domingo, 13 de marzo de 2011

CAPITULO 13: RAIDERS OF THE LOST ARK - LOS CAZADORES DEL ARCA PERDIDA (1981)





“Los Cazadores del Arca Perdida” es algo más que un film, es un milagro. Una de esas obras de arte en las que todos sus elementos se complementan a la perfección, producto de la mente de un director, y un creador, y sus ganas por contar con enorme pasión historias antiguas llenas de aventuras que de niño les hicieron soñar. George Lucas ya había creado a Indiana Jones allá por 1977, y cuando su buen amigo Steven Spielberg le confesó que le apetecía mucho rodar un film al estilo de James Bond, George Lucas le salió con un arqueólogo que recorría el mundo buscando tesoros y metiéndose en mil y un peligros, basado todo ellos en los seriales que el director de “Star Wars” veía de niño.
Steven Spielberg siempre pensó en Harrison Ford desde un principio, pero George Lucas no quería que éste se convirtiese en su Robert De Niro particular, haciendo referencia a la relación profesional que por aquel entonces tenían Scorsese y el citado actor, la verdad es que “Los Cazadores del Arca Perdida” está llena de referencias y chistes privados, bebiendo de todo tipo de fuentes, y consiguiendo al mismo tiempo tener una entidad propia que pocos films alcanzan, tener un universo único y reconocible, y con sus propias reglas.



Steven Spielberg venía de tener su primer gran fracaso, tanto de público como de crítica, con su injustamente atacada “1941”, en la que se había gastado una enorme cantidad de dinero. Pero seguía siendo el director de dos de los films más taquilleros de la historia, “Tiburón” y “Encuentros cercanos del Tercer Tipo”, por lo que no tuvo ningún problema para convencer a la Paramount con este proyecto que prometía devolver en todo su esplendor el olvidado cine de aventuras de los años 30 y 40. Y eso es algo que se respira por los cuatro costados en este film. El personaje de Indiana Jones tiene algo del personaje de Humphrey Bogart en “El Tesoro de la Sierra Madre”, el personaje de Marion recuerda a esas viejas heroínas al estilo de Carole Lombard, el personaje que interpreta Ronald Lacey tiene su inspiración en Peter Lorre, y todo el film tiene un aire al estilo de los metrajes de Michael Curtiz.
El film comienza con el mismo esquema que un film de la saga Bond, con una aventura a punto de acabar, y de la que el personaje central sale airoso aunque no sin grandes problemas que sortear. A partir de ahí, y con una más que concisa presentación de Indiana Jones dando clases en la Unversidad, escena en la que Spielberg homenajeó a Eastwood calcando punto por punto una escena de “Licencia Para Matar” (curiosamente por realizar este film, Eastwood declinó interpretar “Tiburón”, en el papel que luego haría Roy Scheider), en definitiva el film no ofrece respiro al espectador, del Nepal al Cairo y de ahí a una isla en la que tiene lugar el clímax del film. Al más puro estilo Bond, se viaja por todo el mundo, sin que el ritmo decaiga ni un sólo instante.
A ello contribuye un guión absolutamente perfecto, de uno de los mejores guionistas que ha dado el Holywood de los últimos 30 años: Lawrence Kasdan, y que curiosamente ya había participado en la escritura de ‘El Imperio Contraataca’, su primer guión para el cine. La labor de Kasdan es encomiable por cuanto condensa a la perfección, y con un envidiable sentido del equilibrio, los múltiples elementos de una historia en apariencia sencilla (aventuras, amor, humor…), pero que va más allá del simple relato aventurero. Por supuesto, Spielberg lo filma todo con una puesta en escena de las que hacen historia, y ayudado por la labor de Michael Kahn en el montaje, consigue el milagro. Dotar de entidad propia un film que sobrepasaría todos los límites conocidos, conjugando una vez más, y como es habitual en su director, comercialidad y calidad en perfecta comunión. Amenizado, como no, con una de las bandas sonoras más reconocidas de todas cuantas se hayan hecho, y sobre la que no hace falta decir absolutamente nada, pues un nombre llega para decirlo todo: John Williams.



Pensar hoy día en que otro actor que no fuera Harrison Ford, pudiera hacerse con el personaje, es algo que nos resulta difícil de aceptar. Ford está perfecto, y le da un toque de ironía a Jones que le queda estupendamente. Todo un reto para un actor que venía de dar vida al mítico Han Solo, personaje demasiado parecido al del arqueólogo, pero del que logra apartarse, haciéndolo tal vez más humano, con una mezcla de elegancia y simpática, más un sombrero y un látigo, por supuesto. A su lado, Karen Allen, daba vida a una heroína muy particular, un personaje femenino con fuerza, y que se compenetra a la perfección con Ford (impagable su encuentro/reencuentro). Paul Freeman como el arqueólogo francés Bellocq, un villano de altura para nuestro héroe, y por supuesto, los nazis como los verdaderos malvados de la historia, ambientada en 1936.
Es curioso como los elementos sobrenaturales se entremezclan con todo lo demás. Toda la explosión final de efectos visuales, en la que vemos representada, por así decirlo, la Ira de Dios, nos es convenientemente presentada con anterioridad en un par de escenas, una crucial, en la que Jones explica qué es el Arca de la Alianza, y más adelante, y en boca de varios personajes, la advertencia de que es algo con lo que no se debería jugar, algo que no pertenece a este mundo. Lo justo y necesario para que el final sea de lo más coherente, y a la vez fascinante, encerrando consigo más secretos de los que nos han sido desvelados. Y ésa es también una de las múltiples razones de su éxito, el haber elegido algo conocido por todos, y al mismo tiempo sobre lo que no sabemos nada, pues no conocemos dónde termina la historia y dónde la leyenda. Por supuesto, la trama contiene connotaciones religiosas, de interés para un buen número de espectadores, y que le confieren al film un marcado aire de misterio que tiene enganchado al público en todo momento. Y más loable es el haberlo enmarcado todo con un espíritu de serie B bien palpable, al estilo de las viejas películas de la República.


Fue nominada a nueve premios Óscar, de los cuales ganó cuatro, además de un reconocimiento especial a Ben Burtt y Richard L. Anderson por la edición de sonido. Algunas otras de sus premiaciones —24 en total— fueron un Grammy, un BAFTA y cinco Saturn. En el proceso, Spielberg estuvo nominado al Globo de oro por mejor dirección.
En 1981, un servidor tenía 11 años cuando la disfrutó en una sala de cine y se quedó completamente fascinado. Por hoy “Los Cazadores del Arca Perdida” no sólo ha aguantado el paso del tiempo sin perder ni un ápice, si no que es mejor de lo que era entonces, y con ello Steven Spielberg aún nos sigue devolviendo la verdadera magia del cine, la de hacernos soñar más allá de la pantalla, olvidándonos de todo lo demás. Da igual las veces que se vea, la emoción sigue viva en cada nuevo visionado, y no morirá nunca. Uno de los últimos grandes clásicos. Una obra maestra.

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