra escénica, y se suprimió una canción interpretada por este personaje, titulada, My name, que se introdujo, no obstante, como música incidental, para identificar al personaje de Reed cuando aparece en imagen. Finalmente, se resalta, igualmente, que la escena del atraco de la casa, donde el personaje de Sikes usa al pequeño Oliver  para robar, fue incluida en el film directamente desde la novela de Dickens, ya que dicha escena no aparecía en la obra teatral.


De entre todas las canciones y fragmentos musicales que aparecen en el film, se destaca los más interesantes, con sus respectivos elementos a reseñar:
Obertura: El film se inicia con un breve fragmento musical, previo a los títulos de crédito, que sirven para situar al espectador en el cine antes de la proyección. Actúa a modo de presentación sonora del film y solía ser habitual no sólo en los musicales sino también en los grandes films épicos.
Títulos de crédito: La partitura de los títulos de crédito de “Oliver!” destaca por dos cuestiones: la primera, es que en dicha partitura se nos adelantan fragmentos de algunas de las canciones posteriores del film; en segundo lugar, porque los créditos aparecen ilustrados con dibujos originales de la época en la que se ambienta el film.
Food glorious food: La primera canción del film, que destaca porque narrativamente nos sitúa ante la situación desesperada de los huérfanos, con la podredumbre y el hambre que los asolaba. Oliver: Canción inmediatamente posterior a Food glorious food, donde se nos presenta al personaje de Oliver más específicamente.
Where is love?: Canción interpretada en solitario por Oliver, cuando queda encerrado en el sótano por decisión de sus padres adoptivos. Oliver se pregunta a sí mismo, dónde está el amor, si esa vida ruin y carente de humanidad es la que le espera.
Consider Yourself: Una de las canciones emblemáticas del film, supone el encuentro entre Oliver y el Pequeño Dodger a la llegada de Oliver a Londres. La canción es una canción de bienvenida a la ciudad y de introducción a lo que será el posterior mundo de los secuaces de Fagin. Destaca el uso del plano general en esta secuencia y la extraordinaria ambientación. Este número musical supone una presentación de la vida de Londres: Aparecen desde carniceros, repartidores de periódicos, deshonilladores o lavanderas, todos los estratos sociales reflejados en este fantástico número musical que finaliza con un virtuoso plano general en picado con toda la figuración de la calle bailando al unísono.
Pick a pocket or two: Primer número musical interpretado por Ron Moody como Fagin, donde el personaje del ladrón avaro, acompañado por su equipo de ladronzuelos, escenifica para Oliver cómo realizar el robo de las carteras y pañuelos de los “descuidados” viandantes. Supone un ejemplo del carácter de Oliver como musical puro, ya que la música, las canciones y la coreografía nos muestran una acción y una parte del argumento.
Who will buy?: Este número musical aparece en la segunda mitad del film, y es uno de los más destacados de la cinta. Se inicia con una vendedora de flores que, al amanecer, inicia su recorrido por una de las calles residenciales del Londres más pudiente. Poco a poco, la llegada del nuevo día inunda la calle, que comienza a llenarse de vida y color, con los diferentes personajes que van apareciendo en escena, como otras vendedoras o carros de caballos que comienzan a transitar por la calle. Se trata de un número fundamentalmente coreográfico, y donde de nuevo, como en el anterior Consider yourself, podemos visionar una recreación extraordinaria de los ambientes y estratos sociales de la época, puestos frente al espectador a golpe de música y baile.
Reviewing the situation: Número musical interpretado con inusitada maestría por Ron Moody. En él, Fagin explicita sus pensamientos respecto a lo que ocurrirá con él respecto al devenir que los acontecimientos de la historia están tomando. Es otra muestra más de la cinta como musical puro, los pensamientos del personaje nos son mostrados a través de la letra de una canción. Se destaca, que esta canción reaparecerá al final del film, en su penúltimo plano, cuando Fagin, huyendo, reencuentre al Pequeño Dodger en un callejón de Londres. La imagen final de ambos personajes bailando y cantando una variación de la letra de Reviewing the situation, con una luz crepuscular en el decorado, es una imagen imborrable de este maravilloso film.
Om Pah Pah: Canción que en la cantina, al final del film, provoca el personaje de Nancy para propiciar que Oliver salga de ese lugar, lejos de Fagin y Sikes, y se dirija hacia el puente de Londres para escapar hacia su libertad final. Es un número coreográfico que de nuevo demuestra el valor del film como musical total, ya que se sirve de una escena musical para justificar una acción narrativa y hacer avanzar significativamente la trama de la historia.



Se destaca la magistral recreación de los ambientes que presenta el film, fruto de la maestría en los decorados de Jonh Box y Terence Marsh, ambos ganadores del Oscar en su categoría. Un film rodado en estudio y que recrea fidedignamente las calles del Londres decimonónico sin que en ningún momento los decorados “canten” o sean inadecuados. De igual forma, resalta la genial fotografía en color de Oswald Morris, nominada al Oscar pero no premiada, con un uso de la luz proverbial, y no sólo de la luz, sino de las sombras y los claroscuros, así podemos destacar la iluminación tenebrista de secuencias como la del atraco de la casa por Sikes y Oliver, la persecución final a Sikes por los tejados durante la noche o la escena, igualmente nocturna, en la cantina. Oswald Morris, sería justamente premiado en 1972 con el Oscar  a la mejor fotografía en color por otro musical magistral, concretamente, por “El violinista en el tejado”, de Norman Jewison.
La dirección de Carol Reed es igualmente inspirada y completa el cúmulo de virtudes de este film inolvidable. Así, además del equilibrio narrativo que desprende toda la historia, responsabilidad sin duda alguna del director cinematográfico, que dota de armonía en la puesta en escena a todos los elementos técnicos ya mencionados que confluyen en el film, el talento de Reed asoma en detalles como la presentación del personaje de Fagin, con un leve travelling que nos acerca al personaje mientras aparece de entre una leve humareda que proviene de unas salchichas que cocina o la brillante planificación y montaje de todo el film, fruto asimismo de la sabiduría como narrador de Carol Reed.
Sin lugar a dudas, “Oliver” pervive hoy día como un musical clásico, un film ejemplar que se disfruta a cada minuto gracias a la belleza de sus imágenes, a sus magníficas coreografías, a sus pegadizas canciones, realmente hermosas, y a sus vibrantes interpretaciones. Un film que gana puntos con los años, y, una auténtica obra maestra cinematográfica. “Oliver!” es mucho más que un musical, es una cinta mágica, una gran film para disfrutar una y otra vez y por siempre. Podemos decir que “Oliver!” es el último gran musical que ha dado el cine, superior incluso a “Cabaret” (1972). En definitiva, se trata de todo un clásico que le atrapará irremediablemente en sus redes. Magistral.

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