miércoles, 16 de marzo de 2011

CAPITULO 16: ON THE WATERFRONT - NIDO DE RATAS (1954)




Nueva York. Charley Malloy, uno de los más implacables capitostes de la banda de matones que controla el sindicato de estibadores, utiliza a su hermano Terry para que atraiga hacia una trampa mortal a un estibador poco dispuesto a cooperar. Edie, la hermana de éste, y el Padre Barry están decididos a llevar ante la justicia a los responsables del asesinato. Obedeciendo las órdenes de su hermano, Terry se dedica a espiarles, pero en una de las reuniones a las que asiste, se siente atraí­do por Edie, que le pedirá su ayuda. Cuando un posible testigo muere en un “accidente”, Terry se decide a revelar a Edie su culpa, y hace caso omiso de su hermano cuando éste le pide que no se convierta en un soplón. Charley es asesinado por no haber conseguido convencerle de que permaneciera en silencio y Terry testifica contra la banda. Al dí­a siguiente, es brutalmente agredido en los muelles, pero sobrevive y conduce a los trabajadores de vuelta al trabajo. Con 12 Nominaciones al Oscar y ganadora de 8 Estatuillas: mejor pelí­cula, mejor director (Elia Kazan), mejor actor (Marlon Brando), mejor actriz secundaria (Eva Marie Saint), mejor guión, mejor fotografí­a, mejor dirección artí­stica y mejor montaje.
Aunque Elia Kazan siempre afirmó que la idea de proyecto de esta obra era anterior al fatí­dico proceso de la Caza de brujas, lo cierto es que su difí­cil situación en dicho proceso actuó de percutor a la hora de acometer este proyecto, lleno de simbolismos y conceptos filosóficos.
Todos sin embargo, crí­ticos y público, coinciden en señalarla como una gran obra cinematográfica, al margen de la odiosa y ventajosa comparación metafórica que Elia Kazan usó en beneficio propio a la hora de comparar el perseguido bando izquierdista o comunista de los EE.UU. con los mafiosos del muelle de Nueva York.
Rodada en blanco y negro por la cámara del fotógrafo Boris Kaufman, prestigioso y reputado colaborador de Jean Vigo, el proyecto surgió del interés que el propio Elia Kazan focalizó en las mafias existentes en aquella época en los muelles de Nueva York y Nueva Jersey.
De hecho fueron los artí­culos de Malcolm Johnson basados en hechos reales y titulados “Crime on the Waterfront” lo que indujo a Elia Kazan a encargar un proyecto literario consistente que sirviera de inspiración y sustento a una obra cinematográfica posterior y suya. Fue primero Arthur Miller el encomendado dado su anterior trato y coleguismo primero en las filas del partido comunista y después en los rondós literarios con cooperaciones como “Muerte de un viajante” del propio Arthur Miller.



Una cinta brillante que corrobora y justifica cada uno de sus ocho premios Oscar, es así como el sentido metafórico que Elia Kazan utiliza para justificar su delación a izquierdistas en el proceso denominado “la caza de brujas”, la fuerza de este film radica en la exposición contundente de una historia donde el miedo a los poderosos a veces cambia la forma de pensar y relacionarse de las personas.
El terrorismo como forma de amedrentar a gente pobre está perfectamente retratado, al igual que el aprovechamiento inmoral por parte de quienes más tienen de las necesidades humanas de quienes menos recursos poseen debido a una época de miserias y crisis. En ello tenemos a Terry Malloy magní­ficamente interpretado por un Marlon Brando muy expresivo, un ex boxeador que está inmerso en ese sistema corrupto debido al terror que impone el crimen organizado. Lo que más agrada es esa transformación y redención de su ideologí­a, el atreverse a poder cuestionar y desafiar al poder, siempre influenciado por ese personaje magní­fico como es el sacerdote (Karl Malden) del lugar, quien hace ver que todos son responsables y tienen el poder de evitar las calamidades que ocurren en ese muelle de Nueva York y de revertir la situación de tremenda injusticia y explotación social.
Una cinta que nos demuestra que siempre se puede hacer algo a pesar de tener todas las de perder, la cuestión es jugarse por un ideal, no dejarse manipular en sus convicciones por el miedo a las repercusiones o por comodidad de hacer falso amiguismo de quienes ostentan el poder impunemente.
La actitud de Elia Kazan durante la “caza de brujas” del senador Mc Carthy fue sencillamente canallesca, pero aun aceptando la teorí­a de que Kazan rodó “Nido de Ratas” como una justificación a su conducta delatora, el film emerge como la obra maestra de su autor y como uno de los mejores de la década de los cincuenta.
Film duro, de una tensión dramática implacable, sin embargo no renuncia a momentos bellí­simos de un lirismo arrebatador. A caballo entre el film de denuncia y el melodrama social, “Nido de Ratas” retrata con crudeza los bajos fondos de los muelles de Nueva York y el control que sobre los mismos tení­an los sindicatos del crimen, pero por encima de todo nos habla de seres humanos, perdedores que buscan su redención y un lugar bajo el sol. El Terry Malloy de Marlon Brando y la Eddie Doyle de Eva Marie Saint son dos seres que intentan sobrevivir al desarraigo, al fracaso, y a la desesperación. Como alguien dijo “su amor nace de dos soledades compartidas que crece en un medio hostil”, y que camina hacia la toma de conciencia de él y al perdón, a través del amor, de ella. Elia Kazan con su magistral dirección nos ofrece un extraordinario film que se sustenta en la fuerza de la historia, basada en un hecho real, en un excelente guión, y en una extraordinaria dirección de actores, todos ellos maravillosos, recompensada con nominaciones a los Oscar para Lee J. Coob, Rod Steiger y Karl Malden, y con la estatuilla para Eva Marie Saint (actriz secundaria) -en su brillante debut en el cine- y para Marlon Brando (actor principal) como justo premio a la que probablemente sea la mejor interpretación que jamás ningún actor ha plasmado en una pantalla de cine. La sublime secuencia de Marlon Brando hablando con su hermano (Rod Steiger) en el coche, o algunas de las secuencias pudorosamente intimistas entre Marlon Brando y Eva Marie Saint en las que el actor alcanza niveles insuperables son suficiente argumento para corroborar tal afirmación. La brillante fotografí­a en blanco y negro de B. Kaufmann y la espléndida partitura de Leonard Bernstein, colaboran a hacer de Nido de Ratas” una obra maestra incontestable del cine. Un clásico a reivindicar, para ver sin prejuicios previos.
“Nido de Ratas” es uno de los films con mayor carga narrativa del director Elia Kazan, que en esta ocasión nos muestra de forma magistral la vida extrema en los muelles de Nueva York en la década de los 50. Sin lugar a dudas, lo mejor del film es la memorable interpretación de Marlon Brando, una de las mejores de su carrera cinematográfica, pues borda el papel de perdedor perdido inmerso en un mundo autoritario donde la ley del silencio es el mandamiento supremo al que respetar incluso con la propia vida. El actor interpreta su papel de forma tan magistral que la bofetada de realidad que aporta al espectador es altí­sima: Un boxeador retirado obligado por las duras circunstancias de su vida personal, un pelele al que todos tienen la potestad de dominar y un botones al servicio de la mafia dictatorial de los muelles, pero que muestra con valentí­a y humanidad una evolución interior digna de las mejores personas presagiando un gran cambio global en su papel y en los del resto de personajes, así­ como en su mentalidad y condición humana en esa sociedad tan particular. Todo ello rodado en unos escenarios increí­bles (brumas matinales, barcos y buques anclados, edificios sucios, calles oscuras y húmedas…), excelente fotografí­a y banda sonora, además de sobresalientes interpretaciones de los secundarios (especialmente la de Lee J. Cobb). Un maravilloso film que solamente pudo nacer y ser posible gracias a la unión de uno de los mejores trabajos cinematográficos de director y actor protagonista en sus respectivas trayectorias.



Marlon Brando es una gran lección sobre cine, pero sobre todo, es una gran lección de actuación. Definitivamente Marlon Brando está espectacular, sencillamente soberbio (en un actor ya soberbio de por sí­); una naturalidad estremecedora, y la vez una fuerza y un creerse a su personaje tremendos. Especial debilidad siento también por Karl Malden como el padre Barry (sus arengas a los trabajadores son dignas de un lí­der mediático), por Lee J. Cobb (actor polifacético donde los haya, y que consigue construir a un personaje aterrador y patético al mismo tiempo) y por Rod Steiger y su potente diálogo final con Marlon Brando.
Por otra parte, el guión es puro granito, sólido al cien por cien. La evolución del personaje de Marlon Brando, cómo pasa de ser amigo de los extorsionadores a acérrimo enemigo está perfectamente descrita y nada se deja al azar. El romance de este film, lejos de ser una concesión al público, es la bomba final que inclina al protagonista al bien. El planteamiento de personajes, todos ligados por una maraña de alianzas y puñaladas traperas (los extorsionadores ayudan al protagonista en todo momento, pero también son ellos los culpables de que no sea un gran boxeador) hace que las elecciones morales de los personajes nunca estén claras y dependan de muchos factores, involucrando así­ al espectador a tomar partido acerca de las decisiones que ven tomarse. Como Anécdota interesante tenemos, que este film surge como justificación moral de los actos del propio director, Elia Kazan, durante la caza de brujas.



Nos encontramos ante un gran film, que sorprende de principio a fin. Elia Kazan dirige esta excepcional producción y le da fluidez y ritmo a la historia, a la vez que, de la mano de unas grandí­simas actuaciones, logra lanzar a un puñado de personajes hacia la inmortalidad. Sobresale en dos aspectos muy importantes: el guión y las interpretaciones. Aquí­ son perfectos el uno y las otras. A la hora de adaptar a la pantalla una novela o un relato, es una grandí­sima ventaja contar con el escritor original para confeccionar el guión (“El padrino” es el caso más claro). Muy buen trabajo, pues, de Budd Schulberg; no sólo brinda la base para que los actores brillen, sino que logra sacar mucho jugo a un argumento que, a priori, no se presenta tan prometedor.
¿Qué se podrá decir aquí­ de Marlon Brando que no se haya dicho ya? ¿Nos encontramos ante el mejor actor de la historia del cine? Muy probablemente sí­, y su participación en esta cinta justifica en gran medida el tópico. Simplemente magní­fico, si bien debe considerarse que cuenta con un reparto que le acompaña de forma excelente y con un guión que le permite explayarse en su personaje y llevarlo adelante con brillantez. Destaca Lee J. Cobb en el papel de Johnny Friendly, y también, como siempre, Karl Malden. Pero lo que más habrí­a que destacar de las actuaciones no es su valor individual, sino la increí­ble quí­mica que se desprende entre los intérpretes, sobre todo en las parejas Brando-Steiger (que estuvo fantástico en el rol de Charley Malloy) y también Brando-Marie Saint (en un debut para el recuerdo).


Además, Elia Kazan tuvo la habilidad o la fortuna de incluir una escena que es estéticamente perfecta. Estamos hablando, por supuesto, de la del viaje en taxi de Terry Malloy con su hermano y del alucinante diálogo que se lleva a cabo dentro del coche. Resultó ser, al final, la escena emblema del film y una de las más famosas de la historia.
Al margen quedan los motivos que tuvo el director para justificar las acusaciones a una comisión del crimen, motivos personales que no deben, influir a la hora de calificar y criticar la cinta. Magní­fica música, a cargo nada menos que de Leonard Bernstein.
Tal vez parezca exagerado el entregar 8 Oscar a este gran film, aunque, si se analizan las categorí­as en las que los obtuvo, no se puede decir que haya sido injusto alguno de ellos. Marlon Brando se alza con su primer Oscar al Mejor Actor, y Eve Marie Saint con el de Mejor Actriz de Reparto. El resto (Pelí­cula, Director, Guión, Dirección Artí­stica, Fotografí­a y Montaje) obedece al acierto del guionista y a la sapiencia de Elia Kazan para plasmar la historia en el celuloide.

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