viernes, 18 de marzo de 2011

CAPITULO 18: DANCES WITH WOLVES - DANZA CON LOBOS (1990)





La primera incursión en el mundo de la dirección de Kevin Costner consiguió convencer tanto a la crítica como al público, y constituye hoy en día uno de los títulos más conocidos del cine reciente, eso que algunos llaman un clásico moderno. Cine taquillero con vocación de autor, western con aires clásicos pero con un evidente sabor nuevo, “Danza con Lobos” debe ser entendido sobre todo como una obra que ha sabido conectar con un público profano y especialista, y que además aporta una reflexión profunda sobre el exterminio de los pueblos indígenas de Norteamérica.
El teniente John Dunbar se convierte en un héroe accidentalmente al conducir a una importante victoria a las tropas de la Unión durante la Guerra Civil americana. Hastiado por la rutina violenta en el frente, Dunbar solicita ser destinado a un puesto en la frontera oeste. Pronto se da cuenta de que no está solo y conoce a su nueva mascota, el lobo al que llama dos albos, así como a una tribu sioux cercana. Poco a poco Dunbar se irá introduciendo en la vida del grupo, y estrechará los lazos con  una mujer blanca que ha sido criada por la tribu. El respeto mutuo se convierte en la base de la convivencia de Dunbar con toda la tribu, pero el ejército avanza y John tendrá que tomar una decisión que no sólo le afectará a él, sino a las vidas de los nativos.



Fue en el rodaje de Stacy’s Knights donde el productor y realizador Jim Wilson, el novelista y guionista Michael Blake y el actor Kevin Costner coincidieron, hacia 1981. En ese momento Blake les habló de una idea que tenía en la cabeza, una historia de un hombre blanco y su intento de aproximación al hábitat de los sioux para convivir con ellos, en el contexto de las guerras raciales que hacia 1860 tuvieron lugar en las praderas del medio Oeste americano. Costner animó al autor a que escribiera su relato, y el resultado fue la novela homónima publicada por Blake en el año 1988.  El proyecto cinematográfico se fue posponiendo hasta que el propio Costner decidió implicarse y ponerse a la cabeza del mismo, compatibilizando por primera vez en su carrera las labores de dirección, producción e interpretación. Era ante toda una historia que le motivaba y a la que en cierto modo se sentía particularmente vinculado pues su abuelo era indio. Pero sobre todo le parecía que era una oportunidad única para mostrar la otra cara de la moneda, hacer un western que se saliese de las convenciones y se acercara con sinceridad a la verdad de los hechos. Su implicación en la producción y en la realización respondía a su intento de poder controlar el resultado y poder eludir en una pequeña parte el severo control que siempre ejerce la productora. De hecho Costner tenía muy claro que había tres requisitos que la United International Pictures tenía que cumplir: primero, libertad en la duración; segundo, fidelidad histórica, aunque implicase la inclusión de matices críticos; y por último, que no fuese doblada la lengua lakota en las conversaciones entre los sioux, sino que fuese subtitulada. Costner aportó dos de los dieciocho millones del presupuesto, y sus exigencias fueron respetadas.



Costner quería componer un fresco fiel del pueblo indio, retratando con la mayor verosimilitud posible sus costumbres, su lengua y su particular cosmovisión. Para conseguirlo, estudió con minuciosidad los grabados y fotografías de la época, intentando captar cada detalle de los trajes, los peinados, las viviendas y útiles. Los sioux eran la nación de mayor renombre de las tribus del Norte, y gracias a los testimonios sabemos que los modos y costumbres que aparecen en el film se corresponden con la realidad: la construcción de campamentos temporales, siempre cercanos a arroyos, la peculiar disposición de las tiendas en ellos, el sistema de relaciones dentro de la comunidad, la asignación de roles en aras al beneficio común. Muchos historiadores sin embargo echaron en falta una mayor profundización, pues el guión evitaba los aspectos menos gratos para el espectador, como las supersticiones, ritos, las intestinas luchas jerárquicas. Independientemente de estas consideraciones, la cinta era muy veraz. Según  declaraciones de Costner, se trataba en realidad a su juicio de una obligación como cineasta de penetrar en un mundo y hacerlo con la mayor honestidad. En sus palabras, quería contar la formación de su país pero no como si de una lección de Historia se tratase, sino más bien como una historia comunicativa no de la conquista del Oeste sino de la pérdida del Oeste. En realidad su particular épica de la perdida no era algo del todo nuevo y Costner con su proyecto se enganchaba a una sutil trama de directores que desde los años cincuenta habían intentado ver el mundo del Oeste con otros ojos. Con “Danza con Lobos” parecía como si de repente Costner subvirtiera  los mandamientos del género de los géneros, el western, y alzase por primera vez un grito a favor de los eternos malos, encumbrados a la altura de héroes en su film. Pero en realidad Costner  estaba tomando el testigo de numerosos directores que no comulgaron con los tópicos del género e intentaron acercarse más de cerca a la verdad. Fue sobre todo la inteligente compaña publicitaria la que hizo aparecer al film como una ráfaga de aire nuevo, e intentó dotarla por todos los medios de un aire de universalidad y contemporaneidad para eliminar las posibles connotaciones de ranciedad historicista. Sin perder de vista esta inteligente operación de marketing, es indudable que Costner, pese a no crear su película de la nada, pese no ser un pionero total, consiguió muchos méritos y sin duda su film consiguió aportar muchas cosas al género. Su mayor logro fue conseguir conectar con un público joven par el que el western no era más que una referencia lejana y anquilosada, y conseguir construir un retrato coral en el que los personajes se caracterizaban por su espesor moral.
En muchos western la trama se sustenta sobre un doble itinerario que cumple el héroe, al que a menudo se le ofrece una segunda oportunidad para purgar sus errores del pasado. Es este el caso de Dunbar en “Danza con Lobos”, quién se siente del todo insatisfecho con su vida como teniente del ejército americano. Es el suyo sobre todo un malestar moral que lo lleva a intentar suicidarse, un total desacuerdo con el horror bélico y con los métodos destructivos que está aplicando el ejército. Paradójicamente al intentar suicidarse y sobrevivir al tiroteo del ejército enemigo, Dunbar es reconocido con todos los honores como militar valeroso. Pero Dunbar reniega y se adentra en su segundo itinerario, el que le lleva a las  tierras de la frontera en busca de paz y de una reconciliación con el mundo y con la vida. Inicia así su segundo periplo, en busca de su esencia humana primigenia, su verdadero viaje épico.


Costner declaró en más de una ocasión que se sentía mucho más cercano al cine de John Ford que al de vanguardia. Quería aportar una visión nueva permaneciendo en el marco de la tradición. “Danza con Lobos” respeta los esquemas dramáticos de la épica tradicional: Kevin Costner, como todos sabemos, narra el doble viaje de un héroe. Pero desde el punto de vista técnico, el film es deudor del cine de su tiempo. Costner se decanta por la planificación corta y sintética, por el montaje fragmentado al máximo, por el uso en ocasiones de recursos distorsionadores como el ralentí o el teleobjetivo. Todos estos rasgos se acentúan en las escenas de acción, por ejemplo en la matanza o en las batallas, con utilización de planos cortos, que hacen que sobre la visión del conjunto prime el detalle. Sin embargo en las escenas de transición narrativa deleita al espectador con hermosos planos generales.  En realidad Costner desde el principio concibió que el alma mater del proyecto era el guión más que la forma. A esto se le unía el hecho de que Costner no era director, era actor, y se movía más por intuición. Carente de sólidos criterios de realización, pero sin duda influido por los directores con los que llevaba rodando desde hacía una década (De Palma, Kasdan, Donaldson) Costner optó por el estilo cinematográfico propio del Hollywood de los años ochenta, sin vocación de autor. Muy pocos le reprocharon algunos errores, como su incapacidad para emplear la elipsis y reducir de este modo el metraje, o la sensación de estancamiento producida por algunas escenas. Pero en realidad su tiempo lento hizo que el film adquiriese en algunos momentos un tono contemplativo y permitió el desarrollo pleno de sus personajes, evitando de este modo la vacuidad de las escenas de acción. Gracias a su ritmo pausado el film rozaba momentos de lirismo, y en este sentido la banda sonora jugaba un papel clave, pues las notas melancólicas eran el perfecto complemento al desarrollo interior de Dunbar.


Pese a la férrea voluntad de Costner de tener absoluta libertad, finalmente el metraje original no fue respetado. Realizo un montaje que superaba las cinco horas, pero al final el film fue recortado hasta llegar a 180 minutos. En 1992 Costner llevó a cabo un nuevo montaje de algo menos de cuatro horas, un término medio entre su voluntad inicial y el primer montaje que se exhibió en las salas. Aunque la cinta costó 18 millones de dolares, no fue un presupuesto desorbitado  si lo comparamos con el de otras producciones del momento. Por ejemplo, “El Padrino 3” costó 55 millones de dolares, “Robin Hood, Principe de Los Ladrones”  48 millones de dolares, “Refugio para el Amor” 26 millones de dolares. Kevin Costner no quiso contar con un especialista para las escenas de riesgo, pues quería alcanzar la mayor autenticidad posible.  El equipo rodó en Dakota del sur durante cuatro meses. Este emplazamiento fue elegido porque es en este estado donde existe la mayor comunidad de indios de todo el país en la actualidad. Además en Dakota es también donde se conservan la mayor parte de los búfalos tras las matanzas del siglo pasado. Para la escena de la cacería fueron empleados 3.500 búfalos.
“Danza con Lobos” fue candidata a 12 nominaciones al Oscar en la Edición de 1991, (Mejor Película-Mejor actor-Mejor Director-Mejor actor de reparto-Mejor Guión adaptado-Mejor actriz de reparto-Mejor Fotografía-Mejor Dirección Artística-Mejor Banda Sonora Original-Mejor Vestuario-Mejor Montaje-Mejor Sonido) ganando 7 estatuillas (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guion Adaptado, Mejor Fotografía, Mejor Montaje, Mejor Sonido y Mejor Banda Sonora Original.

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