jueves, 17 de marzo de 2011

CAPITULO 17: THE LORD OF THE RINGS: THE FELLOWSHIP OF THE RING - EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO (2001)




Impresionante epopeya y conmovedora historia. Fantástica y a la vez con un tratamiento realista. Fiel a la letra y al espíritu del texto literario, se trata de un ejercicio de imaginación y saber hacer cinematográfico. Eran muchas las dudas y suspicacias con que se esperaba el estreno de la primera parte de “El Señor de los Anillos”, precedida por un largo rodaje de la saga completa y unas cifras escalofriantes, por una promoción excepcional y, sobre todo, por la envergadura y la fama de la obra de John Ronald Ruelen Tolkien. Pero no sólo no ha defraudado, sino que ha entusiasmado a todos, a los fans y a quienes desconocían la trilogía.
La puesta en escena no se aleja del mundo imaginario que cada uno se había forjado: la Comarca y sus hobbits descalzos y de vida rutinaria; elfos elegantes y señoriales, y orcos torpes y malvados siempre en grupo, como sendas encarnaciones de los más altos y bajos ideales; hombres como Aragorn o Boromir, valerosos y débiles a la vez; magos misteriosos y todopoderosos, que libran una batalla paralela que se pierde en tiempos remotos. El film recrea con maestría esas razas de Tierra Media, y también sus parajes tan dispares: de la tranquilidad de la Comarca nos adentramos en las cavernas de Saruman, respiramos la armonía de Rivendel o viajamos a través de las minas de Moria. El ritmo del film va intercalando momentos de lucha y tensión ante el peligro de los caballeros oscuros, de los orcos o del troll, con otros de paz y armonía, de belleza y amistad entre los miembros de la Compañía, oxigenando así al espectador. Durante tres horas atravesamos los territorios de Tierra Media, acompañando a Frodo, como si fueramos otro Gandalf que le ayudase a llevar a cabo su misión: llevar el Anillo Único a Mordor para destruirlo en el mismo lugar en que se fundió, y evitar que Saruman, Sauron, Gollum o cualquiera de los mortales se hagan con él.
En los años 60 y 70 se habló mucho del trasfondo que Tolkien había querido dar a la historia: si tenía un espíritu cristiano o si respondía a los aires mágico-fantásticos propios de las leyendas nórdicas. Lo que sí parece claro es que se abordan realidades humanas con gran profundidad y sensibilidad, eternas en el tiempo y en el espacio: la lucha por hacer el bien y no ser arrastrado por el mal, la ambición de poder y el egoísmo, la capacidad de sacrificio o de lealtad, los ideales por los que luchar o la degradación de los seres más sublimes, la misión de cada uno en la vida o cómo aprovechar el tiempo que a cada uno le ha tocado vivir. Detrás de todo hay una rica antropología, positiva y optimista, a la vez que un análisis esperanzador de nuestro mundo y nuestra sociedad. El escritor inglés más de una vez dijo que lo que a la gente le interesaban eran "historias humanas", y eso es lo que él escribió.




Que Tolkien fuese un católico consecuente, que en su libro se refleje una moral y unas virtudes cristianas, eso es otro asunto; algunos echan en falta referencias más explícitas al respecto -personajes que recen o una simbología religiosa más clara-, pero no se trataba de eso. Todos sabemos que Frodo ha sido el elegido para una misión que le supera y para la que no está preparado: no es más que un personaje ordinario, sin historia y sin cualidades; todo eso no es necesario, porque basta el corazón y la fidelidad, la responsabilidad y la conciencia generosa para afrontar los peligros que le esperan. Tolkien no escribió la obra pensando en una moraleja, aunque en su revisión reconoció que se le había "escapado" un planteamiento ante la vida en el que todos podíamos y deberíamos ser un poco héroes, y asumir nuestra misión sacrificándonos por las demás "razas" de Tierra Media. Hoy todo esto resulta muy actual, y tendríamos que hablar de solidaridad, tolerancia y libertad. Esa coherencia en el guión hace que todos los personajes aparezcan bien caracterizados y formando parte de un universo cerrado, completo y armónico.
“El Señor de los Anillos” ha sido, desde el momento de su concepción, un ambicioso y faraónico proyecto que corría el riesgo de desmoronarse como un inestable castillo de naipes sobre Peter Jackson. Por suerte, el realizador neozelandés ha sabido desarrollar este relato con mano firme y soberbia maestría, convirtiéndolo en un colosal espectáculo épico sin precedentes. La Comunidad del Anillo”, en su condición de monumental, no se limita a exhibir la verdad estética de su atractivo tratamiento visual, sino que además posee una inquebrantable consistencia corpórea, algo inusitado en otras mayúsculas producciones del género.
Tras una breve introducción en la que una voz en off ubica al espectador en el tiempo y el espacio, se suceden sin descanso peleas, persecuciones, sorpresas, aventuras, viajes, misterios por descubrir. Ritmo trepidante que no te deja ni respirar y la deslumbrante belleza de unas imágenes, ya sean paisajes naturales o escenarios digitales, que acompañan a la grandiosidad de esta historia. Amor, humor, magia, traición, duelo, codicia; conducidos con un equilibrio casi perfecto sin apenas disminuir la intensidad narrativa. Una cinta apasionante, que cautiva y sobresalta, capaz de disparar tus niveles de adrenalina y mantenerlos en la cumbre más allá de su conclusión. Resulta imprescindible elogiar el brillante trabajo del equipo artístico, desde los responsables de los fastuosos efectos digitales hasta los de aquellos aspectos más artesanales realizados con celoso esmero y gran detallismo. Puesta en escena, diseño de personajes, vestuarios y decorados, fotografía y sonido en armónica comunión.
A ello se suma un espléndido reparto que sabe transmitir la fuerza dramática de unos personajes que, aunque hijos del fantástico, resultan sumamente cercanos y accesibles, aspecto descuidado a menudo en otros films de tamaña envergadura, por lo que resulta doblemente meritorio. En general, la mayor parte de actores realizan un trabajo notable que consigue efectivas cuotas de empatía, sin embargo la labor de algunos merece ser destacada por encima del resto. Ian McKellen como Gandalf ofrece otra de las magistrales lecciones interpretativas a las que nos tienen acostumbrados. Elijah Wood no sólo soporta con gran dignidad su protagonismo en el difícil papel del hobbit Frodo, sino que aborda su ejecución de manera excepcional. Ver a ambos en las escenas que propician este mano a mano intergeneracional es un auténtico deleite. Viggo Mortensen como el oscuro y fiel Aragorn, Sean Bean como el atormentado Boromir o Ian Holm como Bilbo, también deben ser mencionados.




"El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo" comienza con una larga introducción en la que se nos explicaba cómo se forjaron los anillos y cuál era su cometido. Se acorta acertadamente en el filme el pasaje que explica las desventuras de Bilbo Bolsón en "El Hobbit", pues sería demasiado tedioso para el espectador no iniciado el recibir tanta información de golpe. Rápidamente nos trasladamos a La Comarca, lugar en el que viven los apacibles hobbits. La visualización de su forma de vida es todo un acierto, siendo esta parte la más festiva y alegre de todo el film. Esta introducción es crucial para que el espectador se introduzca en la historia. Si acepta el desafío, si cree en este mundo de fantasía, se dejará cautivar por el film. Si no, está perdido. Entre tanto color comienzan a asomarse las primeras sombras de la historia; Bilbo conversa con Gandalf sobre el anillo, manifestándose con crudeza la dependencia del hobbit con tan preciado objeto. Sin embargo, sabe que ha de ser otro el portador de su tesoro... Frodo, que había deseado partir algún día de su hogar para conocer otras tierras, observa con temor cómo la posesión del anillo de Bilbo sólo le causa problemas.
Alentado por Gandalf, huye de La Comarca con sus amigos, sabedor de que Sauron desea recuperar lo que es suyo. Perseguidos por los Espectros (cuya primera aparición es impactante), los hobbits no pueden evitar encontrarse en su camino con tan maléficos seres (atención a cómo la cámara se acerca a Frodo mientras el viento hace su aparición). Las sombras que cubren desde este momento la narración de la historia llenan al espectador de ansiedad. Cualquier otro hubiera preferido suavizar su dureza, pero Peter Jackson sólo nos presenta leves oasis de tranquilidad en Rivendel (lugar al que llegan algunos de los protagonistas tras una agobiante persecución por parte de las huestes de Sauron). Y aun allí, las disensiones entre razas se hacen presentes, pues todos tienen opiniones diversas sobre qué hacer con el anillo.
No esEl Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo” una película de acción continua; sus mejores momentos se hallan precisamente en las situaciones de relativa calma y tranquilidad. Atención, por ejemplo, a la conversación de Elrond con Gandalf (el anillo no puede permanecer en Rivendel, pues Sauron lo buscará, destruyendo con ello a los elfos), o a los primeros deseos que muestra Boromir de controlar el poder del anillo.


No obstante, el verdadero plato fuerte de la cinta, aparte de las apariciones de Saruman (ver el instante en que el mago intenta destruir a la compañía en las montañas nevadas), se halla en la siniestra mina de Moria, donde la fotografía se vuelve fría, transmitiendo al espectador la necesaria oscuridad de un lugar únicamente habitado por la maldad. La acción se sucede aquí sin tregua, acompañada por momentos de auténtico terror (no obstante, quizás se podría haber abusado más de los efectos sonoros para indicar la llegada de los enemigos). El enfrentamiento con los orcos y un troll es realmente espectacular, al igual que la posterior y desigual lucha con el demonio de luz. Lo que no convence es la presencia de Galadriel, pues se esperaba a alguien mucho más majestuosa, pero Peter Jackson prefirio recalcar su lado oscuro. En todo caso, es un buen síntoma de la diabólica influencia del anillo, que incluso puede afectar a los seres más poderosos.
La parte final es fabulosa. La intensidad se apodera de la pantalla sin necesidad de grandes fuegos de artificio; basta sólo contemplar el dramático desarrollo de los acontecimientos para que uno sienta la desesperanza en su interior. Aunque Peter Jackson se salto fragmentos importantes de la novela o simplifico otros, hay que reconocer que ha sabido contentar a todos los seguidores de esta magna obra literaria. Bien es cierto que su realización a veces abusa de los movimientos de cámara frenéticos o de la cámara lenta, habiendo deseado al respecto que las imágenes discurrieran con un estilo más clásico, pero hay que reconocer que logra con ello momentos ciertamente espectaculares (el troll en Moria).
También es un acierto que los orcos no sean criaturas por ordenador, ya que las batallas permiten exhibir una necesaria crueldad. Por último, reseñar el talento de Peter Jackson a la hora de mostrar los instantes en los que Frodo introduce el anillo en sus dedos, haciéndose invisible con ello a ojos de los demás. Son escenas que sorprenden gratamente, pues se alejan por completo de los cánones establecidos por la habitual comercialidad de Hollywood.



Hablando de los efectos especiales, hay que reseñar que su eficacia es indiscutible, aunque tampoco suponen una mejora con lo que ya conocemos. Admirable la perfecta integración de hobbits y enanos con el resto de seres que los superan en tamaño, pero también sorprende al comprobar que hay secuencias en las que se nota que todo (hasta los protagonistas) está hecho por ordenador.
En definitiva, “La Comunidad del Anillo” de Peter Jackson llega a donde no pudieron llegar ni Burton con sus simios, ni Lucas con su fantasmal amenaza, ni Spielberg con sus androides, ni Columbus con su hijo Potter. El film fue galardonado con 4 premios Oscar en la edición de los Premios de la Academia del 2002, de un total de 13 nominaciones. Estos premios fueron otorgados en las categorías de Mejor fotografía, Mejor banda sonora, Mejor efectos visuales y Mejor maquillaje. Las otras categorías en las cuales estuvo nominada fueron: Mejor Película, Mejor director, Mejor actor de reparto, Mejor guión adaptado, Mejor Dirección artística, Mejor sonido, Mejor canción original, Mejor vestuario y Mejor montaje.

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