viernes, 11 de marzo de 2011

CAPITULO 11: REBECCA (1940)




Una joven (Joan Fontaine) contrae matrimonio con un aristócrata (Laurence Olivier), pero su nueva vida en la mansión de su marido, Menderley, no va a resultar nada placentera para la recién casada. El recuerdo de su primera esposa Rebeca, fallecida en trágicas y poco claras circunstancias, marca el desarrollo de todas las relaciones que la joven establece en su hogar.
Al poco tiempo de perder a su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim De Winter conoce en Montecarlo a una joven humilde, dama de compañí­a de una señora americana. Poco después, De Winter y la joven se casan, y ambos van a la mansión inglesa de Manderley, residencia habitual de De Winter. Pronto la señora Winter se da cuenta de que no puede borrar en su marido el recuerdo de su difunta esposa.
“Rebeca” supone el primer trabajo de Alfred Hitchcock fuera de su Inglaterra natal y, para empezar, lo hace con una auténtica obra de arte que fue premiada con los Oscar a la Mejor Pelí­cula de 1940 y la Mejor Fotografí­a (George Barnes) en la edición de 1941.
El film fue producida por el prestigioso David O. Selznick y se basó en la novela de Daphne du Maurier. Las interpretaciones son una auténtica demostración de calidad artí­stica por parte de todos los participantes. El film supone, además, la utilización de numerosas técnicas cinematográficas del gusto del genio británico, como la utilización del flash back como herramienta narrativa. El film posee también una magní­fica consecución de la atmósfera lúgubre que la narración requerí­a y una captación perfecta de las expresiones de los personajes, gracias a una utilización adecuada de los planos en todo momento.



El film, narrado en forma de “flash-back”, cuenta la historia de una joven tí­mida y poco experimentada (Joan Fontaine), que ejerce como dama de compañí­a de una rica norteamericana de viaje por Europa. En Montecarlo, conoce a un rico viudo, Maxim de Winter, cuando este parece estar a punto de lanzarse por un acantilado para poner fin a su vida. Tras una breve y extraña relación, finalmente de Winter pide a la chica que se case con él. Cuando la joven acepta, regresan a Manderley, la enorme y fantasmal residencia familiar de Maxim en Cornualles. La nueva Sra. de Winter es acogida con frialdad por la ama de llaves, la Sra. Danvers, una mujer espectral que estaba muy unida con la anterior Sra. de Winter (la Rebeca que da tí­tulo al film). Poco a poco la recién llegada se va dando cuenta de que el recuerdo de la fallecida está aún presente en la casa y en la memoria de todos las que la conocieron, y empieza a sentirse fuera de lugar, incapaz de luchar contra el peso de un fantasma con la que todo el mundo la acaba comparando de forma inevitable. Su esposo es el primero en no querer hablar de Rebeca, y la información que obtiene por unos y por otros es confusa e inquietante.


Primer film de Hitchcock en Hollywood, a donde acudió contratado por el excéntrico y megalómano productor de “Lo que el viento se llevó” David O. Selznick quien, una vez abandonado el proyecto de rodar con Hitchcock un film sobre el hundimiento del Titanic, propuso al director la adaptación de un popular “best seller” de Daphne du Marier, que incluí­a varios de los elementos de intriga que habí­an hecho famoso al realizador británico y cuyos derechos curiosamente ya habí­a intentado comprar el propio Hitchcock dos años atrás. Pese a todo Selznick hizo incapié en la fidelidad de la adaptación del original, ya que según su punto de vista el público se enfadaba si se cambiaba una coma de la novela, viéndose así­ reducida la capacidad de maniobra del director. Es por ello que algunos, incluso el propio director, no consideran “Rebeca” como un film cien por cien Hitchcock, aunque su aportación resulta patente y se sitúa, más que al nivel de la historia, en el terreno narrativo y en el tratamiento visual. El uso de los planos, el juego de luces y sombras, y la introducción de la música para dar relevancia a determinados aspectos y personajes por encima de otros son propiamente hitchcockianos.



La elección de los actores, especialmente la de Judith Anderson para interpretar a la siniestra y fantasmal Señora Danvers y la de Joan Fontaine para dar vida a la cándida Señora de Winter (por llamarla de alguna manera, ya que su personaje no tiene nombre conocido), fue otro de los aciertos que dio lugar a este magní­fico drama romántico con elementos de terror en un entorno gótico. Una buena historia, una acertada recreación y una magní­fica ambientación que hacen de “Rebeca” un clásico indiscutible del cine en el que el suspenso y la atención del espectador están absolutamente garantizados y como dato curioso decir que cuando años después alguien le preguntaba a Hitchcock sobre la célebre Daphne Du Marier, él aseguraba no conocerla (en una muestra de su particular sentido del humor).

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