domingo, 20 de marzo de 2011

CAPITULO 20: YOU CAN'T TAKE IT WITH YOU - TOMALO O DEJALO (1938)




Martin Vanderhof (Lionel Barrymore) fue un día un ambicioso hombre de negocios. Un día cogió el ascensor que le llevaba a su oficina y en el trayecto se planteó que no era feliz con esa vida, así que ordenó al ascensorista que le bajara para no volver nunca más a su empresa y dedicarse a hacer cosas que realmente le hicieran feliz. Así, el hogar Sycamore se convirtió en un maravilloso templo a la despreocupación y la satisfacción personal. Nadie tiene que preocuparse de nada más que de hacer lo que le gusta, cualquier necesidad se cubre con los pequeños ingresos que generan sus tareas (fabricar fuegos artificiales, inventar juguetes, cocinar galletas, catalogar sellos,etc.) o bien de lo que obtienen de los múltiples amigos que comulgan con su filosofía vital: ¡cualquiera que entra en la casa es invitado a cenar o incluso a vivir!
Anthony P. Kirby (Edward Arnold) es un poderoso ejecutivo que está a punto de culminar el negocio del siglo a costa de arrasar un pequeño barrio de viviendas entre las que  se encuentra el hogar Sycamore. Pero casualmente, su hijo Tony (James Stewart) es el pretendiente de la nieta de Mr.Vanderhof; Alice Sycamore (Jean Arthur). El duelo Vanderhof-Kirby es uno de los tantos enfrentamientos entre valores humanos y materiales con que Frank Capra nos obsequió en muchos films (a veces incluso con estos mismos actores). Pero en este caso la cinta es especial porque para cuando llega el momento en que Kirby ve en el consejo de Vanderhof el único camino hacia una mínima felicidad y somos conscientes de que éste ha aprendido la lección, el camino hacia su redención es simplemente la despreocupación y el librepensamiento que predican los Sycamore.




La felicidad según Frank Capra pasa por a) hacer lo que te gusta b) tener muchos amigos y c) despreocuparse de todo lo demás, pero Capra le añade un detalle insuperable: Esos personajes tienen una voluntad férrea de seguir adelante con su estilo de vida, son conscientes de la dificultad de dar el paso que te lleve al cambio de vida y no están dispuestos a volver a pasar por ello. La voluntad e integridad en sus principios que despliega Vanderhof a lo largo del metraje es simplemente arrebatadora: No se trata simplemente de la épica resistencia al acoso inmobiliario, detalles como la hilarante escena donde un cobrador de impuestos se ve incapaz de rebatir sus ingeniosos argumentos acerca de porque no paga impuestos o la famosa escena donde nuestro hombre le hace ver a Kirby quien es más miserable, refuerzan aún más a un personaje irrepetible.
Sabemos que los films de Frank Capra siempre encierran un mensaje: quien es fiel a los valores humanos para siempre encontrará la felicidad, pero quien antepone sus intereses acabará teniendo que cambiar su paradigma si no quiere ser desgraciado a partir de cierto momento en su vida. Los detalles de la dirección de Frank Capra se respiran en cada minuto de la cinta, nunca un reparto coral fue tan infalible (cada uno de los personajes resultan hallazgos increíbles), el ritmo es absolutamente irresistible, y todo en la cinta es sencillamente perfecto. Tómalo o Déjalo” se llevo el Oscar a la mejor película y al mejor director de siete nominaciones. Un gran film que trata de romper con los prejuicios sociales y en la que una vez más Frank Capra defiende los valores la clase social media, dando una lección magistral sobre la familia y el uso de la libertad.



No obstante el film recarga en demasía las constantes temáticas abordadas, probablemente porque Robert Riskin (habitual colaborador en los guiones de Capra) tuvo que reescribir en varias ocasiones esta adaptación de la obra teatral de George F. Kaufman y Moss Hart.
Aun así, el relato mantiene un buen ritmo, el dibujo de los personajes, algunos realmente excéntricos, resulta excelente y algunas situaciones son memorables, en especial la primera visita de Anthony P. Kirby (Edward Arnold) y Mrs. Anthony P. Kirby (Mary Forbes) al hogar de los pintorescos y divertidos parientes de Alice Sycamore (Jean Arthur).
Los colosales Edward Arnold y Lionel Barrymore bordan sus papeles enfrentados, y el ramillete de secundarios otorga credibilidad y cuerpo a unos personajes de singular naturaleza, en especial un genial Mischa Auer, divertidísimo en el papel de profesor de música ruso Kolenkhov. Junto a Mischa Auer no podemos olvidar a magníficos interpretes como Spring Byington (la madre de Jean Arthur), Samuel S. Hinds (el padre), Donald Meek (el fabricante de mascaras), Ann Miller (la bailarina), Halliwell Hobbes (el ayudante de Hinds), Eddie “Rochester” Anderson (el cocinero) o Dub Taylor (el interprete del xilófono).

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